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Juan Ignacio Piquer, director general de Grupo La Plana

“Queremos seguir creciendo geográficamente focalizándonos en la península”

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Juan Ignacio Piquer, director general de Grupo La Plana | Reportaje gráfico: A. Pradas / R. Piquer

Juan Ignacio Piquer, director general de Grupo La Plana

Cuarenta y cinco años después de su creación, el Grupo La Plana, mantiene sus raíces en Betxí, aunque con vocación de expandirse por la península y llevar sus productos de cartón allí donde sus clientes lo soliciten. Invertir para crecer, apostando por la incorporación de maquinaria moderna y con un alto grado de preocupación por la conservación del medioambiente, son señas de una filosofía empresarial, que han compartido ya dos generaciones y que darán paso a una tercera, apunta Juan Ignacio Piquer, director general del Grupo La Plana, que llegó a la empresa de la mano de su padre y fundador, Alfredo Piquer. De él aprendió que es precisa la proximidad al cliente, del que “intentamos ser colaboradores”.

De la apuesta por la innovación y la constante expansión comercial que ha caracterizado a la empresa desde su creación da cuenta el hecho de tener cuatro plantas productivas propias en Betxí y Onda, a las que se suman las de Cenicero (La Rioja) e Igualada (Barcelona), además de contar con red de plantas de montaje repartidas por España y Portugal, garantizando el abastecimiento a la industria y reduciendo los costes logísticos de sus clientes. Algo que consolida un modelo de negocio que le ha permitido liderar la producción de envases y embalajes de cartón ondulado en el mercado nacional. Posicionamiento al que contribuye la constante renovación y automatización de los procesos productivos que le permiten alcanzar una producción de dos millones de cajas de cartón al día.


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En un momento en el que la economía está en fase de recuperación, superados los años de la crisis iniciada en 2007, el Grupo tiene una economía saneada, con más de 100 millones de euros en ventas anuales, que le permite encarar con optimismo el futuro. Un futuro con el que mantiene un compromiso social, como lo demuestra su programa por la Economía del Bien Común y su apoyo a la Fundación Novessendes.
Juan Ignacio Piquer recuerda el contexto en el que surgió Cartonajes La Plana.

–  Somos un grupo empresarial familiar e independiente fundado en 1973 y que fabrica envases y embalajes de cartón ondulado para un mercado fundamentalmente nacional. Cuando salimos al mercado lo hicimos apoyados en un entorno con un gran consumo de embalajes en el sector cerámico. Nacimos como una pequeña empresa, con muy pocos medios y fuimos creciendo, no solo en este sector, sino en otros. Ahora, también abastecemos a otros sectores productivos. Así, a mediados de los 80 entramos en el sector agrícola, que cambió los envases de madera por los de cartón. En paralelo llegamos a sectores como el de alimentación y bebidas y el industrial.

– ¿Cuándo se produce el relevo generacional al frente de la empresa?

– A mediados de los 90 cuando afrontamos la sucesión y en paralelo la ampliación de las instalaciones. En esa década teníamos en Betxí una planta de producción de cartón, con una superficie de 30.000 m2, pero se quedaba pequeña ante la demanda. Y es entonces cuando nos decidimos a dar el salto y a poner en marcha una segunda planta, en Onda, abierta en 1997, lo que nos permitió seguir creciendo a la par que atender la demanda que recibíamos de Castellón y València.

Asimismo, abrimos otra planta en Cenicero (La Rioja) para atender la demanda del sector bodeguero y abastecer a los clientes, no solo de esa región, sino de todo el norte de España.

En 2001, tras el fallecimiento de mi padre, Alfredo Piquer, se produce el relevo generacional efectivo y me hago cargo en solitario de la gestión de la empresa, tras compartir esa responsabilidad durante años con él.
Desde entonces la empresa se hace más grande, como empresa multiplanta, lo que nos lleva a tener que estructurar y adaptar los distintos departamentos, desde los modelos de gestión a la producción.

