Conferencia sobre ética empresarial en la sede de CEV Alicante

Adela Cortina: “Necesitamos empresas que sean rentables pero también justas”

La catedrática de Ética y Filosofía Política de la UV abre hoy el ciclo de conferencias de la Fundación Étnor con una ponencia sobre el papel social de las empresas

Adela Cortina es directora académica de la Fundación ÉTNOR

La Fundación Étnor inaugura esta tarde en Alicante su ciclo de conferencias sobre ética empresarial con una ponencia que bajo el título ‘ El papel de la empresa en la sociedad’ impartirá la catedrática de Ética y Filosofía Política de la UV, Adela Cortina.

El acto contará  con las intervenciones de Perfecto Palacio; presidente de CEV Alicante, Enrique Belenguer; presidente de la Fundación Étnor; Adolf Utor, presidente de Baleària; e Irene Bajo, directora de la cátedra de Responsabilidad Social de la UA. La cita será a las 19.00h. en la sede de CEV Alicante. Construir un buen carácter personal, obrar con justicia, o diseñar marcos éticos comunes son algunos de los antídotos que Cortina sugiere frente a la superficialidad, los falsos líderes y los riesgos de la era de la digitalización. La cita será a las 19.00h. en la sede de CEV Alicante.

-Cuando hablamos de ética, nos referimos en realidad a…

– Esta es la pregunta del millón, las gentes hablan mucho de ello, pero no logran definirlo. Lo primero que creo que hay que expresar es que la palabra ética viene de “êthos” que quiere decir carácter, y justamente la primera tarea de la ética es forjar el carácter, el carácter de los jóvenes, de las personas, de los pueblos, de las organizaciones públicas o privadas.

Las personas nacemos con un temperamento, con un carácter natural que es una especie de lotería, y poco a poco a lo largo de la vida vamos moldeando ese carácter con el cultivo de las virtudes, de unas predisposiciones para actuar con justicia, para tomar decisiones prudentes, responsables, justas. En este sentido, forjarnos el carácter -un buen carácter- se encuentra de alguna manera en nuestras manos.

– Vivimos en un mundo en el que los avances tecnológicos de todo tipo se producen a una velocidad de vértigo sin que se midan muchas veces las consecuencias. ¿Se está prestando suficiente atención a la necesidad de establecer unos códigos éticos comunes claros?  ¿ O todo queda en manos de la ética personal?

-La gente suele decir que la ética depende de cada uno, que es una cuestión personal, subjetiva, pero yo creo que eso no es verdad. Hay que acabar con lo que ahora llaman las “fake news”, que son los famosos bulos de siempre, porque no es verdad que la ética dependa de cada uno. Para ello, hay que aclarar que la ética es intersubjetiva, que se construye entre las personas, entre todos conjuntamente, dialogando acerca de lo que está mal o está bien, acerca de lo que es más justo o lo injusto. Por consiguiente, es entre todos que tenemos que establecer qué marco será el que ponga coto a las consecuencias que ya hoy en día vivimos y algunos sufrimos por el avance tecnológico, especialmente sobre la inteligencia artificial y sus implicaciones; por ejemplo, en el ámbito laboral con la llegada masiva de robots o algoritmos con los que se pretende suplantar a las personas. Esta es una de la razones por la que estamos trabajando en una ética de la inteligencia artificial que nos oriente para resolver estas problemáticas y, especialmente, desde la Fundación Étnor estamos desarrollando el debate con investigadores y empresarios en la vigésimo novena edición de nuestro Seminario Permanente de Ética Económica y Empresarial.

– Entiendo que la ética requiere un tiempo para la reflexión que nos permita llegar a la acción o acciones adecuadas. Pero vivimos inmersos en la sociedad de la prisa y de la inmediatez. ¿Nos pasará factura o lo está haciendo ya?

Sin duda la digitalización y la aceleración en muchos procesos humanos está produciendo grandes beneficios, pero también plantea problemas que urge abordar, uno de ellos es si nos estamos haciendo cada día más superficiales y menos reflexivos gracias a la exigencia de los 280 caracteres máximos por mensaje en Twitter o al desplazamiento constante de imágenes –scroll– de Instagram. M estoy refiriendo a la incapacidad que tenemos actualmente de concentrarnos para leer un novela entera o un simple artículo de más de una página, por nombrar solo algunos de los problemas.

-¿Cuáles son los principales peligros a los que nos enfrentamos?

Tenemos grandes retos entre manos como el de la ciberseguridad, la protección de datos personales, la privacidad de los usuarios, la accesibilidad, la propiedad y la gestión de los datos o la mejora de las capacidades digitales. Existen, por otro lado, cuestiones más complejas aún como quién será responsable de un fallo de competencia robótica; cómo enfrentar el hecho de que las máquinas también tienen sesgos en sus decisiones; o el problema de que los algoritmos carezcan de contexto. Y son solo algunos ejemplos.

-¿Qué papel ha de jugar la ética en las empresas?

