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Han sido presentadas hoy junto al jardín trasero y la bodega medieval

Bombas Gens abre todas sus salas al público con dos nuevas exposiciones

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Serie "The Right One (Pearls of the Revolution)" de Sanja Ivekovic, de la exposición "El pulso del cuerpo"

Bombas Gens Centre d’Art ya tiene todas sus salas de exposiciones activas al presentar hoy “El pulso del cuerpo. Usos y representaciones del espacio”“Hacia la luz”, del fotógrafo norteamericano Joel Meyerovitz.

La primera es una exposición colectiva en la que artistas como Cartier-BressonRobert FrankHelen Lewitt, entre muchos otros, a través de sus imágenes proponen, según la directora del Centro, Nuria Enguita“diferentes miradas sobre cómo nos relacionamos con el espacio”. “La vida es la relación del cuerpo con el lugar, la toma de posesión de ese espacio”, que puede ser de ocio, trabajo o consumo. Espacios de identidad.

Las ciudades como espacio de cohabitación o de conflicto entre personas e intereses cobra un especial protagonismo en muchas de las piezas expuestas, que incluye a la València de los años 50 tras el objetivo de Robert Frank.

Esta muestra alude, en definitiva, a la posibilidad de hacer visibles las relaciones y los intercambios que reproducen y reconstruyen el espacio físico y social de forma cotidiana, así como el tránsito permanente de lo subjetivo a lo colectivo. Recoge piezas de técnica clásica de los años 50, hasta impresiones digitales sobre papel fotográfico, que crean llamativos efectos de luz, como sucede en las obras de Paul Graham.

Meyerovitz: un joven americano en la España de Franco

 

La exposición “Hacia la luz” es una selección de 98 fotografías de las más de 8.000 que el fotógrafo Joel Meyerovitz realizó durante su estancia en Málaga, en 1966, a los 28 años de edad.

“Aquella experiencia me hizo ser el hombre que soy”, ha declarado el artista, presente hoy en Bombas Gens“Vivía en Nueva York y quise pasar un año en Europa. Al llegar a Málaga descubrí lo que es vivir bajo una dictadura, observar sus implicaciones en la calle”.

A través de un amigo londinense y estudioso del flamenco, Meyerovitz fue acogido por una familia gitana con la que convivió durante su estancia. “Me recordaron a los negros americanos, ambos poseen el mismo carácter artístico”.

Su obra sorprende por el juego de imágenes en blanco y negro -el modo en que la época retratada ha quedado en la mente de generaciones posteriores- y la vivacidad de las fotos en color, de composiciones sorprendentes, modernas y rompedoras, que contrastan fuertemente con los escenarios folklóricos, casi carpetovetónicos, en que fueron tomadas. Además, “me dedicaba a hacer fotos sin saber cómo habían salido ni qué me iba a encontrar cuando volviese a Estados Unidos. Tantos años después, he hecho una cuidadosa selección de ellas. Algunas emiten vibraciones entre sí, y ese ha sido el criterio para situarlas unas al lado de otras”.

Las piezas de las dos exposiciones han pasado a formar parte de la Colección Per Amor a l’Art, que sido reconocida con el Premio “A” que otorga ARCO a las más prestigiosas del mundo. Ambas se podrán visitar hasta el 15 de enero.

 

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