Warren Buffett

Analizamos la estrategia de inversión del «oráculo de Omaha», Warren Buffett

Conocido como «el oráculo de Omaha», a sus 92 años y todavía en activo, Warren Buffett está considerado el mejor inversor de todos los tiempos.

Su firma de inversión, Berkshire Hathaway, es hoy la séptima empresa más valiosa del mundo. Analizamos el método de este gurú de las finanzas y cómo a través de los estados financieros se puede detectar qué empresas tienen una ventaja competitiva duradera para poder invertir con éxito.

Si tuviéramos que asociar la palabra éxito a un particular, dentro del ámbito de los mercados bursátiles, a todos nos viene a la cabeza el nombre de Warren Buffett. El célebre inversor y empresario norteamericano, popularmente conocido como «el oráculo de Omaha» (Nebraska, Estados Unidos), podría perfectamente considerarse como el mejor inversor de todos los tiempos.

Desde que en 1951 obtuviera su máster en Economía en la Universidad de Columbia, donde ya destacó en las clases que recibió por parte de su profesor y mentor Benjamin Graham, Buffett no ha dejado de incrementar su patrimonio debido a sus intachables criterios de inversión. De hecho, este gurú financiero ha ostentado en más de una ocasión la condición de persona más rica del mundo.

Hoy en día y con la idea de la jubilación completamente fuera de su radar, a pesar de sus 92 años cumplidos, Warren Buffett continúa al frente de Berkshire Hathaway. Esta firma de inversión, que fue en origen una empresa dedicada al sector textil y cuya adquisición completó Buffett en 1965, es en la actualidad la séptima empresa más valiosa del mundo.

De 7,5 dólares por acción a 400.000

Con una capitalización bursátil que supera hoy en día los 600.000 millones de dólares esta compañía –matriz del holding empresarial de Warren Buffett– es el fiel reflejo de su impecable trayectoria en los mercados. De este modo, cuando Warren comenzó a adquirir acciones de Berkshire Hathaway estas cotizaban a un precio de 7,5 dólares por acción. En la actualidad, superan holgadamente los 400.000 dólares por cada título disponible en el mercado. Una revalorización espectacular, completamente utópica para el resto de los mortales, pero no para «el oráculo de Omaha».

Pero, ¿cuál ha sido el método de este gurú financiero? Si por algo se han caracterizado las inversiones de Warren Buffett –además de por sus desorbitados beneficios– son por una metodología bastante definida. Una serie de pautas que le han permitido invertir (casi) siempre en empresas realmente excepcionales y que han sido la clave de su éxito.

En Economía 3 desgranamos a fondo el principal legado académico de Warren Buffett: su excepcional teoría sobre compañías que tienen una ventaja competitiva duradera. Además, y más importante todavía, haremos hincapié en cómo, a través de los estados financieros, podemos detectar esta clase de empresas para poder invertir con el mismo criterio que aplica el gurú financiero por excelencia.

Inversión en valor de Benjamin Graham, el punto de partida

Para ir al origen de Warren Buffett como inversor, primero tenemos que echar la vista atrás hacia su profesor y mentor, Benjamin Graham.

Tras un, probablemente el mayor de la historia, frenesí especulador en Wall Street en la década de los años 20 llegó el crac bursátil de 1929. Fue a principios de la década de los 30 y tras el colapso de los mercados cuando un joven –por aquel entonces– Benjamin Graham se percató de que los grandes inversores (los pequeños, ni imaginar) de bolsa norteamericanos no se preocupaban en absoluto por los aspectos económicos a largo plazo de las empresas que «compraban y vendían».

Graham también observó que estos grandes especuladores eran la causa directa de que las acciones de una compañía subieran o bajaran en picado. Fue en este cenit de locura donde vio su oportunidad perfecta para hacer fortuna.

El joven emprendedor de Wall Street llegó a la conclusión de que si invertía en empresas sobrevendidas (con presión bajista por parte de los especuladores) a precios inferiores a su valor intrínseco a la larga el mercado reconocería su «error» y el precio de la acción subiría hasta aproximarse a ese valor intrínseco. Esto es el soporte de lo  que conocemos como la inversión en valor, teoría de la que a Benjamin Graham podríamos considerar como su padre teórico.

