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Exposición "Materia, espacio y tiempo. Julio González y las vanguardias"

Julio González invita a sus amigos al aniversario del IVAM

El museo invita a realizar un recorrido cronológico por la vida y la obra del artista, rodeado por producciones de sus más destacados coetáneos

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“Julio González huyó de las etiquetas; su fuerte personalidad las sobrepasa. Eso puede ser que plantee alguna dificultad al espectador, pero da una idea de la gran riqueza de su obra”.  José Miguel G. Cortés caracterizó así al artista que protagoniza la colección del IVAM. El escultor Julio González (Barcelona, 1876-París, 1942), no podía faltar en esta temporada de conmemoración del 30º aniversario del museo. Pero esta vez se ha traído a algunos amigos con los que compartió vivencias: entre ellos se encuentran Pablo Picasso, Joan Miró, Kurt Switters, Constantin Brancusi, o Alexander Calder. Por ejemplo.

Hoy se inaugura la exposición Materia, espacio y tiempo. Julio González y las vanguardias, un trabajo que busca “vincular y contextualizar a Julio González y su tiempo”, según Sergio Rubira, uno de los comisarios. Las obras se reparten en las salas siguiendo un orden cronológico. La primera evoca sus juventud en Barcelona, una época en la que compartió su formación con su hermano Joan. La primera sala evoca la cercanía de sus primeras propuestas al Modernismo. La recreación de una pequeña estancia de puro art decó burgués introduce al espectador en aquellos años de la vida de Julio González, una etapa que se vio súbitamente truncada por el fallecimiento de Joan en 1908.

La segunda sala nos traslada al París de la vanguardias de principios del pasado siglo. En esos años, González empezó a depurar su técnica y a encontrar su estilo propio a partir de su trabajo como soldador en una fábrica de Renault.  Aquella ocupación “le permitió empezar a ‘dibujar’ en el espacio aligerando las estructuras”, explicó Rubira. En París conoció a Picasso, interesado como otros artistas en sus innovaciones técnicas, como la aplicación de la soldadura autógena a la escultura. Pronto forjaron una amistad que les llevó a colaborar en el monumento al poeta, novelista y crítico de arte Apollinaire. Una reproducción de dicho monumento se puede contemplar en la exposición. Tras esta colaboración, González ya pudo dedicarse en exclusiva a la actividad artística.

Julio Gonzalez

Primer plano de Mujer ante el espejo. | E3

La introducción del vacío en la escultura

Las salas centrales están dedicadas a la evolución del periodo que le llevó a convertirse en el pionero de la creación en hierro. Como señaló el también comisario Josep Salvador, “González desarrolló el lenguaje de la introducción del vacío en la escultura”, lo que le permitió jugar “con la dualidad cuerpo-alma en la composición de sus obras”, que interpelan al espectador a completar mentalmente las líneas que súbitamente se interrumpen. En esos años, se enfrenta a la “encrucijada de lenguajes dominantes en el arte: la abstracción y el surrealismo”. Durante esos años, definió su lenguaje en torno al hierro forjado y recortado, que consolidó su estilo particular de búsqueda de la profundidad y la pluralidad en la obra tridimensional.

Así se llega hasta los años 30, en los que su producción alcanzó el apogeo. Julio González fue uno de los grandes protagonistas del pabellón de la República Española en la Exposición Universal de París de 1937. En la sala,como ahora en el IVAM, desgarraba la mirada del espectador su pieza figurativa en piedra de la Montserrat, la cabeza de una campesina cuyo grito provocado por los horrores de la guerra casi se puede escuchar.  Ese mismo año, su Mujer ante el espejo se convirtió en protagonista de la exposición que se realizó en el Jeu de Paume parisino sobre el arte independiente de vanguardia.

Las dos obras, situadas en la sala frente a frente, difícilmente podría adivinarse que pertenecen al mismo autor. “González nunca quiso llegar a ser completamente abstracto”, subrayó Sergio Rubira. Sin embargo, su Mujer frente al espejo quedó para la Historia como uno de los emblemas de la vanguardia artística, y su campesina Monstserrat como una de las representaciones más universales del sufrimiento del pueblo.

Las obras del artista que da nombre al centro del IVAM se ven rodeadas por otras de autores coetáneos como los citados al principio, de modo que resaltan la singularidad del escultor barcelonés, y su mencionada huida de las etiquetas artísticas de la época. Además, el IVAM ha puesto a disposición del público un amplio despliegue documental procedente del archivo del mismo artista y de los fondos de la biblioteca del museo.

En definitiva, desde hoy tienen a su disposición una retrospectiva de más de 200 obras que les ayudará a comprender quién fue Julio González, aplaudido por otros artistas que también admiraron su imbatible singularidad de hierro.

 

 

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