Entrevista a José Luis Pérez Pont

Vitamina CCCC

El pasado 11 de septiembre, el Centre del Carme inició la nueva temporada con la inauguración simultánea de cinco exposiciones

Exposición "Prohibido fijar carteles. REA". | E3

Es de sobra conocida la hiperactividad que ha caracterizado al Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC) desde la llegada a su dirección de José Luis Pérez Pont en 2016. En Economía 3 ya hablamos de lo que el crítico de arte y comisario alicantino se encontró al llegar y el tratamiento de electroshock al que sometió al histórico edificio de la calle Museu, devolviéndolo a una vida vibrante en poco tiempo a pesar de los escasos recursos que requiere una institución pública, especialmente en el apartado de personal.

Si casi nadie ha llevado bien el parón en seco con que nos ha obsequiado este demoníaco 2020, ni casi nadie ha tenido la posibilidad de volver a empezar con un buen tono muscular, el CCCC ha ido a por todas: el pasado 11 de septiembre inauguró cinco exposiciones cinco de golpe: aquí estamos, volvemos a tope, pasen y vean.

“Inaugurar una exposición, por potente que sea, no tiene el mismo efecto psicológico para el público ni para nosotros que inaugurar cinco”, comenta Pérez Pont. A pesar de la incertidumbre, el mensaje es claro: “Apostamos por salir adelante, por ofrecer una programación de calidad a la ciudadanía para que siga disfrutando de la cultura y para apoyar a los creadores” . Y antes de ir al lío, conviene hacer un inciso que, aunque a estas alturas debería darse por sabido, hace el papel del “por si acaso”: “Hemos reducido los aforos de las salas mucho más del 75%. Las visitas además de seguras son cómodas, y las que son guiadas también las hemos reducido a un máximo de 10 personas”.

-Lo primero que llama la atención de las inauguraciones que vamos a comentar es que son de características muy diferentes, no parecen formar parte de un mismo continuum expositivo ¿Cómo se decidió arrancar la temporada de esta forma? 

-Fue una decisión meditada que ya tomamos en los meses de junio-julio. Me parecía que había que empezar la temporada con fuerza y lógicamente, lo consensué con el equipo. Evidentemente ha sido un sobreesfuerzo. Una vez inauguradas parecen que hayan caído del cielo, pero existe un proceso previo de elaboración. Teniendo en cuenta que toda la programación anterior terminaba el 30 de agosto, eso nos obligaba a un esfuerzo adicional de desmontaje, adecuación de sala y montaje de las nuevas exposiciones en el tiempo récord de once días.

Habitualmente inauguramos una exposición por semana, las espaciamos para no saturar al público y para que cada una tenga su espacio de comunicación. Pero en este caso nos parecía que llevar a cabo una especie de espectáculo de saturación era un efecto adecuado después de meses con exposiciones que no pudieron reabrirse al público hasta mucho después. Todavía se puede visitar la de Maribel Doménech hasta el 11 de octubre, inaugurada después de la vuelta a la presencialidad. Nos parecía necesario reactivar con ilusión la nueva temporada.

Nuestra programación es anual e incluso bianual, y debido al cierre el calendario se ha desplazado hacia adelante, lo que ha supuesto que alguna exposición de este año pase al que viene. Pero lo que hemos inaugurado ya estaba previsto y no renunciamos a ningún elemento programado previamente.

Y lo cierto es que la respuesta del público está siendo magnífica. El viernes 11 acudieron más de mil personas a disfrutar de las inauguraciones, que al estar repartidas por las salas y los claustros del centro generan un flujo de público que evita que se produzcan aglomeraciones, y todo con un equipo que vigila que se cumplan las medidas de seguridad. El sábado nos visitaron más de 600 personas y el domingo más de 800, cifras prácticamente de antes de la pandemia.

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José Luis Pérez Pont. | Foto: Vicente A. Jiménez / Archivo E3

-Repasemos las exposiciones. Prohibido fijar carteles. REA , un repaso a veinte años de diseño de cartelería en la Comunitat.

-Los comisarios, Boke Bazán y MacDiego, han realizado una selección de 600 obras de 365 autores y autoras, con una representación variada de carteles que tienen que ver con actividades institucionales, algunos con fiestas populares, otros con eventos underground… Hay una gran variedad porque el diseño gráfico se aplica a diversos campos y el soporte cartel, que ahora de alguna forma ha emigrado al formato digital, sigue siendo un cartel aunque no se imprima en papel; el concepto es el mismo. Ha sido imposible abordarlo todo, pero creemos que es una selección rica, variada en autores y temáticas.

