El repunte de la inflación vuelve a poner a prueba a los mercados
Juan José Fernández-Figares, Director de Gestión de Instituciones de Inversión Colectiva en Link Securities
Buscar inversión es una de esas decisiones que, desde fuera, parece mucho más sencilla de lo que realmente es. Ves a otras empresas levantar rondas, anunciar nuevos inversores y acelerar su crecimiento, y es fácil pensar que ese es el siguiente paso natural para cualquier startup.
Ahora que estamos en plena búsqueda de financiación para Futboleras, puedo decir que la realidad es bastante más compleja. Pasas de preguntarte cómo conseguir inversión, a cuándo tiene sentido salir a buscarla.
Y creo que ese es uno de los errores más habituales al emprender: pensar que una ronda es un objetivo. No lo es. Es una herramienta financiera que debería llegar cuando existe una necesidad concreta de capital y una empresa sabe qué va a hacer con él.
No hace falta esperar a ser una gran empresa. De hecho, muchas compañías levantan sus primeras rondas cuando todavía están construyendo su modelo. Pero sí creo que hay una diferencia entre necesitar dinero para tener una idea y necesitar dinero para hacer crecer algo que ya has empezado a construir.
Antes de hablar con inversores, un emprendedor debería poder demostrar, al menos, que existe un problema que está resolviendo. Tener clientes o usuarios, algún tipo de tracción y una hipótesis razonable de cómo puede convertirse esa actividad en un negocio.
No significa tener todas las respuestas. Una startup precisamente se construye mientras encuentra esas respuestas. Pero sí tener suficientes datos para poder explicar qué has aprendido y por qué crees que el siguiente paso tiene sentido.
También recomendaría no esperar a quedarse sin dinero para empezar a buscar financiación, ya que una ronda tarda tiempo. Hay que preparar el proyecto, ordenar las métricas, construir el relato financiero, identificar inversores, mantener reuniones, negociar y cerrar. Si empiezas a buscar capital cuando tienes una urgencia de caja, tu posición negociadora cambia completamente.
Por eso, una de las primeras cosas que haría cualquier CEO es calcular cuánto tiempo tiene realmente la empresa y cuánto necesita para llegar al siguiente hito.
No se trata simplemente de decir «necesitamos 150.000 euros». Hay que saber qué significan esos 150.000 euros: cuántos meses de actividad cubren, qué parte se destinará a equipo, tecnología o captación y qué resultados deberían producir.
Otra recomendación: no levantaría una ronda simplemente porque existe la posibilidad de hacerlo.
El dinero también tiene un coste. No solo por la participación que cedes en la empresa, sino por las expectativas que genera. Si consigues capital para crecer un 50% y finalmente creces un 10%, tendrás que explicar por qué. Si contratas antes de tener claro el modelo, tendrás una estructura de costes que puede ser difícil de sostener.
Por eso me parece más útil pensar en la inversión como una aceleración. Si hoy tu empresa avanza a una determinada velocidad, ¿qué podrías conseguir con capital que no podrías conseguir sin él?
Puede ser contratar a una persona para cubrir un puesto que hará un cambio, desarrollar una tecnología, entrar en un mercado o aumentar la capacidad comercial. Pero si la única respuesta es «crecer más», probablemente todavía falta trabajo por hacer.
También creo que los emprendedores deberían dedicar más tiempo a elegir qué tipo de inversor necesitan.
No todos aportan lo mismo ni buscan lo mismo. Hay inversores que aportan principalmente capital y otros que pueden aportar conocimiento del sector, contactos, experiencia operativa o acceso a nuevos mercados. Para una empresa pequeña, ese acompañamiento puede ser tan importante como el dinero.
Después de estar ahora al otro lado de la mesa, buscando financiación, también me he dado cuenta de que una ronda te obliga a mirar tu propia empresa con otros ojos. Te obliga a ordenar números, cuestionar decisiones y, sobre todo, a explicar por qué crees que el negocio merece seguir creciendo. Es un ejercicio incómodo, pero probablemente uno de los más útiles que puede hacer un CEO.
Mi principal aprendizaje hasta ahora es que buscar inversión no consiste tanto en convencer a alguien de que invierta en tu empresa, sino en tener claro tú mismo por qué necesitas que lo haga. Si sabes qué quieres conseguir, cuánto necesitas y qué puede cambiar ese capital en tu negocio, la conversación con un inversor empieza desde un lugar completamente diferente.
Juan José Fernández-Figares, Director de Gestión de Instituciones de Inversión Colectiva en Link Securities
Sergio Alfaro, consejero delegado en Ocide
Ilian Radoytsov, Chief Commercial Officer en AuraQuantic
Carlos Romera, CEO en Real Cober