"Picasso. Modelos del deseo"

Pablo Picasso, el deseo de trabajar, trabajar y trabajar para no morir

F. Castro: "Picasso convirtió la impotencia en algo que le permitiera reinventar el placer, así que lo único que hacía era trabajar, sólo encontraba placer en ello"

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No tengo más remedio que reconocer que lo que más me impresiona de Pablo Picasso, al final, es el volumen de su obra. No cabe en cabeza humana tanta producción. Semejante no parar. En sus palabras: “Lo peor es que nunca se termina. No hay nunca un momento en que se pueda decir, ‘hoy he trabajado bien, mañana es domingo’. Nunca se puede poner la palabra ‘fin'”. Esta reflexión, y muchas otras, lucen en las paredes de Fundación Bancaja entre la selección (muy minuciosa) de 228 piezas pertenecientes a sus fondos y datadas entre 1961 y 1972, que componen la exposición Picasso. Modelos del deseo.

Gran parte de esta selección proviene de las series de aguafuertes Suite 347 (1968) y Suite 156 (1970-1972), realizadas durante los últimos años de su vida, muy anciano, caracterizadas por sus trazos enérgicos, grandes manchurrones de tinta y protagonizadas por incontables mujeres desnudas, una tras otra, varias de ellas juntas, casi siempre tendidas sobre un lecho, en actitud francamente incitante, esperando que reaccione un hombre que aparece a un lado de la composición… Y que se limita a mirar. Como explicó en su genuino estilo el filósofo y comisario de la exposición Fernando Castro, una cuestión fundamental en la obra del genio malagueño del trabajo, “es la obsesión por el deseo y el placer corporal”. Pero a esas alturas de su existencia, cuando el cuerpo no le daba de sí para casi nada (menos para trabajar, mira por dónde), “el voyeurismo fue el tema central en su obra”.

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El comisario Fernando Castro; la coordinadora de la Dirección de Comunicación y Relaciones Externas de Bankia en la Comunitat Valenciana y Murcia, Isabel Rubio; el presidente de la Fundación Bancaja, Rafael Alcón; y el director del Museu Picasso de Barcelona, Emmanuel Guigon. | E3

Exceptuando la envidiable actividad de los jóvenes amantes Rafael y la Fornarina, que les da para varios aguafuertes al completo, en algunos aparece un anciano recordando cuerpos de mujeres jóvenes; como siempre, aparecen sus escenas de El pintor y la modelo aunque esta vez el pintor ni pinte ni nada; y sobresaliente por su sentido del humor bajo un manto de melancolía es la serie Degas en el burdel, con obras tan memorables como Degas entra en el burdel, paga y se va. El grabado que cierra la Suite 156 lleva como título informativo Mujer desnuda contemplándose en el espejo. “Picasso convirtió la impotencia en algo que le permitiera reiventar el placer; así que lo único que hacía era trabajar, sólo estaba trabajando, sólo encontraba placer en ello”, dijo Fernando Castro. Otra serie está dedicada a Los fumadores; efectivamente, los médicos le habían prohibido fumar.

Picasso. Modelos del deseo funciona como un interesante contrapunto a Picasso. La alegría de vivir que se inauguró el año pasado por estas fechas. Aquella exposición era una fiesta colorida que, como todas, se acaban. No sólo por el mero hecho de envejecer. Siguiendo con Castro, “casi nunca se dice que tras la Segunda Guerra Mundial, cayó en una zona de sombra, con fortuna declinante. En los años 60, la crítica y los artistas le consideraron un mito de la vanguardia, pero incapaz de sintonizar con la contemporaneidad. Cuando los artistas jóvenes rescataron la figura de Marcel Duchamp como su referente, para Picasso fue un mazazo”. Así, de forma voluntaria, se aisló del mundo en las distintas residencias que compró en la Costa Azul francesa. Allí recibía a familia y a amigos, aunque no siempre les pudiese atender -seguramente ocupado en algo que no podía postergar-, y ni siquiera asistía a las inauguraciones de las exposiciones que reivindicaban su figura.

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Y así, llegamos al punto a partir del cual poder acercarse a una explicación racional de casi todo esto. Los años pasaban, los amigos se iban. “Quería ignorar la muerte”, afirmó Castro. “Cuando le dieron la noticia de la muerte de Matisse, no respondía nada, se la tuvieron que repetir varias veces, porque simulaba que no había ocurrido. Adquirió comportamientos supersticiosos, y seguramente estaba convencido de que si no dejaba de trabajar, finalmente no iba a morir”.

La presentación contó con la presencia del director del Museo Picasso de Málaga, José Lebrero, y Emmanuel Guigon, del Museu Picasso de Barcelona. Las más de mil obras del malagueño que pertenecen a la Fundación Bancaja la convierten en una de las instituciones privadas de referencia mundial sobre el artista, y su presidente, Rafael Alcón, deslizó que se daban las condiciones óptimas para unir fuerzas con ambos museos y compartir fondos en futuros proyectos.

De hecho, Picasso. Modelos del deseo, que se podrá visitar hasta el 1 de marzo, incluye fotografías del artista cedidas por el museo barcelonés, y firmadas por su íntimo amigo David Douglas Duncan, su esposa Jacqueline Roque, o Robert Capa, que lo retrataron haciendo…ya saben qué.

El 8 de abril de 1973, Pablo Picasso murió mientras dormía, por cierto. Un despiste fatal.

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