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Mercado de libros

Anele pide para la Comunitat una Xarxa de Llibres a la andaluza

El presidente de la asociación de editores, José Moyano, reclama que la renovación de los libros se produzca cada cuatro años en la totalidad de centros públicos

José Moyano, presidente de la Asociación Nacional de Editores de libros y material de enseñanza.

La Asociación Nacional de Editores de libros y material de enseñanza (Anele) reivindica para el sistema de bancos de libros valenciano un modelo similar al andaluz, donde, además de establecer la gratuidad de los libros, la normativa obliga a que los centros renueven los libros de texto cada cuatro años.

“Lo que estamos viendo en València con Xarxa Llibres es que las inversiones que se hacen son enormes, porque se editan en tres o cuatro idiomas las mismas áreas, pero no sabemos nunca la acogida que van a tener, porque el centro cuenta con una cantidad que desconocemos y no sabemos el uso que va a hacer de ella”, declara el presidente de Anele, José Moyano, que se muestra en contra de fomentar el ahorro frente a la modernización de los materiales.

“No solamente es que sobre dinero del programa Xarxa Llibres porque no se emplea, sino que es imposible invertir en productos más renovados porque el mercado se está reduciendo enormemente y la propia edición en València es cada vez más cara“, añade.

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José Moyano, presidente de Anele.

Según datos de Anele, las librerías siguen siendo el canal preferido en la Comunitat Valenciana en lo que respecta a la venta de libros de texto escolares, con una cuota de mercado del 45%. “En València también se da una tradición, ya que fue la primera comunidad que propició y potenció la venta a través de las AMPAS”, apunta el máximo responsable de Anele. La estimación de la asociación refleja que el 20% de la distribución de estos materiales está en manos de AMPAS en colaboración con distribuidores.

Por su parte, la compra directa por parte de los centros, ejercida fundamentalmente por los concertados, representa el resto de la cuota, según indica, con un porcentaje residual concentrado en las grandes superficies.

Subraya Moyano que la finalidad de Anele  es“proporcionar recursos a los profesores para llevar adelante las aulas y las asignaturas”. Según revela, las empresas asociadas a la entidad atesoran una cuota del 90 o 95% del mercado que hay en España. Le formulamos algunas cuestiones para conocer más en detalle el funcionamiento del mercado de libros de texto en la Comunitat Valenciana.

-Actualmente, ¿cuáles son los canales principales y cómo se reparte la venta de libros?

-No se puede hablar con datos generales de toda España porque las competencias en educación están transferidas y cada comunidad autónoma tiene una normativa y reglamentación, que además varía en muchos casos de un año a otro. Somos un sector muy intervenido y, además, con una intervención muy diversa. Esa diversidad no solo afecta a la edición, sino también al canal distribuidor.

En Andalucía la única compradora es la Administración Pública en las enseñanzas obligatorias, con un reglamentación muy cerrada, en el sentido de que no puedan ser las AMPAS ni algunos de los canales que en otras funcionan como comercializadores. Se hace un cheque libro que solo pasa a través de librerías del cheque libro. En otras comunidades funciona de forma muy diferente en función del sistema que esté desarrollando la consejería.

-Y en la Comunitat Valenciana, con la Xarxa Llibres, ¿me podrías explicar cómo funciona el mercado de libros?

-Para nosotros València es un mercado principal, pues supone un 10% del mercado general de los alumnos en enseñanza obligatoria. Se ha visto muy condicionado por la puesta en marcha de Xarxa Llibres. Las ayudas que da la administración, que el año pasado fueron de 32 millones, ni siquiera se llegaron a completar. Sobraron 8 millones. Ese es el problema: los fondos los manejan los centros y estos están muy condicionados por el tipo de ayuda que reciben.


“Que se alimenten de los bancos de libros, como estamos notando en los tres últimos años, impide que haya una actualización suficiente de los proyectos editoriales nuevos”

Aunque no solo es la cantidad, que es arbitraria cada año. También incluye la reutilización de los materiales de un curso a otro. Que se alimenten de los bancos de libros, como estamos notando en los tres últimos años, impide que haya una actualización suficiente de los proyectos editoriales nuevos. No hay una reglamentación, como en otras comunidades, de que cada cuatro años se renueven los materiales. Aquí se mantienen sine die y nos podemos encontrar en València con colegios que tienen libros de hace ocho, nueve o 33 años. No se fomenta la adaptación ni el cambio hacia programas nuevos, se alimenta el poco gasto y que no se caigan a pedazos los libros por su uso.

-En todo caso, un tercio de los alumnos de la Comunitat pertenecen a centros concertados y estos no se han acogido a la Xarxa Llibres…

El porcentaje está variando de año a año. Los dos primeros años fueron menores. Los centros concertados no optaron por el sistema, con el criterio de que eso les impedía renovar los proyectos en tiempo y forma para estar con materiales más adaptados y modernos. El problema es que la presión de las familias ante la realidad de los bancos libros es importante, más en época de crisis. La dificultad que vemos es que en este sistema la votación es un poco arbitraria y la maneja el centro con un criterio que prevalece que es el del ahorro, no el de la calidad de los productos editoriales.

