Coche

Incertidumbre en el sector del motor, ¿cuándo me entregarán mi coche nuevo?

La incertidumbre se cierne sobre el futuro del sector del coche español, que aporta el 11 % al Producto Interior Bruto (PIB) y emplea a 1,8 millones de personas, 66.000 de ellas en fábricas de automóviles. Fábricas de que las que, como apunta la Asociación Nacional de Fabricantes de Automóviles y Camiones (Anfac), salen 2,27 millones de vehículos al año.

Datos que convierten al de la automoción en un sector estratégico y sitúan a España como el segundo fabricante europeo de vehículos tras Alemania. De ahí que el impacto de la crisis actual preocupe y se busquen soluciones, mientras se prevé que la normalización llegue a finales de 2023 o 2024. Mientras, los usuarios repiten la pregunta: «¿Cuándo me darán mi coche nuevo?».

El sector de la automoción atraviesa una etapa de incertidumbre. Un sector estratégico que afecta de lleno a la economía nacional. Los nubarrones que se ciernen sobre la economía, en general, y sobre el mercado automovilístico, en concreto, derivados de la crisis generada por la irrupción impensable del conflicto bélico desatado tras la invasión rusa de Ucrania, se suman a la crisis del sector que empezaba a salir de la recesión vivida por la economía en los años de la pandemia.

Transición ecológica

A ello, se añade la transición hacia un tipo de vehículos ecológicos y ecoeficientes, basados en energías limpias para cumplir las demandas de la Unión Europea en su proceso de descarbonización del sector. Esta situación propicia que muchos empleos estén pendientes del desenlace del conflicto bélico y el efecto más próximo lo observan los ciudadanos que no saben cuánto tiempo deberán esperar para tener su vehículo nuevo en la puerta.

Según apuntan desde Faconauto, el tiempo medio de entrega de un coche nuevo es hasta seis veces superior al de 2019. En concreto, en el caso del vehículo eléctrico, asciende hasta los siete meses frente a los cinco para los automóviles con motores de combustión.

Ralentización del mercado

En este contexto, las asociaciones profesionales del sector consideran que la evolución del mercado se ralentizará por múltiples causas. Por ello, entre sus previsiones, tal y como se apuntó en un reciente encuentro de expertos auspiciado por la Asociación Española de Proveedores de Automoción (Sernauto), quedó patente que la forma en la que superemos los efectos de los más de dos años de convivencia con la pandemia –sumada a la crisis de suministros, los conflictos geopolíticos, la huelga de transportistas y el incremento de los costes de producción– van a determinar la evolución del sector.

Apreciaciones con las que coincide Mónica Alegre, presidenta del Clúster de la Automoción de la Comunitat Valenciana (AVIA), que señala que «después de seis meses, la guerra mantiene un estado de inestabilidad en Europa que merma la confianza de los consumidores y, por tanto, su intención de compra. Además, el conflicto bélico ha generado el encarecimiento de productos, lo que está provocando la subida del IPC, el empobrecimiento de los ciudadanos, y, de nuevo, un motivo adicional para que los consumidores eviten invertir en la adquisición de nuevos vehículos».

España, líder europeo

Con casi 2,27 millones de vehículos, España es el segundo productor de Europa tras Alemania y el octavo mundial. Los datos de Faconauto confirman el potencial del sector. En 2020 se posicionó como el primer fabricante europeo de vehículos industriales, el segundo de turismos y el cuarto de componentes. Además, el peso de este sector se agranda al valorar el entramado de interacciones con otras actividades económicas y laborales y el efecto de arrastre en el campo de la innovación tecnológica. Un efecto que contribuye a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, al tiempo que se constituye en soporte del comercio internacional y en un transporte que permite la movilidad de los ciudadanos; valores que ha tenido en cuenta la Comisión Europea al aprobar las aportaciones al sector en los fondos Next Generation EU.

