Profesionales tecnológicos

Profesionales tecnológicos: más y con propósito

Desde el S.XIX, las universidades europeas y americanas adoptaron dos misiones fundamentales: formar profesionales y hacer ciencia. Estas dos motivaciones entraron, así, a formar parte de su esencia como instituciones educativas, transmisoras de conocimiento y garantes del saber. El impacto que ha tenido y tiene desde entonces la educación superior universitaria en el progreso social y económico es indudable.

Así, indicadores como el EU Social Progress Index de la Unión Europea, – que tiene como objetivo medir el progreso social de cada región de la UE como complemento de las medidas tradicionales de progreso económico, como el Producto Interior Bruto (PIB) -, señala entre sus variables clave para medir el bienestar de las naciones europeas algunas como el acceso a la educación superior, los años de educación superior recibida, la inequidad en la obtención de la educación y la importancia de las universidades.

Esto es así, entre otras cosas, por la relación persistente entre la educación superior, en concreto, la educación universitaria, y la posibilidad de inserción en el mercado laboral.  Pero este binomio que parecía incuestionable en el SXX, se ha desdibujado en el SXXI, ante realidades como la falta de perfiles profesionales demandados por las empresas y el mercado laboral.

El ejemplo más paradigmático lo encontramos en el sector tecnológico, en el que las alarmas han saltado ante la dificultad de fichar perfiles formados en tecnologías como la Inteligencia Artificial, el Deep Learning, la ciberseguridad, el Procesamiento de Lenguaje Natural (NLP) o la automatización de procesos. Así, un estudio reciente de IBM (NYSE: IBM) señalaba la magnitud del déficit de profesionales con estas competencias en toda Europa. Y esto en un contexto en el que el Foro Económico Mundial predice que en 2022 tendremos 133 millones de trabajos nuevos, muchos de los cuales requerirán competencias relacionadas directamente con las carreras STEM.

España no es una excepción, ya que se estima que hay 10.000 puestos de trabajo en el ámbito de la tecnología que no se pueden cubrir actualmente por la escasez de perfiles cualificados, según recoge el informe «El desafío de las vocaciones STEM» de DigitalES. Pero, además, a este hecho se une que muchos de los trabajos con mayor demanda hoy, desaparecerán de aquí al 2030 y serán reemplazados por trabajos relacionados directa o indirectamente con los campos de Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, tal y como predice la OCDE.

Todo esto rompe con esa misión fundamental que adoptaron las universidades a comienzos del S.XIX y a la que nos referíamos al inicio, de formar profesionales, que tanto desarrollo y progreso ha generado. Por tanto, es indudable que estamos en el momento de repensar la conexión que existe entre la universidad y las empresas.

Desde el inicio de la pandemia del COVID-19, el avance de la tecnología ha crecido de manera exponencial, esto junto a la extensión de la economía digital transforman profundamente la forma en la que concebimos, organizamos y realizamos el trabajo. La formación universitaria no puede ser ajena a esta realidad. Para responder a las empresas en sus necesidades de formación de nuevos perfiles tecnológicos, las universidades del S.XXI debemos asumir la velocidad y la innovación formativa continua como parte nuestro ADN. Y esto pasa por hacer también partícipes a las empresas en el proceso de diseño de los planes de estudios y programas. En este sentido, en VIU antes de lanzar un programa formativo contamos con un comité de expertos profesionales que aseguran que los programas que diseñamos se adaptan a la realidad que demanda las empresas.

Otro punto, no menos importante, que redefine la nueva conexión que debe existir entre universidad y empresas para paliar la brecha de nuestro mercado laboral y la falta de perfiles es el long learning. Según Adecco Group, los trabajadores perdemos cerca del 40% de nuestras habilidades cada tres años como consecuencia de la rapidez de los avances tecnológicos. A los 10 años estamos obsoletos, si no actualizamos los conocimientos para seguir siendo empleables. Por ello, las universidades deben trabajar junto al tejido empresarial en un nuevo concepto de formación permanente que consiga que tanto los empleados como las empresas no pierdan competitividad.

Tampoco podemos pasar por alto la necesidad de nuevos marcos de colaboración empresa-universidad que fomenten las nuevas ideas, el hacer ciencia y el emprendimiento. Mucho hemos oído hablar de esto en los últimos años, pero este tipo de entorno cooperativo, adquiere ahora una dimensión mucho más trascendente. Ya no hablamos de fomentar esta cooperación para que nuestros alumnos creen sus propias empresas, sino para que sean capaces de ser intraemprendedores en cualquier empresa en la que trabajen. Ya no hay que pensar solo en alumnos ayudando a solventar casos empresariales, sino en alumnos y empresas buscando soluciones a problemas de impacto social. Y no podemos quedarnos sólo en la investigación universitaria académica, sino que tenemos que incrementar exponencialmente los proyectos de transferencia, los consorcios empresa-universidad y los proyectos de investigación conjunta.

Tenemos que entender que hoy las empresas, el mercado laboral y la sociedad reclaman generar y potenciar una nueva manera de pensar y de sentir, un nuevo enfoque de formación y de desarrollo humano integral, que va mucho más allá de las competencias tecnológicas, de subsanar las brechas de conocimientos entre el mundo formativo y el empresarial y de una formación conductual.

En la recién celebrada Graduación 2022 de la Universidad Internacional de Valencia, la madrina Nuria Ávalos, directora general de IndesIA, directora de Consorcios Digitales de Repsol y vicepresidenta de Gaia-X, se refería a la necesidad de que las nuevas generaciones lleguen al ámbito laboral con una idea clara: la necesidad de alinear su personalidad con su talento. Este quizá es el mayor reto actual de la formación universitaria y STEM. Porque como Ávalos recordaba a nuestros alumnos, lo que marca la diferencia hoy es encontrar un propósito a todo lo que haces.

Por eso, en el entorno BANI en el que nos encontramos, necesitamos más que nunca una formación universitaria que ponga las capacidades de las personas al servicio del impacto social, porque como defendemos desde la Escuela Superior de Ingeniería, Ciencia y Tecnología de VIU, la tecnología en sí misma no es nada, sino tiene como propósito el progreso social y el servicio a los demás. Porque, en palabras de la madrina de Graduación 2022 de VIU, «solo arriesgando en ese servicio y poniendo nuestras capacidades al servicio de los demás, conseguiremos el cambio que buscamos».

Acerca del autor

El Dr. Nestor Sánchez Doreste es director de la Escuela Superior de Ingeniería, Ciencia y Tecnología de la Universidad Internacional de Valencia (VIU).

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