– Están todas las grandes figuras de cartelería, diseño e ilustración, no voy a enumerarlas porque no acabaríamos nunca. Grandes figuras a nivel autonómico que, en muchos de los casos, equivale a decir nivel estatal. ¿Es la exposición “estrella” de las cinco?

-Bueno, es la más llamativa para el público, porque participan muchos creadores y porque visualmente es muy atractiva, con una puesta en escena muy potente, muy instagrammer (ríe). Cada proyecto tiene unas características, y sabes que en el Centre del Carme si por algo nos definimos es por tratar de abordar diferentes lenguajes y maneras de hacer arte, y atender a diferentes públicos. Nuestra programación es así de heterogénea y variada porque representa la realidad del panorama creativo valenciano.

-De este mundo tan en boga como es el del diseño valenciano, pasamos a otra expo, Des de les fronteres del silenci, dedicada a la figura de la escritora Carmelina Sánchez-Cutillas, una figura semioculta. Nacida en Madrid, se reivindica como una de las figuras clave de la literatura en valenciano.

-Sí, la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL) declaró 2020 como el Año Carmelina Sánchez-Cutillas. La propia AVL nos propuso una aproximación a su figura y nosotros estuvimos encantados de colaborar y acogerla. No es, quizás, el tipo de exposición que uno espera encontrarse en el CCCC, pero lo aceptamos porque representaba la subsanación de una injusticia histórica sobre una autora de referencia pero prácticamente oculta para el gran público, por lo que nos parecía un reto interesante contribuir a subsanar esa carencia. La exposición muestra su universo particular, elementos como su mesa de trabajo, documentos inéditos de su autoría… El valor de esta apuesta era darle visibilidad a ella que, como otras tantas mujeres, por el hecho de serlo, quedaron ocultas de la escena pública, mediática, literaria…

Hay una parte de nuestro trabajo que apoya firmemente la necesidad de visibilizar a las mujeres en el ámbito del arte, que es lo que nos toca más directamente, pero también en el de la cultura en general, como la literatura. Lamentablemente, sigue pasando que cuando alguien piensa en un especialista para una mesa redonda o una conferencia, parece que casi cualquier hombre sea válido, pero para que se piense en una mujer tiene que ser  superespecialista en esa materia. Es como una especie de nivel de exigencia triple profundamente injusto y que estamos tratando de paliar en nuestra programación cultural. En el programa Trajectòries, de seis proyectos expositivos seleccionados a través de convocatoria pública, cuatro han sido de mujeres, uno de un hombre y otro de un colectivo artístico. Pero no porque se haya hecho ningún tipo de política de discriminación positiva, sino porque la calidad de los proyectos, evaluados objetivamente por un jurado independiente, valoró que esos eran los más interesantes.

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Público asistente a la inauguración de la temporada en el CCCC. | E3

-Es interesante mencionar el tema de la discriminación positiva, porque sabes que el progreso siempre se mueve en términos de acción-reacción, y hay estratos sociales y políticos que ya empiezan a mostrarse recelosos con la puesta en valor del talento femenino, quejándose de que ahora parece que todos los reconocimientos se los lleven las mujeres.

-Aunque eso fuera cierto, que no lo es, han sido tantos siglos de todo para los hombres que aunque tuviéramos unas décadas de todo para las mujeres no pasaría absolutamente nada. En nuestro caso aplicamos criterios de calidad y de rigor, con jurados independientes. Lo que pasa es que hay muchas mujeres haciendo cosas muy buenas. Sería muy fácil hacer una programación mainstream con los nombres que más suenan, pero decidimos dar visibilidad a una parte de creadores y de autores que, sin ser tan conocidos, o sin haber tenido refrendo mediático durante las décadas anteriores, tienen un gran trabajo digno de ser difundido.

-Y así llegamos a las tres expos que tienen un perfil más identificable con el CCCC: Oppressió, El apartamento y Spectre. ¿Qué destacarías de ellas?