En esa línea de constante ampliación de las plantas, acometemos en 2007 la de la planta de Onda, doblándole la capacidad, y nos damos de bruces un año después con la gran crisis, que nos afectó, fundamentalmente por el lado del sector cerámico, pero también nos sirvió para diversificar nuestras actividades. Teníamos capacidad, puesto que acabábamos de ampliar la planta de Onda y aprovechamos para potenciar campos alternativos al de la cerámica. Teníamos capacidad para, sin desatender al sector cerámico, enfocarnos en el de alimentación y bebidas.

Fuimos de las primeras plantas de España que logramos la certificación en seguridad alimentaria (2011). Y ello nos permitió crecimientos continuos en plena crisis.

– ¿Qué papel juega la tecnología en la empresa?

– Juega un papel importante. Nuestro grupo siempre ha destacado por su carácter pionero y su apuesta decidida y firme por la innovación tecnológica aplicada a los diversos sectores en los que opera. Siempre hemos invertido en tecnologías de vanguardia, no solo la destinada a la maquinaria de producción, sino a la de gestión, porque siempre hemos estado en cabeza en ese campo. Entendemos la tecnología como el proceso de automatización de las plantas, para evitar que haya cuellos de botella o tiempos improductivos. Es muy importante optimizar estos procesos y más cuando estamos atendiendo a la fabricación de un alto volumen de productos. Ello nos permite tener un control del producto desde que llega el papel, su transformación hasta su salida como embalaje.

Asimismo entendemos la tecnología aplicada al campo de la gestión, algo que nos ha llevado a tener actualmente toda la planta digitalizada. Conocemos dónde está cada producto en cada fase de la producción, porque tenemos contacto directo con la máquina que nos indica el ritmo de producción en tiempo real… Aplicamos lo que se conoce como tecnología 4.0. lo que nos permite asegurar la trazabilidad. Y es que la trazabilidad, en especial en el campo de la alimentación, es algo muy importante.

– ¿Cuál es la filosofía de la empresa?

– Tenemos claras las líneas a seguir, que nos trasladó el fundador de la empresa, Alfredo Piquer Franch, basadas en la armonía familiar, la honradez y una política de reinversión de beneficios. Tenemos una visión de empresa como generadora de recursos sociales, por lo que destinamos una parte de los mismos a la acción social en nuestro entorno. En nuestro ADN está nuestra capacidad de adaptación a las necesidades concretas del mercado, por lo que damos asistencia técnica en cada innovación de producto que el cliente necesite que le desarrollemos. Somos conscientes de nuestra condición de grupo familiar, condición que queremos mantener, pese a que nos movemos en un escenario muy competitivo con gran presencia de empresas multinacionales. Pero nosotros mantenemos los valores impuestos por el fundador y que son preservados por el Consejo de Familia.

– En esa filosofía, ¿cómo encaja la relación empresa-cliente?

– Sabemos que tenemos un producto que el cliente integra en su cadena de producción. Por ello, no podemos limitarnos a vender un producto y ya está, sino que intentamos ser más colaboradores que proveedores del cliente Este tiene necesidades de productos nuevos, de mejoras en el producto y ahí siempre estamos dispuestos a realizar una colaboración activa. Nuestros técnicos van a las instalaciones del cliente y le ayudan en acciones concretas.

– Actualmente la empresa está inmersa en la tercera ampliación de las instalaciones, en este caso las de la planta de Onda, ¿en qué consistirá? y ¿qué inversión requiere?

– Tenemos dos plantas en la provincia de 30.000 m2 cada una y seguimos en la línea de crecimiento ante la demanda que recibimos. Por ello estamos inmersos en una nueva ampliación para aumentar la capacidad, de producción combinándola con nuestra política de diversificación geográfica. Analizamos todos los aspectos y decidimos ampliar nuestras plantas de aquí, porque seguimos teniendo un mercado en un área que podemos atender mejor desde Castellón. De ahí que optamos por hacer una planta nueva de 30.000 metros cuadrados en Onda. Con lo que allí tendremos una superficie de producción de 60.000 metros cuadrados, aunque se pueden gestionar por separado. Supondrá un aumento del 50 % de capacidad productiva, con una inversión en torno a los 30 millones de euros, que ya se está ejecutando y esperamos que la planta esté acabada en abril próximo.