En su paradigma, todas las empresas tenían un precio que podría considerarse una ganga. Por ello, Graham concentró sus esfuerzos inversores en compañías que cotizaran a mitad de precio de lo que reflejaba su capital contable. Esta práctica la denominaba «comprar un dólar a 50 centavos».

¿Qué convirtió a Warren en una persona inmensamente rica?

Warren, ya en los 50, trabajó junto a Graham y se especializó en el arte de detectar compañías infravaloradas (mediante la lectura de los estados financieros) que su mentor le había enseñado.

No obstante, para Buffett esta metodología presentaba algunos inconvenientes. El primero, sin ir más lejos, era que no todas las empresas infravaloradas se acaban revalorizando. De este modo, siempre había grandes perdedores que suponían un impacto negativo para la cartera de inversión. Sin embargo, Graham trató de protegerse de este hecho con una amplia diversificación de su cartera, algo que posteriormente replicaría también «el oráculo de Omaha».

Otro importante límite de la estrategia que detectó era que Graham se deshacía de cualquier inversión que no se revalorizara en un plazo de dos años. Además, cuando Graham obtenía en un valor una rentabilidad del 50 % vendía automáticamente.

Warren comprobó que muchas compañías que habían adquirido y vendido bajo esta norma del 50% continuaban revalorizándose año tras año. Para Buffett esto resultaba tremendamente frustrante ya que suponía perder auténticas oportunidades de negocio solo por abandonar el barco antes de tiempo.

Por ello, el gurú financiero se focalizó en el análisis financiero detallado de estas compañías que había dejado pasar desde una perspectiva que le permitiera identificar qué aspectos financieros las convertían en inversiones ideales a largo plazo. Tras su análisis, comprobó que estas empresas presentaban algún tipo de ventaja competitiva que les permitía cobrar más por sus productos o vender mucho más y que, además, todas ellas ganaban mucho más dinero que su competencia.

Asimismo, Buffett se dio cuenta de que si estas empresas podían mantener su ventaja competitiva en el tiempo su valor no cesaba nunca de crecer. También, se percató de que los especuladores de Wall Street acababan reconociendo a la larga el valor de estas compañías, lo cual derivaba en que el precio de sus acciones subiera y, por tanto, se beneficiara aún más .

Por último, un aspecto que podríamos tildar de mágico y que descubrió era que, debido a los excelentes estados financieros que presentaban estas compañías, la posibilidad de que cayeran en bancarrota era una quimera. Esto significaba que cuanto más bajo cayera el precio de estas acciones por culpa de las presiones especuladoras menos riesgo corría si las compraba. Es decir, los momentos bajistas de estos títulos representaban, todavía, un mayor beneficio potencial.

Estos descubrimientos iban a contribuir a que Warren Buffett se convirtiera en una de las personas más ricas del mundo, privilegio que no ha abandonado desde que definiera su revolucionario metodología que hoy en día todavía perdura.

Identificación de empresas con ventaja competitiva

Para Warren Buffett son las compañías que tienen una ventaja competitiva duradera las que nos pueden convertir en verdaderamente ricos por lo que, antes de nada, hay saber cómo y dónde identificarlas. Estas excepcionales empresas, por lo general, suelen pertenecer a tres modelos de negocio básicos.

  1. Vender un producto básico: Este sería el escenario de algunas de las inversiones predilectas de Buffett. Coca-Cola, el fabricante de chicles Wrigley, la célebre alimentaria Kraft Heinz, etc. A partir del proceso de necesidad y la experiencia de los clientes (añadiéndole, además, la promoción a través de la publicidad) estos fabricantes han introducido sus «historias» en las mentes de los consumidores. Así estos están directamente inducidos y recurren a estos productos cuando quieren satisfacer una necesidad.

Estas empresas no deben cambiar (sustancialmente) nunca su producto, lo cual es realmente positivo. Asimismo, estas empresas tan interiorizadas en la mente del consumidor pueden cobrar unos precios más altos (mayores márgenes), hecho que acaba manifestándose de forma maravillosa en sus estados financieros.