-Son proyectos más conceptuales, más arriesgados, donde se requiere una mayor implicación por parte del espectador en cuanto a que no son suaves o fáciles: te golpean o incluso pueden tener un punto un tanto inaccesible. Necesitan una mediación para que el espectador acceda a ellos de una forma más profunda, porque si no se pueden quedar con una experiencia estética, que está bien, pero en realidad van mucho más allá.

-Me llama mucho la atención El apartamento.

-Es de Fermín Jiménez Landa, un artista inusual con una forma de entender el arte contemporáneo y la práctica artística que tiene mucho que ver con la participación, con lo experiencial, con la creatividad salvaje y desbordada. Ha convertido la sala de exposiciones en un guardamuebles, y con el dinero de la producción ha alquilado un apartamento próximo al Centre del Carme como un espacio de ampliación mental de la propia sala. Se puede visitar con inscripción previa en grupos reducidos acompañados siempre por el artista. Cuando salen del CCCC, Jiménez Landa les ofrece un antifaz para que hagan el recorrido hasta el apartamento sin poder ver, todos en fila india colocando las manos en el de delante. El artista encabeza esa comitiva por la calle, con lo cual se convierte en un acto performático y el visitante se convierte en parte de la obra. Al llegar al apartamento se quitan el antifaz; todos los enseres han sido trasladados a la sala de exposiciones, por lo que allí sólo quedan algunos restos -una revista en el suelo que ha aparecido debajo de un sofá o cualquier cosa así- y alguna intervención realizada por Jiménez Landa.

En cada una de esas sesiones invita a personas que realizan trabajos a domicilio: un electricista, un fontanero, un repartidor de comida, que tienen otras cualidades y aptitudes que van más allá. Son personas que realmente ejercen esas profesiones y él las ha buscado para que participen en el proyecto y actúen ante los visitantes, porque tienen capacidades artísticas. Así plantea una reflexión, una crítica al sistema económico relacionada con esa imposibilidad de poder vivir de la cultura y la necesidad de disponer de trabajos alimenticios para poder seguir desarrollando tu capacidad creativa.

Oppressió visibiliza el trabajo de mediación desarrollado por Elisa M. Matallín con varios colectivos de mujeres. A través de dinámicas participativas, procedentes de las artes visuales, escénicas y del trabajo con objetos se reflexiona colectivamente sobre asuntos personales en relación con la construcción de la identidad propia y de la opresión de la mujer.

Y Spectre es un proyecto de Edu Comelles, un artista sonoro. El arte sonoro está poco atendido por los museos y centros de arte, es como el gran desconocido del campo artístico y musical. Ni en el campo de la música se le reconoce como tal, ni tampoco del todo en el del arte. Nosotros siempre hemos apoyado la creación sonora porque es un campo creativo interesante. Es la primera exposición individual de Edu Comelles en València y ha realizado un trabajo estético y visual del sonido, y hay mucho más de lo que se ve, por lo que en este caso la mediación juega un papel fundamental.

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Exposición “Spectre”, de Edu Comelles. | E3

-¿El mediador es como alguien que descifra un jeroglífico? A mí me gusta salir con mis propias sensaciones y mis propias conclusiones o preguntas…

-No, no descifra nada. Un mediador se limita a ofrecer unas referencias que facilitan acceder a las obras para que cada uno construya su relato. Es decir, no lo genera él por ti. No tiene el propósito de decir qué se tiene que pensar ni experimentar. Su función es que el arte contemporáneo sea accesible, algo que nos parece muy importante.

-Ampliemos el foco de la conversación. Una de las conclusiones principales que ha traído la pandemia es que va a acelerar el proceso de digitalización y que el arte no va a ser ajeno a ello. Se dice que los museos digitalizarán sus exposiciones y que la experiencia de la visita online va a permanecer; no hará falta que el público acceda a los centros. Para las dos primeras expos que hemos comentado podría servir, pero no para las otras. Además, a quienes somos un poco románticos no nos acaba de entusiasmar ese futuro online. ¿Cuál es tu punto de vista?

-Hasta hace poco me he resistido a hacer tours virtuales; ahora me arrepiento porque tendríamos un archivo que sería magnífico. Pero en principio tomamos la decisión de que lo importante era invertir esfuerzo en generar hábitos de consumo cultural que llevara al público a los museos y a las salas de exposiciones. En eso hemos invertido mucho esfuerzo y hemos obtenido una buena respuesta en estos años, con un gran incremento de visitantes.