En la decisión pesó el hecho de tener aquí una mayor infraestructura y el know how. Con su apertura tendremos mayor capacidad en un planta dotada con nuevas tecnologías y equipada con maquinaría de vanguardia.

– ¿Qué tendencias se detectan en el sector?

– Como en tantos sectores, la tendencia es a la concentración en torno a empresas de mayores tamaños y lideradas por multinacionales que son las que tienen mayor capacidad para absorber empresas y favorecer esa concentración. Observamos, asimismo, que existe mayor preocupación por temas ecológicos, lo que hace que se prime la gestión medioambiental, respondiendo a la preocupación social. Preocupación que nosotros asumimos también.

Esa tendencia a la concentración empresarial, hace que esas empresas sean más exigentes en los costes y en la calidad, además de darles mayor potencial de compra.

Asimismo, se detecta la implantación cada vez mayor del comercio electrónico. En nuestro caso, como no llegamos al consumidor final, la venta del producto online nos afecta poco, pero este tipo de comercio está disparando el consumo de embalaje. Cualquier producto que viene desde esa parte de la venta llega embalado en cajas.

– En la filosofía empresarial figura la sostenibilidad…

– Es uno de nuestros compromisos. La empresa mantiene un proceso de crecimiento sostenible y de constante renovación tecnológica que posibilitan que seamos capaces de producir más de 200 millones de metros cuadrados de cartón al año, lo que se traduce en la confección de dos millones de cajas diarias. Proceso que podemos afrontar tras las inversiones realizadas en un sistema totalmente automatizado que evita riesgos de contaminación y fallos humanos, y una plantilla de personal altamente formada y especializada.

– ¿Esa apuesta por la sostenibilidad se puede extrapolar a las políticas destinadas a la preservación del entorno?

-Por supuesto. Nuestros centros de producción disponen de las certificaciones de calidad industrial y alimentaria pertinentes y garantizan procesos sostenibles y de bajo impacto medioambiental. De hecho, la compañía produce su cartón a partir de materias primas recicladas mediante un ciclo integral y sostenible o materias primas vírgenes de proveedores certificados de Gestión Forestal FSC.

Del mismo modo, la firma lleva más de una década impulsando políticas mediomedioambientales, que nos ha valido la obtención entre otras de la ISO 14.001 desde el año 2004, en todo el proceso productivo aprovechando las energías renovables. Aprovechamos el calor generado en el proceso de cogeneración para la producción del cartón, todo ello con controles de consumo energético y, además, tenemos una planta fotovoltaica en la cubierta de la nave de Onda que produce 90 kilovatios/hora.

– La materia prima que emplean en sus procesos es el papel que se extrae de los árboles y que conlleva su talas, lo que da una imagen negativa desde el punto de vista medioambiental…

– El cartón se está descubriendo como un producto muy ecológico, que es fácilmente reciclable y ello hace que el residuo papel se pague cada vez más porque es una materia prima muy valiosa para el fabricante y que con un pequeño impacto ambiental se recicla. La gran mayoría proviene de reciclado y el que es de fibra virgen tiene la certificación forestal de sostenible. Ello hace que se cultiven árboles para papel. Y, aunque parezca paradójico, los países productores de papel y madera tienen a mayor demanda de papel, mayor plantación de arboles. Pero hemos padecido campañas que eran contrarias en la línea de que consumir papel suponía el talado de árboles. Ahora parece que las cosas se están poniendo en su sitio y hay mejores perspectivas para el papel y el cartón.

– ¿Qué porcentajes de reutilización de productos se da en la empresa?

– La reutilización de los materiales empleados es uno de nuestros compromisos. Para ello hemos ido acometido acciones como el proyecto de vertido cero, que estamos cumpliendo, para aprovechar y reutilizar todas las materias empleadas en nuestro proceso productivo. Queremos que no vaya nada al vertedero, ni las aguas.

