Jefe del Cuartel de Alta Disponibilidad Terrestre en València, el teniente general Francisco José Gan Pampols

“España recibe unos 60.000 ciberataques al año, casi mil son claramente peligrosos”

Desde el Cuartel de Alta Disponibilidad Terrestre en València creen que para que el mal triunfe basta con que el bien no haga nada. Por tanto, animan a protegemos

De izq. a dcha. Adela Cortina, Francisco José Gan y Enrique Belenguer

En el ciclo de conferencias del XXIX Seminario de la Fundación Étnor, fruto de la colaboración entre la Fundación Étnor y la Fundación Bancaja, el  Jefe del Cuartel de Alta Disponibilidad Terrestre en València, el teniente general Francisco José Gan Pampols ha incidido en la necesidad de “prevenir” y protegerse ante los ciberataques “porque el elemento más débil es el factor humano”, ha dicho.

En un encuentro previo con Economía 3, Gan ha reconocido: “Partimos de la idea de que para que el mal triunfe basta con que el bien no haga nada. Por tanto, debemos protegemos. Hoy por hoy es imprescindible, porque según los últimos datos sobre ataques cibernéticos que dio a conocer el Centro Nacional de Inteligencia sumaban unos 60.000, de los cuales, poco menos de mil, eran considerados graves, peligrosos”.

“Permanentemente se están produciendo ataques de intrusión en el ciberestacio y esto le ocurre a cualquier ciudadano de a pie. Por ejemplo, cuando acepta los cookies a la hora de navegar significa que en cierto modo permite que de él se tenga un perfil muy concreto de quién es, de qué le gusta, con quién se relaciona, si utiliza la redes sociales,… con lo cual en el momento que alguien robe esos datos (o los venda como ocurrió con Cambridge Analytica) se convierte en un sujeto altamente vulnerable”, ha evidenciado.

Asegura que el papel de la ética es fundamental porque las reglas occidentales relativas a la privacidad, al derecho a la intimidad, a la no intrusión, el no ataque con fines malignos, etc. se han de respetar…

Reducir el umbral de incertidumbre

De ahí que cobre tanta importancia la ciberinteligencia, es decir, la capacidad de obtener inteligencia en el ciberespacio. Para ello, las ciberherramientas como la inteligencia artificial (IA), los algoritmos de encriptación, los elementos de ayuda a la decisión, como sistemas expertos, el aprendizaje persona/maquina o maquina/maquina (machine learning), etc. nos permiten “tener mayor capacidad de análisis –a través de big data, smart data, blockchain…– de una información bastante precisa que luego el analista transforma en inteligencia. Esa inteligencia es un asesoramiento para explicarle al que tiene que decidir qué es lo más adecuado o cómo es el entorno que le rodea, es decir reduce el umbral de incertidumbre, de tal modo, que lo que no conoce es lo mínimo posible o incluso se intuye parte de ello”, ha subrayado el alto mando militar.

Así entiende que la ciberseguridad es “la consecuencia de haber sido capaz de aplicar adecuadamente la ciberinteligencia, de haber adoptado las medidas de prevención, protección y respuesta, de tal forma que se garantice la capacidad para ejecutar”.

En este sentido, para Gan es fundamental “mantener unas medidas mínimas de supervivencia en un entorno nuevo, no físico como es el ciberespacio, donde (aunque hay algún atisbo de normativa) no hay un derecho internacional que contemple y garantice la manera de relacionarse en él”.

Desde el Cuartel de Alta Disponibilidad Terrestre en València se tiene el mando conjunto de ciberdefensa para proteger las infraestructuras TIC en el ámbito del Ministerio de Defensa para el conjunto de las fuerzas armadas y para aquello que se determine. A escala nacional, existe la Estrategia Nacional de Ciberseguridad que conjuga y coordina al conjunto de las Administraciones que en España tienen medios y competencia en esta área.

Por su parte, el presidente de la Fundación Étnor, Enrique Belenguer, ha destacado que “ante escenarios inciertos contamos con la filosofía de la sospecha, esa corriente que nos lleva a cuestionar nuestro momento vital, nuestros valores, en definitiva a cuestionar nuestra sociedad con el objetivo de cambiarla, de orientarla a un horizonte sostenible para todos. Los riesgos de las tecnologías nos condicionan pero hemos de elegir cuáles usos son los más positivos para desarrollar esa ética mínima que necesitamos como sociedad para convivir en armonía. Por todo ello, en un contexto económico y social de incertidumbre, necesitamos confianza”.

Por su parte Adela Cortina ha presentado al ponente destacando que el XXIX Seminario es “profundamente humanista”.

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