Pero también es cierto que a algunas personas, por distintos motivos y, dejando de lado la pandemia, como no vivir en los grandes núcleos urbanos, no tener capacidad de movilidad por circunstancias de salud o cualquier otro motivo, estemos privándolas de vivir la experiencia de la actividad cultural. Esta nueva situación me ha hecho reflexionar acerca de la necesidad de generar herramientas que faciliten la accesibilidad sea cual sea la ubicación territorial, porque aunque nunca vaya a ser igual que la experiencia en vivo por muy bien que lo hagamos, a lo mejor no es del todo justo. La pandemia nos ha obligado a repensar cosas y también a activar proyectos de mediación y educación que eran presenciales en toda la Comunitat y no nos estábamos planteando que se pudieran hacer desde casa. De hecho, durante el confinamiento fuimos capaces de lanzar 80 actividades culturales online, pensando que las pudiera desarrollar cualquier persona en casa.

Presidente de Turismo Cultural

-Un poco de futurología. A pesar del caos y la precariedad que estamos atravesando, hay voces que afirman que el cambio que vamos a vivir, protagonizado por el avance de la digitalización y la automatización, puede llegar a favorecer la profesionalización de la actividad cultural. ¿Estas de acuerdo?

-Creo que el sector económico tradicional no ha sabido entender, durante mucho tiempo, el potencial que tiene la gente que trabaja en la cultura. Siempre he defendido que los equipos humanos de las empresas, sobre todo las grandes, que se lo pueden permitir, deberían contar con una diversidad de perfiles técnicos acompañados de profesionales de otros ámbitos. Lo que te puede aportar un filósofo, un antropólogo, un sociólogo o un artista en una empresa que no tenga nada que ver con todo eso, va a ser un valor añadido enorme.

Hay sectores empresariales y económicos que no están siendo capaces de ver el potencial de la cultura a corto, medio y largo plazo. Hay un gran potencial, pero falta un tejido empresarial que sea capaz de entender ese valor simbólico que además se traduce en económico y de mercado. No olvidemos que la repercusión de la cultura en el PIB es superior incluso al de la propia agricultura.

-Las máquinas no pueden hacerlo todo por sí solas sin el componente humano, que siempre tiene en mayor o menor medida un carácter cultural.

-Y sobre todo porque hay cosas que se podrían estar haciendo y no se hacen que posicionarían a España en un lugar mucho más potente. Como existe esa especie de abismo entre el sector económico y el cultural, sigue costando horrores que el sector económico genere patrocinio en el sector cultural, y pocas cosas son más rentables que la imagen de la cultura. Esa falta de compromiso me sorprende porque creo que tiene que ver con el desconocimiento y con que vamos todos muy deprisa, seguramente.

-¿Me puedes poner algún ejemplo?

-En un sector tan importante como el cerámico podría aportar mucho, en otros países sucede. Nosotros estamos tratando de impulsar residencias artísticas en empresas cerámicas, un proyecto en el que llevamos ocupados más de un año y que de momento la pandemia ha paralizado. Dentro de nuestro programa Cultura Resident, acercaríamos a artistas que trabajen en ese ámbito, que podrían residir cerca de las empresas durante dos, cuatro meses o el tiempo que se estime adecuado, trabajando en ellas, aportando y aprendiendo cosas.

Ese tipo de vínculos, que para mí son naturales, cuestan a veces de entender. En el sector turístico, por ejemplo, sigue sin existir un vínculo fuerte entre las industrias turísticas y el sector cultural.

-Se habla mucho de turismo cultural, pero no se llega a potenciar lo necesario.

-En estos momentos, estoy en Turisme València como presidente del producto Turismo Cultural. Es una iniciativa que ha tomado la ciudad para activar los diferentes ámbitos de la cultura, pero creo que falta mucho trabajo por hacer y sigue costando mucho activarlo a un nivel adecuado. Desde el ámbito del turismo se ven las cosas de una determinada forma, pero creo que en el sector aún hay quien no ha entendido que sin la cultura el turismo perderá mucho. La gente ya no viaja sólo por sol y playa; viaja a ciudades, a tener experiencias, donde tienen un papel importante la gastronomía, el patrimonio, los museos, la identidad de las ciudades… Todo eso tiene un valor que lo da la cultura, que es algo mucho más amplio que lo que se hace en los museos, intervienen muchos agentes y aporta gran riqueza.

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