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Director de Fabricación de Ford España

D. Campos: “Nos ajustaremos al mercado en el momento que lo requiera”

Ayer participó en el Seminario de Ética Económica y Empresarial de la Fundación Étnor

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“Han caído las ventas, y el mercado es el que manda. Luchar contra él es como luchar contra la ley de la gravedad. Nos ajustaremos a lo que demande el mercado en el momento que lo requiera”. Así se pronunció ayer Dionisio Campos, director de Fabricación de Ford España, antes de participar en la ponencia Robotización, empleo y personas, enmarcada en el Seminario de Ética Económica y Empresarial, organizado por la Fundación Étnor y que tuvo lugar en el Centro Cultural Bancaja.

“Existe incertidumbre entre los clientes sobre qué tipo de coche comprarse y eso se acaba notando en las ventas”. Sobre cómo y cuándo va a influir esta adaptación al cambiante mercado automovilístico en la planta de Ford en Almussafes, Campos respondió que “no hay una fecha definida, seguimos con el proceso del plan de reestructuración europeo que ya está anunciado”.

Respecto a la introducción de la robotización en el proceso de producción, el castellonense indicó que la diferencia principal entre la revolución industrial 4.0 con las anteriores es que “esta vez, la velocidad de cambio es muchísimo mayor. Antes había un proceso de adaptación al que seguía una época de estabilidad. Esa estabilidad es la que no existe hoy”. Además, “se trata de darle valor al dato. Siempre lo hemos desaprovechado”. Argumentó que, al prestarle la atención debida, “se busca convertir la fábrica en algo que piense por sí mismo. En el mundo del automóvil, que es de capital intensivo y sujeto a fuertes inversiones, es fundamental que los equipos funcionen con un rendimiento continuo”.

Campos

Dionisio Campos, el primero por la izquierda, antes de la ponencia de ayer. En el centro, la presidenta de la Fundación Étnor, Adela Cortina. | E3

Para lograr ese fin, se debe parametrizar el rendimiento de una maquinaria a un nivel en el que se pueda ser capaz de detectar las anomalías antes de que se produzcan. “Cualquier válvula emite una señal; si se conoce la tendencia, tenemos un standard con el que podremos predecir los posibles fallos, disminuiremos los tiempos de producción y con ello los costes, para la empresa y para los clientes”.

Campos concibe la evolución hacia el vehículo inteligente como una consecuencia de los nuevos valores que caracterizan a las generaciones más jóvenes. “Su obsesión no es tener un coche, sino acceso a un vehículo cuando se quieren mover, y acceso inmediato. Los jóvenes quieren pagar por utilizar un servicio exactamente cuando lo necesiten, y además, optimizar el tiempo. El vehículo tradicional no cumple esos requisitos; al contrario, no da más que problemas, por el tiempo que se pierde buscando aparcamiento y por el alto coste que supone, el segundo tras la vivienda. Y si lo pensamos bien, de media lo debemos usar aproximadamente dos horas al día”. Por tanto, según su razonamiento, el coche va a desaparecer como producto para convertirse en un bien que preste un servicio concreto en un momento determinado. Obviamente, está de más afirmar que este factor repercutirá en las ventas de manera sustancial.

“Una transición ordenada hacia el vehículo eléctrico”

Era inevitable que el director de Fabricación de Ford España se refiriese a la futura venida del vehículo eléctrico, y del escenario que plantea el Gobierno para 2030, con un cálculo aproximado de entre cuatro y cinco millones de coches eléctricos en circulación. “No nos salen las cuentas. La industria del automóvil ha estado forzada, y de hecho este año se ha sufrido bastante, por la transición al nuevo modelo de emisiones. Todos hemos hecho una transformación en nuestros motores, pero el cambio ha venido como un tsunami”.

Aventuró que “la tecnología de combustión no va a desaparecer mañana. Va a seguir, en una transición ordenada. Creo que en la actualidad los coches eléctricos no llegan al 1%”. En esa “transición ordenada” intervendrían distintos elementos: “Primero, habría que regular la cuestión de las baterías. No todos los modelos llevan el mismo tipo. Después, pasaríamos a la infraestructura. En mi parking hay dos o tres enchufes; en estos momentos, las electrolineras son muy escasas”.

Aunque subrayó que el vehículo eléctrico tiene que acabar por imponerse, Campos dejó una pregunta en el aire para ilustrar la tesitura actual de la industria automovilística: “Antes de llegar a las cero emisiones hay que recordar que la energía no es gratis. No queremos nucleares, no queremos carbón, pero no tenemos suficiente energía verde todavía. ¿Esto cómo se compagina?”

 

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