Gastronomía

Turrón con apellidos en Castellón

En el interior provincial se asientan desde hace más de cien años empresas familiares que elaboran turrones en Cabanes, Catí, Benlloch o Atezeneta

Trabajadores en el proceso de elaboración del turrón

Proceso de producción del turrón.

Los efectos de las campaña de marketing nos inducen a hacernos un mapa mental del turrón que nos lleva imaginariamente a Jijona, cuna de la elaboración de este producto. Sin embargo, la provincia de Castellón también ha contribuido a confeccionar una parte importante de la historia de este producto marcadamente navideño. Una visita a la provincia puede hacerse a través de una ruta por las comarcas en que se elabora este dulce. Cabanes, Benlloch, Atzeneta o Catí son paradas obligadas para conocer más a fondo las bondades culinarias de un turrón con apellidos.

De forma simultánea podríamos observar un paisaje marcado por los almendros que en su época de floración ofrecen a la vista un colorido espectacular y, además, generan un fruto apreciado en el sector por su calidad, la almendra marcona. Un tipo de almendra que les une a las cuatro empresas turroneras del interior castellonense y que les da una buena reputación en los mercados nacionales y foráneos.

Espacios abiertos de las comarcas del Maestrat o la Plana Alta con terrenos dedicados al cultivo del almendro, ingrediente base para la elaboración del turrón, han creado una cultura agraria. Esa tradición convertida en oficio creado en torno a la repostería como forma de subsistencia ha devenido, tiempo después, en la puesta en marcha de un negocio familiar que alcanza y supera, en algunos casos, el siglo de actividad y contribuye a dinamizar la economía comarcal de la mano de la creación de empleo.

Una ruta turronera, amparada por la marca Castelló Ruta del Sabor, podríamos iniciarla en Cabanes, a poca distancia de su Arco Romano,  en las instalaciones de Artesana de Turrones S.A., la más joven de las empresas del sector, creada en 1978. Allí podemos familiarizarnos con todo  el proceso de cultivo y elaboración del turrón en una ruta a través de las distintas salas de un espacio museístico que recorrían con normalidad, antes de la pandemia, desde grupos de la tercera edad a escolares.

La marca que elabora los turrones San Luis nació en Cabanes en 1978, dándole al turrón una personalidad propia, con un nombre regio, puesto que está inspirado en la figura del Rey San Luis IX, al cual se le atribuye uno de los reinados más ejemplares y completos de la historia, con valores fuertemente arraigados a la justicia e igualdad entre las diferentes clases sociales, fama que le llevó a ser Santo.

Benlloch podría ser la segunda parada de este recorrido. Allí tiene su sede Turrones Agut,  empresa familiar creada en 1915 y que hoy  gestionan los hermanos José Manuel y María José Agut, tras heredarla de sus padres. Ellos han impulsado mejoras que sin olvidar la tradición suponen innovaciones. La marca Agut es  conocida en la provincia por su presencia en ferias agroalimentarias. Algo que, precisamente este año, no han podido hacer por las restricciones sanitarias. Restricciones que también han afectado a su producción al verse obligados a cerrar sus instalaciones entre marzo y octubre, como apuntan.

Caminando más hacia el interior llegaremos a Atzeneta, en la ruta hacia el mítico Penyagolosa. En este municipio echó a andar en 1872 la más antigua de las empresas turroneras de la provincia, Turrones Barberá, fundada por Ramón Barberá, que sigue gestionando la familia de la mano de José Barberá. Una gestión fiel a sus raíces, en la que predomina la elaboración artesanal del turrón y el empleo de productos de calidad, de los que se generan en la comarca.

El secreto de esta empresa que está a punto de superar los 150 años de actividad, lo resume su gerente José Barberá, “es utilizar siempre productos de primera calidad como la almendra marcona de nuestra propia cosecha”. Una filosofía que hunde sus raíces en el siglo XIX.

Y una cuarta parada en este caminar por las comarcas del interior castellonense en las que se siguen elaborando turrones artesanos nos llevaría a Catí. Allí tiene su sede la fábrica de Blasco de Catí, cuyos orígenes se remontan a 1915 y que tiene a Juan José Blasco como artesano turronero, reconocido con el sello del Centro Artesanía Comunitat Valenciana, en un negocio que ahora regenta su mujer, Aurelia Puig, y que ya va por la quinta generación. Esa vinculación de la firma a la familia es uno de los distintivos de la empresa que mantiene fórmulas de elaboración tradicionales como la miel y la almendra marcona como ingredientes principales.

Como han venido haciendo desde sus orígenes, las empresas turroneras castellonenses cuyo legado se pasan de generación en generación, sortearán las dificultades de un año, el 2020, en la que su campaña ha estado marcada por las restricciones emanadas de las normativas tendentes a garantizar la seguridad sanitaria de la población implicada en atajar la pandemia de la Covid 19. Un imprevisto que trastocó las previsiones y ritmo de trabajo de productores y empresarios del sector.


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