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Librería Abacus.

-Entonces, en Anele estaríais a favor de una Xarxa Llibres que se orientara a dar más ayudas para renovar libros en vez de a compartirlos…

-El sistema que tenemos ahora como estandarte es el andaluz. Es el que lleva más tiempo, 14 años, y es un sistema de ayudas completas a las familias pero con un plan de renovación establecido cada cuatro años a través del cheque libro individual. Eso hace que la edición y el mundo de la distribución tengamos las posibilidades de ejercer de nuestras funciones. Sistemas y modelos hay. València opta por un modelo que es perjudicial pedagógicamente, no solo desde el punto de vista editorial.

-¿Quién fija el precio de los libros?

-En la edición educativa los precios están afectados por el régimen de precios libres en la enseñanza obligatoria. El que fija el último precio en el mercado es el librero o el distribuidor. En infantil, bachillerato y formación profesional es el editor quien los fija. En ese no hay problema porque somos nosotros quienes marcamos el precio y se tienen en cuenta los márgenes comerciales del resto de la cadena que interviene.


“El problema es que los centros están condicionados por el valor de las ayudas que se reciben desde la administración. Si le doy 600.000 euros a un centro ya estoy condicionando su capacidad de compra”

En el precio libre, que es el que tenemos en la mayoría de los libros de Xarxa Llibres, el problema es que los centros están condicionados por el valor de las ayudas que se reciben desde la administración. Es ella la que da la cantidad máxima a subvencionar y condiciona la compra del material. Si le doy 600.000 euros a un centro ya estoy condicionando su capacidad de compra. No ha habido aún en la administración un planteamiento de renovación que haga que los editores podamos organizarnos y renovar los materiales con posibilidades de venta.

-Pero, a pesar de que los centros estén condicionados por la cantidad aportada, el año pasado sobraron 8 millones. ¿A qué se debe?

-Estamos dándonos cuenta de que la sobra de esta cantidad que se produce es por la no renovación. Cuando tienen libros de segundo uso en los centros, los reutilizan. En los centros que no tienen Xarxa Llibres tienen proyectos nuevos y en centros que entraron en la Xarxa a lo mejor llevan seis o siete años con los libros. Y nos ha pasado algo incluso más grave: que un profesor, conociendo los proyectos nuevos, pretenda que los haya, y el director no le permita el cambio porque todavía tienen el banco libros con los proyectos antiguos.

-¿Quiénes son los distribuidores de las AMPAS y bajo qué condiciones operan?

-Cuando no se tiene una cuenta directa con una librería porque la librería no es grande o es una librería-papelería, existen estos distribuidores, que son los que almacenan los libros y se los comercializan. En otros casos la editorial lo vende con su precio de sesión a la gran superficie o al distribuidor directamente. Eso depende de la entidad y de los contactos comerciales que haya entre unos y otros. Hay grandes librerías que tienen esa función ya y ejercen como último eslabón de la cadena y otras que requieren otro eslabón porque no tienen almacén y no pueden hacer grandes compras, por lo que van comprando en función de los pedidos que se le realizan. Por eso ellos rebajan su margen en beneficio de no tener estocaje ni gestionar las devoluciones.

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Libros de texto de Bromera.

-Y en el caso de los concertados, ¿me puedes explicar el mecanismo?

-El concertado depende de si está dado de alta en Impuesto de Actividades Económicas, de si funciona como librería o no. Ese es el papel del distribuidor. El colegio compra directamente a la editorial y en función de las prescripciones que tiene, el editor le sirve directamente a la librería del colegio.

-Perspectivas de futuro de cara a esta progresiva disminución del libro y del papel como principal material. ¿Qué crees que supondrá para la industria editorial y para la enseñanza?

-El 99% de los editores asociados a Anele hacen proyectos editoriales innovadores, en los que el papel una parte del iceberg, que conlleva otras herramientas de tipo digital, otros soportes, materiales complementarios, etc. La reutilización pura y dura que se hace en muchos centros impide que se desarrollen esos proyectos en la mayoría del alumnado. Puesto que lo único que se reutiliza es el papel, que es una parte o una punta del iceberg que desde hace años los editores complementamos con otros materiales, una de las consecuencias es que se está empobreciendo la posibilidad de utilizar recursos que modernicen la educación.

-El mundo editorial se lo reparten muy pocas editoriales. ¿Por qué?

-El mundo de la edición, como el de los medios de comunicación, funciona como funciona, con grandes concentraciones en los últimos años. En la industria editorial hay grandes empresas que están en Anele, como Santillana o Anaya, que copan en la mayoría de los sitios el mercado casi en su conjunto. Pero también hay sellos autonómicos, como Bromera en València, por la edición que hace en valenciano. Y también hay sellos específicos de los grandes grupos para la Comunitat Valenciana, así como para otras comunidades. Hay ahora cerca de 30 empresas en Anele, algunas filiales y otras no. Estamos logrando mantener una diversidad importante, que es lo que se pretende: que el prescriptor pueda elegir entre productos muy diferenciados.

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