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Entrevista a Eduardo Guillot (y II)

“El punk forma parte de mi educación sentimental y musical”

El libro "Miles de muchachos: Una crónica oral del punk en València" ha sido editado recientemente por el Institut Valencià de Cultura

Nombres como Extrema Cordialidad HomicidaLas Nauseabundas Criaturas del Barranco condensan las claves del punk: diversión y ganas de hacer daño. Creatividad incendiaria aunque, como se puede deducir de la entrevista publicada ayer a Eduardo Guillot, sorprendentemente (casi) inofensiva. En esta segunda parte, indagamos con el autor en lo que más importa del libro Miles de muchachos. Música y músicos descendientes de los Sex Pistols, los ClashRamones y que deleitaban su vista con La naranja mecánica. 

-Entre los grupos que protagonizan el libro, puede que sea Interterror el primero que algunos relacionamos con punk y València. Su disco es más que aceptable.

-El disco Interterror me parece fantástico.

-Y qué cosas: a fin de cuentas, el detonante del final del grupo fue la discusión a raíz de que les mandaran eliminar un verso que criticaba por igual la esvástica y la hoz y el martillo. Hoy sería un verso políticamente correctísimo…

-Sí (ríe). Creo que está muy bien explicada tanto la posición de cada cual, el por qué algunos dieron el brazo a torcer y otros no. Eran tiempos en los que unos eran muy novatos y nunca habían entrado en un estudio, otros tenían unos principios más sólidos y no querían renunciar a ellos…Y la pena de toda aquella discusión fue que diera al traste con un grupo muy prometedor, con muchas cosas que contar.

-Desde luego. Destaca mucho, en Interterror y en todo el libro, el personaje de Xavi García Boix, El Enano Infiltrado. ¿Se puede considerar el músico central de todo el movimiento?

-Teniendo en cuenta su aportación a través de Interterror primero y de La Resistencia después, creo que es uno de los talentos más evidentes de aquella escena. Tanto en composición de canciones como en letras, logró temas que perduran, incluso diría que algunos siguen plenamente vigentes. Además tenía una vena lírica muy interesante, porque al punk siempre lo asociamos con rapidez, con sonido sucio, pero con La Resistencia hizo algunas canciones impregnadas de otras influencias que estaban muy bien. Creo que es uno de los compositores más importantes.

-¿Qué fue de él?

-Es tatuador desde hace mucho tiempo y antes fue profesor de Bellas Artes. En los últimos tiempos, a raíz de las entrevistas para el libro, volvió a entrar en contacto con antiguos compañeros y La Resistencia se volvió a juntar. Ensayaron, hicieron algunos conciertos e incluso sacaron un disco hace relativamente pocos años. No tocan con mucha frecuencia, fue más algo de amigos que otra cosa, pero ahí está el disco.

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La primera formación de Seguridad Social. A la izquierda, con una discreta cresta, José Manuel Casañ. | Foto: Heino Kalis

-¿José Manuel Casañ es el único músico superviviente de todos ellos? De hecho, ni siquiera el resto de fundadores de Seguridad Social siguieron en la música.

-Es el único que a fecha de hoy vive de la música, con un estilo muy diferente de la que hacía entonces. Que de todos los que salen sea el único que ha logrado vivir de la música supongo que tiene su mérito.

-Según dice, entró en la música porque parecía que el punk lo permitía todo, pero para seguir adelante era necesario adaptarse y ser mejor músico. Es una reflexión interesante, aunque también se incluyen opiniones de músicos punks que nunca consideraron a Seguridad Social uno de ellos.

-Hay un debate con la adscripción punk de Seguridad Social. Pero está claro que los propios grupos punks anglosajones que han sobrevivido con el tiempo es porque se adaptan. Una cosa es subir al escenario con mucho morro y hacer ruido y otra es tener una carrera. Si la quieres, vas a tener que entrar en un estudio a grabar y saber tocar. José Manuel se ha rodeado siempre de músicos que saben tocar, ha ido produciendo otros estilos musicales, y ha logrado sobrevivir en una industria como la de la música en España, donde no es nada fácil.

-Es una constante entre los grupos que aparecen en el libro el cambio de miembros, gente que pasa incluso por más de tres grupos diferentes…¿Tienes algún punk favorito?

-Una de las razones para hacer el libro fue el vínculo que yo mismo tenía con aquella escena. Nunca fui punk porque llegué un poco después. Pero vi en directo a la mayoría de ellos, en sitios como Gasolinera o Planta Baja, los llevé al programa que tenía por entonces en Radio Klara, tengo sus maquetas…Había un vínculo emocional. Me parecía que había que reivindicar y rescatar su trabajo. No puedo tener un favorito. Me encanta el morro que tuvo siempre José Manuel en aquella época, el talento de El Enano Infiltrado, me parece que la actitud que mostraban Generación 77 era incorruptible y por eso nunca grabaron un disco. N.E.S. tiene una evolución que me parece muy curiosa, incluso en su última época hicieron canciones muy válidas. Podría decir algo de prácticamente de todos los grupos. El Punky Jose a lo mejor no ha sido un personaje para pasar a la Historia de la Música con Las Nauseabundas Criaturas del Barranco, pero sus intervenciones en el libro son gloriosas, era un tío que lo vivía desde que se despertaba hasta que se iba a dormir y que seguramente ha sido el punk más punk de València. Les tengo mucho cariño personal a todos, han formado parte de mi educación sentimental y musical. El libro es un tributo.

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Foto promocional del grupo Éxtasis. | Archivo de Eduardo Guillot

-¿Se pueden citar grupos que recogieran su legado y lo adaptaran a otros tiempos?

-Me costaría. Fue una escena bastante aislada. En los 90 estaban Áridos, por ejemplo, que siempre han reconocido haber sido fans de todos estos grupos. Pero València en los 90 se tiró un poco más hacia el hardcore, y el punk posterior que haya podido existir creo que ha bebido más de la influencia de lo que se hacía fuera que de lo que se hizo aquí, porque como digo en el prólogo, esta fue una historia un poco oculta.

-Y además, si uno relaciona València y los 90, da la impresión de que La Ruta se tragó todo lo anterior.

-Fue un poco así, y otro de los motivos por los que me apetecía reivindicar a toda esta gente. De repente, ahora parece que La Ruta del Bakalao fue una manifestación cultural vanguardista de ámbito universal, el acabóse. Hubo más cosas en València y está bien que se sepa que existieron.

-¿Qué opinas de este momento de reivindicación de La Ruta?

-Me parece que ni en su época era el demonio, porque entonces se estigmatizó de una manera excesivamente virulenta, y seguramente por temas que tenían que ver más con las crónicas de sociedad que con la música, pero también creo que ahora, en el contrapeso histórico, nos estamos encontrando con testimonios que afirman que València se adelantó a Manchester, a Liverpool, a EE.UU., cuando en realidad estamos hablando, básicamente, de DJ’s. Tiene su interés, su relevancia cultural, pero una vez pasada la época en la que aquello era execrable, y ahora en que parece la octava maravilla, llegará un momento en que se quedará en un término medio entre una cosa y la otra. Si nos planteamos el legado que quedó, tampoco es tanto. Tiene más de fenómeno sociológico que cultural, por muy imbricada que esté una cosa con la otra.

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