  1. Vender un servicio único: En este elenco nos encontraríamos con empresas como Moody’s, American Express, Wells Fargo, etc. Estas compañías venden servicios que la gente necesita y por los que está dispuesto a pagar. No obstante, y a diferencia de, por ejemplo, un médico o un abogado, estas empresas son vistas como una institución y no como un conjunto de personas individuales. Es esta razón la que verdaderamente las dota de una ventaja competitiva.

Desde el punto de vista económico, ofrecer un único servicio puede ser muy positivo. Esta clase de empresas no tienen que invertir mucho dinero rediseñando sus productos ni tampoco realizando grandes inversiones en inmovilizado. Al igual que en el caso anterior, estos vendedores de servicios únicos se encuentran muy presentes en la mente de sus clientes lo que te traduce, nuevamente, en márgenes más amplios.

  1. Ser el comprador y el vendedor de bajo coste de un producto o servicio que los consumidores necesitan regularmente: En este caso, dos ejemplos reveladores que integran la cartera del «oráculo de Omaha» serían Costco y Wall Mart. En estos casos se renuncia a elevados márgenes en favor de volúmenes de venta ingentes. La clave y la ventaja competitiva de estas empresas consiste en saber abastecerse y vender a costes realmente bajos. Esta situación les va a permitir márgenes más elevados que los de su competencia y, al mismo tiempo, mantener su condición de vendedores de bajo coste.

Durabilidad de la ventaja competitiva, aspecto clave

La maximización del beneficio que nos puede aportar una empresa en la que invertimos está directamente relacionada con el tiempo que dicha empresa sea capaz de mantener su ventaja competitiva. Bajo esta premisa, para Buffett la durabilidad de la ventaja competitiva es el billete de ida hacia la riqueza.

Para desarrollar este concepto, Coca-Cola sería, de nuevo, el ejemplo ideal. Una compañía que lleva más de 130 años vendiendo el mismo producto y que, probablemente dentro de otros 130 continúe haciéndolo.

Es la robustez de un producto o un servicio lo que dota de solidez a las ganancias de una compañía. Si una empresa no tiene la necesidad de modificar con asiduidad su producto, tampoco va a tener que destinar grandes inversiones en investigación o desarrollo. Asimismo, estará exenta de remodelar sus plantas de producción para adaptarlas a ejercicios futuros.

Así, el Cash Flow de la compañía se mantiene en las arcas de la propia empresa lo que se traduce en un incremento de los beneficios. A su vez, una progresión de las ganancias significa una subida en el precio de las acciones y en lo que nos interesa de verdad: accionistas que, de forma progresiva, van incrementando el valor de su patrimonio.

El escenario en el que vamos a ser capaces de diagnosticar si una empresa goza de una ventaja competitiva duradera en el tiempo van a ser sus Estados Financieros.

Claves para determinar empresas con ventaja competitiva por sus estados financieros

«Algunos hombres leen Playboy. Yo leo informes anuales». Con esta célebre sentencia, Warren Buffett manifestaba la necesidad de leer muchos estados financieros e informes anuales para poder identificar empresas con ventajas competitivas duraderas para obtener beneficios extraordinarios.

A continuación, vamos a hacer hincapié en algunas partidas financieras que son clave para detectar estas superestrellas del parqué bursátil. Antes de nada, conviene recordar que para Warren –y para cualquier analista financiero– la información económica de una empresa de un solo ejercicio es irrelevante desde el punto de su valoración. Por ello, Buffett aboga siempre por un estudio detallado de la evolución de las cuentas anuales de una compañía a lo largo de un periodo temporal que oscile entre los ocho y los diez años.

Cuenta de Pérdidas y Ganancias

  • Margen Bruto/% de Margen Bruto – El margen bruto es el dinero que gana una empresa a partir de sus ventas totales y después de restar los costes de dichas ventas. Es decir, la diferencia entre el precio de venta y su coste de producción se define como margen bruto. Esta magnitud dice muy poco por si misma por eso es común calcularlo como un porcentaje sobre las ventas.

Desde la perspectiva de Warren, las empresas que muestran una ventaja competitiva duradera presentan un % de margen bruto sobre ventas tremendamente superior a las que no las presentan. Como norma general (con sus correspondientes excepciones), compañías con márgenes brutos sobre ventas superiores al 40 % acostumbran a tener algún tipo de ventaja competitiva duradera. Pero, como indicábamos al principio, hay que hacer hincapié en la palabra duradera. Por tanto, es necesario realizar un seguimiento de los márgenes durante los últimos diez años para comprobar su solidez. Dentro de la cartera de Buffett casos como Coca-Cola y Moody’s presentan márgenes brutos sobre ventas superiores al 60 %.

