¿Cómo afecta a la economía la guerra en Oriente Medio?
El alza del crudo y la paralización del estrecho de Ormuz elevan el riesgo de inflación importada, retraso en las bajadas de tipos y nuevas tensiones logísticas globales
- El petróleo Brent roza los 80 dólares y reintroduce riesgo de inflación importada en la eurozona.
- Navieras suspenden tránsito por Ormuz, por donde pasa el 12% del comercio mundial.
- Si el conflicto se prolonga, el impacto pasará de bursátil a macroeconómico.
Ayer lunes, a primera hora, los mercados pusieron precio al primer fin de semana de guerra abierta entre Estados Unidos, Israel e Irán. La geopolítica volvió a convertirse en la variable dominante y desplazó, al menos en el corto plazo, la narrativa que había guiado las últimas semanas: moderación de la inflación, bajadas de tipos y mejora de resultados empresariales. El riesgo se revalorizó de inmediato y la volatilidad volvió a cotizar con prima.
En la apertura, el IBEX 35 llegó a ceder un 3%, un ajuste más severo de lo que anticipaban los futuros durante la madrugada. No fue un movimiento aislado. El Euro Stoxx 50 perdió más de un 2%, mientras el DAX alemán registró caídas cercanas al 4%. En contraste, el FTSE 100 londinense limitó el retroceso al 0,8%, amortiguado por su mayor peso en compañías energéticas y mineras, que tienden a comportarse mejor en entornos de encarecimiento de materias primas.
Sin embargo, el verdadero ajuste no se produjo en la renta variable, sino en los mercados de materias primas. El gas natural se disparó un 25% en la apertura, reflejando el temor a disrupciones en las rutas de suministro y a un endurecimiento adicional de la oferta energética. En paralelo, el oro repuntó un 3,2% hasta los 5.418 euros por onza, confirmando la búsqueda de activos refugio y la priorización de la preservación de capital frente a la rentabilidad.
El gran protagonista fue el petróleo. El Brent Crude llegó a rozar subidas del 10%, situándose en el entorno de los 80 dólares por barril, casi diez dólares por encima del nivel de hace una semana. Este movimiento no es un simple rebote coyuntural: introduce un shock de oferta en una economía europea que apenas empezaba a consolidar la desinflación.
Europa depende en gran medida de la energía exterior, por lo que un crudo sostenido en estos niveles —o más elevado si la escalada continúa— se traduciría en mayores costes de transporte, presión directa sobre la industria intensiva en energía y encarecimiento progresivo de bienes y servicios. Esa dinámica erosiona márgenes empresariales justo cuando comenzaban a estabilizarse tras la crisis energética de 2022 y reduce la renta disponible de los hogares, afectando al consumo.
Impacto del comercio internacional
El segundo impacto que amenaza con intensificarse es el del comercio internacional. Las navieras Maersk y Mediterranean Shipping Company (MSC) anunciaron este domingo la suspensión temporal de la circulación por el estrecho de Ormuz, una de las arterias estratégicas del transporte marítimo global, ante el aumento de la tensión en Oriente Medio.
Para dimensionar su relevancia: por el estrecho de Ormuz transita aproximadamente el 12% del comercio mundial y cerca del 28% del crudo que se consume en el planeta. Para Europa, además, es una vía crítica: en torno al 25% del tráfico marítimo entre Asia y el continente europeo depende de ese paso. No es un corredor más: es el principal cuello de botella energético global.
Aproximadamente una quinta parte del consumo mundial de petróleo cruza diariamente ese punto, de modo que un cierre interrumpiría los envíos procedentes de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Kuwait e Irán, generando escasez inmediata y una fuerte presión alcista sobre los precios de la energía.
¿Qué ocurriría ante un bloqueo efectivo?
Una interrupción significativa y prolongada del tráfico elevaría de forma abrupta el precio del crudo, tensionando aún más el mercado energético. Algunos analistas apuntan que un escenario sostenido podría impulsar el barril por encima de los 100 dólares, reintroduciendo un shock inflacionario de primera magnitud en las economías importadoras y obligando a revisar previsiones de crecimiento.
De momento, las compañías han optado por la prudencia operativa. En un comunicado, Maersk (una de las mayores firmas mundiales de transporte de contenedores) ha señalado que la suspensión se mantendrá hasta nuevo aviso, lo que puede traducirse en retrasos, desvíos y ajustes de escalas en los servicios con destino o salida de puertos del Golfo Pérsico. La naviera también ha anunciado la reconfiguración de rutas alternativas a través de Bab el-Mandeb y el Canal de Suez, priorizando la seguridad de sus tripulaciones.
Por su parte, MSC ha confirmado igualmente la paralización de sus operaciones en la zona y ha asegurado que seguirá evaluando la evolución del conflicto en coordinación con las autoridades competentes. Las reservas se reanudarán únicamente cuando las condiciones de seguridad lo permitan.
A la cautela de los grandes operadores europeos se suma ahora Asia. La compañía japonesa Ocean Network Express (ONE), con sede en Singapur, informó este lunes de que suspende temporalmente su actividad “hacia y desde” el Golfo Pérsico ante la rápida evolución de la situación de seguridad en Oriente Medio. El anuncio llega después de que las tres principales navieras japonesas —Mitsui O.S.K. Lines, Nippon Yusen y Kawasaki Kisen— también hayan paralizado su tránsito por el estrecho tras la escalada de ataques derivada de la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Cabe recordar, además, que el presidente estadounidense, Donald Trump, ha reconocido que el cruce de ataques podría prolongarse durante semanas. Si ese escenario se materializa, el impacto dejaría de ser coyuntural para convertirse en estructural: mayores costes logísticos, incremento de primas de seguro marítimo, tensiones en la cadena de suministro y, en última instancia, traslación a precios finales.
La guerra, por tanto, no solo sacude los mercados financieros en la apertura. Empieza a redibujar las rutas del comercio global y amenaza con encarecer de forma sostenida la energía y el transporte, dos vectores críticos para la estabilidad macroeconómica. Si el conflicto se prolonga, el ajuste dejará de ser financiero para convertirse en plenamente macroeconómico. La cuestión ya no es cuánto cae la bolsa, sino cuánto tiempo puede resistir la economía europea un nuevo shock energético.
Maria ToldràGraduada en Periodismo por la Universitat de València, está especializada en periodismo de datos tras cursar el Máster en Periodismo de Investigación, Datos y Visualización de Unidad Editorial. Ha crecido profesionalmente en El Mundo y Europa Press. Desde 2026 es redactora en Economía 3 y bucea entre cifras económicas.