España es el segundo productor de Europa tras Alemania y el octavo mundial

Por ello, preocupan los lastres que condicionan la recuperación de un sector que no atraviesa su mejor momento, como señala la presidenta de AVIA: «Desgraciadamente, estamos viviendo años muy convulsos, donde es difícil hacer esa predicción. Tanto desde la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA) como desde Sernauto se hablaba del año 2023. Sin embargo, estas previsiones no tenían en cuenta la escalada de precios y los nuevos motivos de incertidumbre: la guerra, el encarecimiento de la energía y de las materias primas o la crisis en el transporte. Por todo ello, creemos que quizá esa recuperación pueda hacerse esperar».

Esas dudas acaban afectando al consumidor, que ve como en el último año se acumulan los retrasos en los plazos de entrega de vehículos. Algo que depende de múltiples vectores, como apunta Mónica Alegre, al recordar que en la situación actual «convergen un gran número de variables, como la falta de microchips, que sigue lastrando la producción y que ha sido uno de los principales detonantes del problema. Sin estos componentes, los vehículos actuales no se pueden fabricar, por lo que no se pueden entregar».

Retos a afrontar

En el contexto actual, los problemas de todos los sectores –y el de la automoción no es una excepción– son globales. Por ello, al tiempo que se encara la necesaria transición ecológica, es preciso evolucionar tecnológicamente el coche, como recuerdan los distintos agentes implicados en el sector. De ahí que en el sector se considere preciso acometer grandes cambios con una estrategia clara que pasa por la implementación de medidas contra el cambio climático, introducir procesos de digitalización, asumir las demandas de los usuarios en lo tocante a sus preferencias de movilidad… Y todo ello, en el caso español, con una apuesta gubernamental por relanzar el sector del coche mediante importantes inversiones de fondos europeos para la recuperación tras la pandemia: los Next Generation.

Para Alegre, el sector del coche español –como el europeo– «tiene por delante el reto de la electrificación y la movilidad sostenible. Para ello debe haber una gran colaboración público-privada. Los fabricantes de vehículos y de componentes estamos trabajando en piezas más ligeras, en métodos de propulsión eléctricos, con mayor autonomía. Al tiempo que nos esforzamos para que los procesos de recarga de baterías sean más rápidos».

Añade que «los procesos productivos son cada vez más sostenibles y digitalizados» y que las empresas del sector en la Comunitat Valenciana «son altamente competitivas». Sin embargo, apostilla, «es necesario que haya más puntos de recarga para que el usuario del vehículo eléctrico pueda alimentar la batería de su coche, sea cual sea su origen y destino, y trabajar conjuntamente para conseguir el abaratamiento del precio de los vehículos eléctricos».

Los fabricantes de componentes de automóviles debemos entender que el paradigma de la movilidad ha cambiado

La presidenta de AVIA apunta a la innovación como otro de los retos a afrontar para «cumplir con las expectativas de la nueva movilidad. Los ciudadanos ya no piensan en un vehículo, sino en cómo llegar de un punto a otro. Y los fabricantes de componentes de automóviles debemos entender que el paradigma de la movilidad ha cambiado. Vamos hacia una menor producción de vehículos, pero estos serán de mayor valor añadido, ya que contarán con más tecnología, serán más autónomos y estarán conectados. Esto nos da otra derivada y es la necesidad de atraer talento para esta nueva industria del coche más tecnológica».

Además, en el sector se asiste con expectación a la evolución del tamaño de sus empresas, toda vez que está inmerso en un proceso de concentración empresarial para adaptarse a los retos; al tiempo que se asiste a la entrada de nuevos competidores, casos de empresas tecnológicas que ven una posibilidad de acceder al negocio.

Fondos europeos

El sector encara el futuro cercano con el objetivo prioritario de mantener la posición privilegiada que ocupa en estos momentos, tanto en al ámbito europeo como mundial. Por ello, las asociaciones ven en la gestión de los fondos de reconstrucción europeos una oportunidad para asentar esa posición; al tiempo que para afrontar la meta de alcanzar los objetivos de descarbonización fijados por la Unión Europea a fin de reducir las emisiones de CO2.

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