  • Beneficio Neto, lo que realmente busca Warren. Una vez que se han deducido todos los gastos e impuestos de los ingresos de una compañía obtenemos sus ganancias netas. Esta partida resulta primordial para determinar si una empresa tiene ventaja competitiva duradera o no.

Lo primero que hay que analizar es si el beneficio neto de la empresa en cuestión muestra una tendencia histórica de crecimiento. Aquí nuevamente la cifra por sí sola nos dice muy poco. Por tanto, hay que evaluarla de nuevo como un % sobre ventas. En este caso, la norma sería la de seleccionar compañías que presenten un histórico de beneficio neto superior al 20 % de sus ventas. Por el contrario, empresas con un margen neto inferior al 10 % operarán probablemente en mercados muy competitivos en los que difícilmente se puede disfrutar de ventaja competitiva de forma prolongada.

Balance de situación

  • Tesorería. Para Warren Buffett, el efectivo y equivalentes de una compañía resulta todo un botín. De hecho, esta partida es una de las primeras que estudia cuando analiza una empresa. Una elevada cifra de efectivo solo puede indicar dos cosas: o la compañía tiene una ventaja competitiva que le reporta una cifra elevada de cash o bien que se ha desprendido de algún activo relevante (esto ya puede ser algo no tan bueno).

Una compañía que dispone de un excedente de efectivo derivado de su actividad comercial es señal de buena salud económica. La clave es determinar que es lo que produce ese exceso de tesorería. La lectura del histórico de balances de la empresa es, nuevamente, una sencilla solución para dar respuesta a la incógnita.

No debemos olvidar que la tesorería es un as ganador en tiempos de crisis, por lo que, si disponemos de ella mientras nuestra competencia no la tiene tendremos el absoluto control de la situación. Y tener el control de la situación es lo mejor que le puede suceder a una empresa.

  • Reservas, el secreto de la fortuna de Buffett. Cuando cierra el ejercicio, el beneficio neto de una compañía puede o bien repartirse vía dividendo o bien comprar acciones propias (otra característica de las empresas con ventaja competitiva). No obstante, existe una tercera opción, guardar esas ganancias para que el negocio siga creciendo. Esta partida donde se «guardan» los beneficios son las reservas. Si las reservas (patrimonio neto) se van incrementando y se utilizan de manera provechosa la imagen económica a largo plazo de una empresa mejora sustancialmente. El propio Warren Buffett tenía una política en Berkshire Hathaway de destinar el 100 % de su beneficio a reservas.

De todos los componentes de un balance, el de las reservas es de los más relevantes. Una empresa que no incrementa sus reservas no aumenta su patrimonio neto y si este no crece, difícilmente va a hacernos ricos invirtiendo en ella.

Estado de Flujos de Efectivo

Las empresas utilizan el principio de devengo. Es decir, contabilizan las ventas en el momento de la transacción, no cuando reciben el pago oportuno. Debido a esto, las compañías deben realizar un seguimiento independiente de flujo de efectivo real que entra y sale del negocio. El Estado de Flujos de Efectivos es el instrumento contable para ello.

El Estado de Flujos de Efectivos nos dice si una empresa ingresa más efectivo que el que gasta. Así de simple. Así de importante.

En este EFE aparece la compra de acciones propias de una compañía. Buffett apuesta por este método para remunerar a los accionistas (entre las distintas posibilidades que veíamos en el apartado anterior). Cuando una empresa compra acciones propias reduce el número de títulos en circulación, por lo que el valor de la participación restante aumenta. Para Buffett, una empresa que recompra sus acciones muestra síntomas de buena situación económica, por lo que hay que estar muy atentos a este detalle.

Por otro lado, los accionistas que reciben dividendos pagan impuestos por ellos. Con la recompra de acciones, los accionistas ven aumentar su patrimonio sin tener que pagar un solo céntimo al Estado. Este «truco» de ingeniería financiera es predilecto de Warren Buffett.

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