Entrevista

Transformismo y supersticiones, nuevos proyectos de Rafael Solaz

Tras el repaso sobre la historia de las pandemias en València, seguimos charlando con el escritor sobre las cuestiones que le ocupan actualmente

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Solaz muestra una de sus figuras africanas. | Foto: Vicente A. Jiménez

La última conversación que Economía 3 mantuvo con Rafael Solaz se centró en la historia de las pandemias en València y cómo el COVID 19 puede transformar nuestros usos y costumbres. Pero tuvimos tiempo para que el escritor nos avanzara cuáles son los temas principales que le ocupan en estos momentos. El más avanzado es Margot. Historia del transformismo valenciano, libro realizado en colaboración con el escritor Juan Barba y que será publicado por la editorial Samaruc. “Antonio Campos (Margot) me ha dicho que si llega a tener un libro en su mano que sea su biografía, se puede morir tranquilo”, señaló Solaz con gran ilusión.

-Veo que el proyecto ya lo tienes muy avanzado.

– En este trabajo intervenimos tres personas. Yo voy me voy a dedicar a la biografía de Margot, un transformista de referencia de los años 70 a los 90. Estamos en contacto todos los días, tengo su archivo fotográfico y de prensa. Me interesa porque es una biografía muy fuerte, en la que se va a contar la lucha por la igualdad en los momentos pre y post democráticos. Estas personas lo pasaron muy mal, porque estaban incluidos en la Ley de Vagos y Maleantes. Además, Juan Barba se está ocupando de la historia del transformismo en València desde principios del Siglo XX hasta nuestros días. Es un libro que veo interesantísimo como historia social, como una historia aún no contada.

-Los transformistas fueron pioneros en el derecho a la diversidad sexual, en lo que hoy conocemos como colectivo LGTBI, integrado con bastante normalidad en la sociedad. Pero existe una parte de la población a la que esta integración sigue molestando. ¿Temes que se pueda producir una regresión de sus derechos?

-Vemos en las noticias que se siguen produciendo palizas. Un señor que se viste de mujer, o que es y se siente una mujer, no es aceptado por cierta parte de la sociedad cercana a la ultraderecha. Pero en las entrevistas que he hecho a algunos transexuales me han hablado de señores de lo más ultraderechistas con quienes han estado en la cama. Es un contrasentido, pero que también hay que respetar. Que cada uno tenga su inclinación sexual, y que se respete la variedad. Pero aún se continua en una lucha. Creo que una libertad plena nunca se va a conseguir.

-Por favor, explícame que son esa especie de tótems africanos que guardas en una vitrina… Me están dando cosa…

– (Nos acercamos a examinar las figuras). Tengo un proyecto que consiste en hacer un estudio sobre supersticiones. No sólo tengo arte africano, sino toda una serie de objetos relacionados con la superstición, europea, española y valenciana. Respecto al arte africano, esto que tengo aquí son Nkisi, unos tótems de brujería.

Todo esto es auténtico. Mira, esto son máscaras, algunas con cabello de alguna chica fallecida. Para mí, este es el mejor: servía para hacer magia. Cada clavo representaba las veces que se había utilizado en algún sortilegio. Da miedo.

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Solaz muestra una de sus figuras africanas. | Foto: Vicente A. Jiménez

-Desde luego, yo no me quedaba solo aquí por nada del mundo…

(Ríe) Mira, este es espeluznante. Está hecho con plumas y representaba el espíritu de un antepasado fallecido. Es de madera, del Siglo XIX. No tiene cabeza ni nada, es un objeto rarísimo que se utilizaba para protegerse. También hay otros que tienen un recipiente por detrás, donde se ponían restos de la persona fallecida, como si fuera una urna funeraria.

Mi proyecto es hacer un estudio, aunque quizá no lo haga yo, sino especialistas en la materia, que lleve a una exposición donde se dé a conocer la superstición como uno de los elementos que hacen moverse a la sociedad. En estos casos, representan creencias religiosas que se podían tocar. Pasa lo mismo con quien lleva una medallita y decía que era una protección de la Virgen. Es un amuleto más protector que religioso, aunque se unen en un mismo motivo.

-¿De dónde te viene este interés?

-Me interesa la sociedad, pero la sociedad, digamos, en el sentido de cómo vive el ser humano, cuáles son sus miedos y temores, y también sus alegrías. En mi libro La València prohibida ya lo traté. No me interesan las grandes batallas, ni los grandes hechos históricos, sino la sociedad en sí, la vida cotidiana, dentro de la cual están incluidas las supersticiones. La Iglesia habla del Infierno, del pecado, pero por otro lado está la brujería, la superstición, eso de no pasar por debajo de una escalera…

-Incluso científicos de primer nivel tendrán sus supersticiones.

-Sí, sí, totalmente.

-Y, a nivel personal, ¿tienes algún lado supersticioso?

-No (ríe).

-Entonces, eres un estudioso de las supersticiones nada supersticioso…

-Efectivamente, yo lo estudio como hecho, pero no por apoyarlo porque crea que existe algo.

-¿No tienes tampoco ningún tipo de manía, o costumbre relacionada con la suerte?

-No, nada. Precisamente, el otro día lo pensaba. Decía, “mira, yo debo ser anormal”, o nada normal, porque no soy creyente, ni en religión ni en superstición. Simplemente lo estudio, lo analizo, y me lo paso bien observando lo que es posible que llegue a hacer el ser humano en función de una serie de creencias.

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