Las empresas afinan balances de cara al cierre del año

Las empresas afinan balances de cara al cierre del año

El director financiero asume un papel relevante a final del año, sobre todo, de cara a la planificación de 2021. Esa fotografía será uno de los elementos de mayor análisis de cara a las negociaciones futuras para el estudio del rating, asignación de riesgos o futuras operaciones financieras. Hablamos con diferentes expertos que aportan claves e instrumentos para mostrar “la mejor cara” de la empresa.

Lo habitual es que el cierre de ejercicio de los estados financieros de una empresa se produzca con el año natural, por lo que muchas compañías ya se preparan para esa “foto” fija a cierre de ejercicio estatutario “que no deja de ser francamente valiosa” explica Antonio Rodríguez, miembro de la junta de gobierno del Colegio de Economistas de Alicante. “Aunque se ha avanzado mucho en cuanto a reporting financiero, donde los cierres interinos a lo largo del año y otro tipo de información ganan relevancia, no por ello pierde importancia la “foto” de final de ejercicio que debe mostrar la imagen fiel de una compañía”, coincide con Rodríguez, José Luis Riera, CFO de Gedesco.

Poner el foco

Básicamente cuando hablamos de estados financieros, se hace alusión principalmente al balance y a la cuenta de pérdidas y ganancias o cuenta de resultados de una compañía. Esta refleja la evolución en cuanto a ingresos y gastos y en cuanto a márgenes, y es fácilmente utilizada para comparar y listar qué compañías son más o menos eficientes en un determinado negocio, opina Riera.


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Por ello, considera Roxana Leotescu, responsable del área Financiera-Corporate de GB Consultores que se deben ajustar las variables de balance con el fin de que el mismo muestre una situación correcta tanto en términos de riesgo –a través de la medición de su ratio de endeudamiento– como en términos de garantías –a través de su ratio de solvencia–. Todo ello, sin dejar de lado el control de las NOF (Necesidades Operativas de Fondos) donde el CFO se ha de focalizar en definir qué importe de stock, cliente y proveedor ha de figurar a cierre del ejercicio, evitando que se evidencien cambios significativos en las políticas de control de gestión mantenidas.

“El valor añadido del CFO residirá en suavizar y controlar que la inversión total –activo– tenga un comportamiento correcto y acorde a la tendencia de la cuenta de resultados. Este mes es idóneo para hacer cualquier planteamiento de balance: pagos anticipados, apelaciones/reposiciones de las líneas de circulante, negociaciones con clientes, deterioros y liquidaciones de stock…; con el fin de mantener el equilibrio financiero de la compañía”, evidencia el director general de GB Consultores, Gonzalo Boronat.

En la misma línea, Riera considera “importante” mostrar “cierta capacidad de endeudamiento a futuro”, de forma que la compañía, a medida que la situación se estabilice y el crecimiento regrese, pueda apoyar su crecimiento con endeudamiento adicional. “Es clave no mostrar una imagen de saturación, si no, de cierta lejanía respecto al techo de apalancamiento”.

“Aún hay sitio para más”

¿Por qué esa necesidad de endeudamiento adicional cuando llegue la recuperación? “Un crecimiento en las ventas, manteniendo todos los demás términos y condiciones del negocio constantes, implica tener que financiar mayores saldos de clientes. Poniendo por ejemplo que una empresa cobre a 60 días, tiene que incrementar la capacidad de financiar a sus clientes. En la medida que se refleja en el activo, el pasivo también debe crecer, es decir, el endeudamiento de la empresa, para poder apoyar ese incremento en ventas; de ahí la necesidad de mostrar al cierre de ejercicio que la empresa puede permitirse más endeudamiento”, subraya Riera.

El indicador del ebitda

Al poner el acento en el endeudamiento financiero, explica el CFO de Gedesco, que el análisis se realiza en términos de ebitda, del excedente o valor añadido que es capaz de generar un negocio en función de las veces que está apalancado en términos de deuda financiera. “Si tenemos un ebitda de 5 M y 10 M de deuda financiera, estaremos dos veces ebitda apalancados”, ejemplifica.

Añade que ese nivel de deuda bruta, la empresa lo puede reducir restándole la caja, la tesorería que muestre el balance al final del ejercicio. “Un estándar aceptado, siguiendo el ejemplo, sería deducir de esos 10 M, 2 M que tenemos en caja, con lo cual el endeudamiento se reduce a 8 M y en ese caso tendríamos un apalancamiento de 1.6 veces ebitda. Por tanto, todas las gestiones enfocadas a maximizar la situación de tesorería –la caja de cierre– son positivas porque van en la dirección de reducir el ratio de endeudamiento”, indica José Luis Riera.

¿Hasta cuántas veces ebitda es aconsejable situar ese apalancamiento? Coinciden los expertos en que es algo que depende del sector y del tamaño de la empresa. “Por ejemplo, el sector energético cuya evolución del negocio está altamente regulada y por tanto, es altamente predecible tanto en ebitda como en flujos de caja, tendrá una capacidad de endeudamiento muy superior en términos de ebitda a la de un sector sin apenas predictibilidad en sus flujos”.


Puedes leer la entrevista completa en la REVISTA ECONOMÍA 3

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