Teletrabajo y doble presencialidad tras la pandemia

Embajador de Transformación Digital
Universidad CEU CH
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Estos meses en los que la COVID-19 está afectando a España de manera singular, hemos ido adoptando unos cambios en nuestras costumbres que pensamos que solo se deben a la pandemia, pero que ya estaban entre nosotros de forma más sutil y que este periodo ha acelerado con una idea clara. La forma en que nos relacionamos, comunicamos y trabajamos cambió de manera radical con el confinamiento del mes de marzo, y esos cambios están aquí para quedarse.

En muchas culturas, besarse como saludo es una costumbre normal. Veíamos que nuestra forma de saludar era más cercana y cariñosa sin pararnos a pensar en temas de higiene. Si avanzamos hacia la forma en que nos comunicamos, buscamos el contacto personal, una distancia interpersonal por debajo del metro de distancia y, siempre que podemos, nos gusta quedar para tomar algo. Y ahora mantenemos más distancia de separación con el resto de los amigos, quedamos menos con nuestros amigos y familiares y sustituimos esos contactos por llamadas telefónicas y videoconferencias.

Pero el cambio más importante que la pandemia ha acelerado es la forma de trabajar, que evoluciona hacia el teletrabajo. En un estudio de PwC realizado en Estados Unidos, las compañías encuestadas destacan que antes de la COVID-19 solo el 29 % tenía a personal en teletrabajo y ahora la cifra ha subido hasta el 69 %. Es cierto que no es simétrico en todos los sectores, pero con el confinamiento descubrimos que había tareas que se podían hacer desde casa perfectamente sin desplazarse a un centro de trabajo.


La forma de trabajar: el cambio más importante que ha acelerado la pandemia

En mi caso, como profesor universitario, daba el 100 % de mis clases de forma presencial, con los alumnos físicamente en el aula, y me tocó evolucionar a un modelo de docencia online donde me conectaba desde casa para dar mis clases. He de reconocer que me gusta el contacto humano y que me siento más cómodo en el aula que en un despacho, pero, tras el final del confinamiento y la vuelta al aula, las cosas han cambiado. Ahora dispongo de un aula que hemos llamado “Hyflex” con tres cámaras, una pantalla de 55’ en un lateral del aula para ver a los alumnos que están conectados desde casa y la pizarra ha sido sustituida por un gran display táctil de 75’ con un ordenador integrado y conectado a internet que me permite compartir presentaciones, documentos, vídeos y, en definitiva, trabajar con una especie de tableta gigante que todos los alumnos ven, tanto los que están en el aula como los de casa.

Ahora, con un formato de doble presencialidad, tengo alumnos en el aula, pero otros en casa que, por distintas causas como el aforo, las restricciones de viajar, enfermedades o, en definitiva, porque quieran, están en otro lugar, pero totalmente conectados. No es un cambio de docencia presencial a online, es simplemente una evolución de la presencialidad, que permite dar clase físicamente en el aula o de forma digital interactiva, siempre conectado.


El teletrabajo ha venido para quedarse por todas las ventajas que ofrece

La tecnología para este modelo ya existía y la usábamos de manera testimonial en pocas situaciones. Lo que ha hecho esta pandemia es acelerar un proceso de cambio que está para quedarse por todas las ventajas que ofrece. Durante el confinamiento se ha demostrado que actividades administrativas que se hacían en la empresa se pueden desarrollar desde cualquier sitio, sin límites.

Ante esta situación, debemos ver la oportunidad de poder atraer alumnos y docentes de cualquier lugar, de poder trabajar desde un destino de playa para una empresa de Madrid, o de que un profesional decida vivir en nuestra región atraído por el clima, mientras trabaja para una empresa multinacional con sede en Berlín.

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