España bate récords de turismo, pero no todo el gasto se queda en el país
España encadena máximos históricos de visitantes y gasto turístico, pero una parte del dinero termina en plataformas digitales, aerolíneas extranjeras e importaciones, reduciendo el impacto real sobre la economía nacional
España atraviesa uno de los mejores momentos de su historia en cuanto a turismo se refiere. Lejos de dar señales de agotamiento, el sector continúa batiendo récords de visitantes y de gasto, consolidándose como uno de los grandes pilares de la economía española. Solo en 2025, los turistas internacionales gastaron 134.712 millones de euros, un 6,8 % más que el año anterior, según la Encuesta de Gasto Turístico (Egatur) del Instituto Nacional de Estadística (INE).
La tendencia continúa en 2026, con cifras que apuntan a un nuevo máximo histórico impulsado por el incremento del gasto medio por viajero y la fortaleza de mercados como Reino Unido, Francia, Alemania o Estados Unidos.
El turismo representa ya alrededor del 13 % del Producto Interior Bruto (PIB) y genera cerca de tres millones de empleos, entre directos e indirectos, de acuerdo con las estimaciones de Exceltur y el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC).
En comunidades como la Comunitat Valenciana, Baleares, Canarias o Andalucía, su peso es aún mayor, convirtiéndose en un elemento esencial para el crecimiento económico, el empleo y la inversión.
Sin embargo, detrás de estas cifras récord existe una pregunta que cada vez cobra más importancia entre economistas y expertos en competitividad: ¿todo el dinero que gastan los turistas permanece realmente en España?
El turismo, una de las principales exportaciones de España
Desde un punto de vista económico, el turismo funciona como una gran exportación de servicios. En lugar de enviar productos al extranjero, España recibe visitantes que consumen alojamiento, restauración, transporte, ocio o comercio dentro del país. Ese dinero entra en la economía nacional igual que lo haría una exportación industrial y constituye uno de los principales componentes positivos de la balanza de pagos española, según el Banco de España.
No obstante, el impacto final depende de quién presta cada servicio y de dónde terminan los beneficios generados. Por ello, los economistas analizan no solo el gasto turístico total, sino también la capacidad de la economía para retener ese dinero y hacerlo circular entre empresas y trabajadores.
Hoteles: una parte importante del valor sí se queda en España
El alojamiento concentra una de las mayores partidas del gasto turístico. España cuenta con algunas de las cadenas hoteleras más importantes del mundo, como Meliá Hotels International, Barceló Hotel Group, RIU Hotels & Resorts o Iberostar Hotels & Resorts, compañías de capital español que reinvierten buena parte de sus beneficios en nuevos establecimientos, modernización, empleo y compras a proveedores nacionales.
De hecho, cuando un turista se aloja en un hotel gestionado por una empresa española, el dinero contribuye a pagar salarios, impuestos, mantenimiento, suministros o inversiones que permanecen, en gran medida, dentro del país. Sin embargo, el escenario cambia cuando el establecimiento pertenece a un fondo de inversión internacional o a una cadena extranjera. En esos casos, parte de los beneficios acaba distribuyéndose entre accionistas fuera de España, reduciendo el efecto multiplicador sobre la economía nacional.
El peso creciente de las plataformas digitales
A esta realidad se suma el protagonismo de las plataformas digitales de reservas. Hoy millones de viajeros organizan sus vacaciones a través de Booking.com, Airbnb o Expedia, empresas que han revolucionado la comercialización turística y permitido a miles de alojamientos acceder a clientes internacionales.
Sin embargo, estas plataformas también capturan una parte importante del valor generado. Las comisiones que cobran por cada reserva pueden situarse entre el 15 % y el 20 % del importe pagado por el cliente. Aunque desarrollan actividad en España, buena parte de sus beneficios se registra en otros países, donde se encuentran sus sedes fiscales.
Esto significa que una parte del dinero que el turista destina a su alojamiento nunca llega realmente al establecimiento o abandona posteriormente la economía española.
Las aerolíneas también deciden dónde termina el gasto
El transporte constituye otro ejemplo de cómo el dinero puede tomar caminos muy diferentes. Si un turista británico o alemán viaja con una aerolínea española, parte del precio del billete contribuye a generar empleo, impuestos e inversión en España. Sin embargo, millones de visitantes llegan cada año en compañías extranjeras, cuyos ingresos se contabilizan principalmente fuera del país.
Además, muchos paquetes vacacionales son comercializados por grandes turoperadores internacionales que concentran parte del valor del viaje antes incluso de que el turista llegue al destino.
Restauración y comercio: donde más riqueza se genera
Donde el impacto económico resulta más directo es en la restauración y el comercio local. Cada comida en un restaurante, cada compra en un pequeño establecimiento o cada servicio contratado durante las vacaciones genera actividad para miles de empresas españolas, muchas de ellas pequeñas empresas y autónomos.
Además del empleo directo, este gasto impulsa sectores como la agricultura, la pesca, la industria alimentaria, la distribución o la logística. Precisamente por ello, los economistas consideran que la restauración posee uno de los mayores efectos multiplicadores de toda la cadena turística.
El efecto de las importaciones
No todo lo que consume un turista se produce en España. Muchos hoteles adquieren mobiliario, tecnología o equipamientos fabricados en otros países, mientras que restaurantes y comercios venden productos importados que forman parte de la oferta turística.
Esto provoca que una parte del gasto salga nuevamente al exterior para pagar proveedores internacionales. Es un fenómeno normal en una economía globalizada, aunque reduce el porcentaje de riqueza que finalmente permanece en España.
La clave está en el efecto multiplicador
Los economistas utilizan el concepto de efecto multiplicador para medir la capacidad de cada euro gastado de seguir generando actividad económica.
Cuando un turista paga una habitación de hotel, una comida o una excursión a una empresa local, ese dinero puede destinarse posteriormente a salarios, compras a proveedores españoles, inversiones o impuestos. El mismo euro genera riqueza varias veces antes de salir del circuito económico.
En cambio, cuando una parte importante del gasto se destina a pagar comisiones internacionales, dividendos de multinacionales o importaciones, ese efecto multiplicador disminuye y el impacto sobre la economía española es menor.
El reto ya no es atraer más turistas, sino capturar más valor
España ha demostrado que puede atraer a millones de visitantes cada año. El siguiente desafío consiste en conseguir que una mayor parte del dinero que dejan esos turistas permanezca en el tejido empresarial nacional.
Cada vez más expertos coinciden en que el éxito turístico ya no debe medirse únicamente por el número de visitantes, sino por la capacidad de generar empleo de calidad, fortalecer las empresas locales y aumentar el valor añadido de cada viaje.
De esta forma, el verdadero reto no es solo seguir batiendo récords de turistas, sino conseguir que cada euro gastado contribuya en mayor medida al crecimiento de la economía española.
Rafa DasíGraduado en Periodismo por la Universidad CEU Cardenal Herrera, con especialización en información económica y financiera del tejido empresarial valenciano. Encargado del contenido diario y de la gestión de las distintas plataformas de Economía 3, así como presentador del pódcast Las 5 claves.