Usamos materia prima 100 % renovable, con las certificaciones acreditativas FSC. El 76 % del papel consumido ya es reciclado y el otro 24 es de materia renovable y fácilmente reciclable.

– ¿Cuántas plantas de producción tiene la empresa y en dónde están ubicadas?

-El Grupo cuenta actualmente con cuatro plantas productivas propias ubicadas en Betxí, Onda, Cenicero (La Rioja) e Igualada (Barcelona) -adquirida en 2017- y que es una planta de fabricación de envases de cartón compacto con impresión offset, de un sector complementario al nuestro y en el que pensamos que también podíamos crecer. Además distribuimos nuestros productos por medio de 13 plantas de montaje repartidas por distintos puntos de España y Portugal.

Las plantas de montaje están enfocadas al sector de la agricultura, el que precisa acabar de montar la caja en destino. Para ello colaboramos con empresas que tienen sus instalaciones y distribuyen a la zona. Llegamos a acuerdos con ellos para dar el servicio final al consumidor.

– ¿Qué plantilla tiene Cartonajes La Plana?

– Contamos con 450 trabajadores. En Betxí tenemos 235; en Onda, 120; y cerca de 50 en cada una de las plantas de La Rioja e Igualada.

– ¿Contempla la empresa dar el salto al mercado exterior?

– A nivel de plantas productivas no. Tenemos la prioridad y el objetivo de seguir creciendo geográficamente, pero sin salir fuera, creceremos en el entorno de nuestros clientes, porque es importante que las plantas estén lo más próximas posible al mercado y no vemos necesario llegar a otros en los que no vendamos nuestros productos. Lo que sí que nos planteamos es impulsar la exportación del producto. Tenemos históricamente el mercado portugués de la cerámica y también estamos en el sur de Francia para atender las demandas de las bodegas, lo que hacemos a través de nuestra planta de La Rioja. Desde Igualada también atendemos esa demanda francesa. Es cierto que cada vez más nos planteamos la línea de negocio de exportación de nuestros productos y posiblemente la potenciemos en un futuro.

– ¿Qué perspectivas de futuro tiene el sector?

– Buenas. Consideramos que es posible el crecimiento y nos preparamos para ello con la adecuación y el aumento de capacidad productiva de nuestras plantas. Vemos que cada vez tiene más fuerza el sector del embalaje, porque todo acaba en una caja de cartón, lo que nos hace ver un buen futuro para el sector, porque estamos en un mercado amplio y diversificado.


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Apuesta por la Economía del Bien Común

Uno de los rasgos distintivos del Grupo Cartonajes La Plana es su apuesta por los valores sociales, que, recuerda Juan Ignacio Piquer, están en el ADN de la empresa. Algo que permite ver la empresa como “generadora de riqueza para diferentes grupos de interés, al tiempo que integra valores éticos en su gestión y ofrece el desarrollo de inquietudes sociales”. Visión que encajaba con la iniciativa de la Economía del Bien Común (EBC) y que les llevó en 2015 a realizar el Balance del Bien Común y ver qué prácticas realiza la empresa y en qué áreas puede mejorar para convertirse en una empresa responsable y sostenible.

Fruto de ello, “abordamos hace dos años un proyecto denominado la Economía del Bien Común (EBC), que trata de que no todo es ganar dinero, sino de buscar resultados que impactan positivamente en la sociedad y en el medio ambiente. Fruto de esa apuesta obtuvimos un balance paralelo al económico el del bien común, midiendo parámetros distintos a los económicos y a partir de ahí nos hemos implicado en 16 proyectos de mejora de aspectos de tipo no económicos y en dos años volveremos a medir y ver el resultado.

Nuestro eslogan es “comprometidos con el bien común”, más allá del negocio.

La EBC es una propuesta surgida en Austria en 2010 que, apunta Piquer, tiene por objeto orientar la actividad empresarial hacia un modelo basado en los valores fundamentales de la dignidad humana, la justicia social y la sostenibilidad ecológica. “Esto provoca que los indicadores de éxito de una empresa no sean solo los económicos sino los que tienen que ver con su contribución al bien común”.

 

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