Como anteriormente mencioné, si a través de la ética forjamos el carácter de las personas, de forma análoga también lo podemos hacer con las organizaciones en general, y en este caso con las empresas. No solo podemos, sino que debemos hacerlo, para formar empresas que sean rentables pero al mismo tiempo justas. Y esto es una necesidad que no depende de cuestión metafísica, científica, religiosa, o de moda. Es que necesitamos que las empresas sean justas. En estos tiempos, los problemas socioeconómicos, políticos o ambientales nos ponen frente a la cara que necesitamos que la ética permee y dé sentido a toda la organización. No porque yo lo diga, sino porque es prácticamente imposible ocultar los problemas y las consecuencias cuando saltarse la ética se vuelve la norma.

A través de la misión, los valores, las conductas, las normas, la cultura que orienta a una organización y a sus trabajadores, se forjará el buen carácter de una empresa. Dicho de otra manera, la empresa dispondrá de un marco guía desde el cual pueden tomarse decisiones más justas tomando en cuenta a sus grupos de interés.

-Aludiendo al título de la conferencia que va a dar en Alicante esta tarde ¿ qué papel ha de jugar la empresa en la sociedad?

-Distintas personas e instituciones han propuesto respuestas a esta pregunta a lo largo del siglo pasado. Uno de ellas fue que la función de las empresas era producir ganancias para sus accionistas, que la única responsabilidad de las empresas era con sus accionistas. Así lo asumieron muchos y todavía hoy algunos se empeñan en ello. Pero el curso de nuestras sociedades, nuestros logros y nuestros problemas han puesto en evidencia lo que muchos llevamos años intentando transmitir: que las empresas no existen solo para ganar dinero. El asunto es que es necesario que lo hagan de una manera ética porque si no la actividad empresarial termina siendo destructiva para toda nuestra especie e, incluso, para el planeta entero. A estas alturas, resulta verdaderamente necio pretender tapar esto con un dedo.

Desde nuestra perspectiva, la finalidad de las empresas es producir los bienes y servicios que la sociedad necesita pero no a cualquier precio sino de una manera responsable, sostenible y de calidad, siguiendo los estándares mundialmente establecidos- DDHH, ODS, GRI, etc.- Por ello es tan importante que las empresas puedan forjarse un buen carácter, que dialoguen constantemente con sus grupos de interés, que atiendan las expectativas legítimas de los afectados  convirtiéndose en agentes de justicia para la sociedad y no solo en agentes económicos. La responsabilidad por la construcción de una mejor sociedad se debe hacer entre todos los agentes: políticos, empresariales y ciudadanos. Por ello, nuestro acercamiento a la provincia de Alicante. Desde la Fundación ÉTNOR comprendemos que sin alianzas con todos los implicados, no podremos crear esa sociedad más justa y plural que deseamos.

– ¿En qué nivel de exigencia ética cree que se encuentran las empresas españolas?

-Me gustaría confiar en que hemos mejorado, y esta entrevista es un buen ejemplo. Hace casi 30 años, cuando nacía nuestro Seminario Permanente, nadie hablaba de este tema en los medios de comunicación. Aunque las empresas españolas no han sido precisamente un ejemplo de rectitud y justicia – y todavía no lo somos-  también tenemos que decir que no son pocas las personas, organizaciones y empresas que sí han sido ejemplares, que han dado pasos constantes durante años y muchas – más recientemente- se están comprometiendo en serio a dar un giro ético a toda su gestión. No es sencillo. Así como no es sencillo para nosotros alimentar siempre al lobo de la bondad, de la compasión o de la solidaridad, igual de complejo o más puede resultar cuando se trata de organizaciones donde se coordinan tantas personas y niveles.

Por suerte, hoy en día existen opciones gratuitas en internet con directrices para que las empresas se guíen y desarrollen su responsabilidad social. Contamos con El Pacto Mundial, la Iniciativa de Reporte Global -GRI por sus siglas en inglés- los Principios Rectores de Empresas y DDHH, y, más recientemente, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la Agenda 2030. Voluntad y compromiso para implantar las directrices es lo que hace falta. Afortunadamente las herramientas están disponibles.

– Ética y Responsabilidad Social Empresarial (RSE) ¿ son términos equiparables?

-No, no lo son. Si la ética es el carácter de la empresa, la responsabilidad social es cómo responde la empresa a sus grupos de interés, cómo rinde cuentas de sus actuaciones. En este sentido, podemos sintetizar y decir que la RSE puede ser una excelente herramienta de gestión, una buena medida de prudencia y una exigencia de justicia porque atender a los afectados es su razón de ser. 

 -¿Nos faltan referentes (líderes) éticos o simplemente es difícil darles visibilidad?

-Para empezar, no es fácil definir qué entendemos por líder. Podríamos decir que es quien va a la cabeza en una actividad y tiene la capacidad de arrastrar a cierto número de seguidores que le imitan, le tienen por referente y de algún modo confían en él. Sin embargo,  líderes con coraje, responsabilidad por el bien común, que ofrezcan buenos contenidos son los que nos hacen falta; y no líderes caracterizados únicamente por su carisma, su formación, y su fuerza de atracción y manipulación.

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