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Diagnóstico y medidas para garantizar envases sostenibles

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Itene Centro Tecnológico
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Durante las últimas décadas se ha producido un incremento en el consumo de envases y embalajes en línea con el aumento de los niveles de bienestar en nuestra sociedad. Sin embargo, cada vez es más notoria la necesidad de que los envases generen el menor impacto ambiental posible. Todo esto con el objetivo de compatibilizar el desarrollo económico con la protección medioambiental.
En esta línea, la Unión Europea ha publicado diferentes documentos técnicos, así como directivas para favorecer esta dualidad. Ya en 1994 se publicó la Directiva 94/62/CE en la que se articulaban las primeras estrategias para compatibilizar el uso de envases y embalajes y el cuidado del medio ambiente. Concretamente, en esta Directiva se establece una jerarquía de residuos, que pretende potenciar en este orden la reducción, reutilización, reciclado y valorización de residuos de envases, con el objetivo de minimizar su depósito en vertedero.

Asimismo, en esta Directiva se fijaban los primeros objetivos de reciclado de envases a cumplir por los Estados miembros. Asimismo, estos objetivos fueron actualizados en los años siguientes en nuevas directivas (Directiva 2004/12/CE de envases y Directiva 2008/98/CE de residuos). Uno de los objetivos más destacados de estas directivas fue la reutilización y reciclado del 50% de los residuos domésticos, incluyendo los envases, para 2020.

La Unión Europea ha venido observando la dificultad de alcanzar estas metas. Por ello, en 2015 publicó el Plan de Acción para la Economía Circular, con el objetivo de definir la hoja de ruta de Europa en el área medioambiental y articular estrategias para alcanzar los objetivos esperados. Derivado de este plan, y en el caso concreto del plástico, se publicó en enero de 2018 el documento Una estrategia europea para el plástico en una economía circular. En este documento se incluye el objetivo de que en 2030 todos los envases plásticos comercializados en la Unión Europea deberán ser reutilizables, reciclables o compostables.

Esta publicación ha propiciado que las empresas europeas empiecen a analizar si sus envases pueden ser considerados como tales. Pero ¿existe una manera rigurosa de verificarlo? Efectivamente, existe una manera rigurosa y técnica que sirve de marco de referencia para demostrar el cumplimiento de los requisitos que nos plantean, y no es nueva. Se trata de las normas armonizadas. Las normas armonizadas fueron publicadas entre los años 2000 y 2005 con el propósito de ayudar a las empresas a cumplir con los requisitos esenciales de la Directiva de envases.

Concretamente, existe una norma para cada uno de estos criterios. Para reutilización existe la norma EN 13429:2004; para reciclabilidad, la norma EN 13430:2004, y para compostabilidad de envases, la norma EN 13431:2004. En estas normas se detallan los requisitos técnicos a cumplir por los envases para ser considerados reutilizables, reciclables o compostables.

Para que un envase sea considerado reutilizable según la norma EN 13429 es necesario que el diseño permita su reutilización, que sea posible su uso repetido para la misma función y que haya disponible un sistema de reacondicionamiento, recarga o rellenado.

Por su parte, para que un envase sea considerado compostable de acuerdo con la norma EN 13432 es necesario que este sea biodegradable, desintegrable y que se pueda obtener a partir del mismo un compost de calidad.

Por último, para que un envase se considere reciclable de acuerdo con la norma EN 13430 es necesario que se cumplan los requisitos de diseño, producción, uso, recogida-clasificación y reciclado.
En cuanto al diseño, es necesario que se demuestre que el envase cuenta con una disposición de materiales que permiten su posterior reciclado. A modo de ejemplo, los envases monomaterial suelen cumplir este requisito. Sin embargo, los envases multicapa, formados por varios materiales, no lo satisfacen debido a que su procesado es más complicado con las tecnologías disponibles a nivel industrial.

Respecto a la producción, es requisito demostrar que no se utiliza ninguna sustancia durante la fabricación que posteriormente pudiera complicar el proceso de reciclado.

En el uso, se debe demostrar que las etapas de envasado, comercialización y uso del producto no suponen ningún problema para el posterior reciclado del envase. En este punto se considera por ejemplo el vaciado efectivo del envase. Esto se debe a que envases con un alto contenido de producto en su interior podrían ver restringidas sus posibilidades de ser reciclados.

En recogida-clasificación se debe demostrar en primer lugar que hay un sistema para la recogida adecuada del envase que permita su posterior tratamiento. A modo, de ejemplo, para el caso de España esto se demostraría con la existencia del contenedor de recogida selectiva de envases ligeros de Ecoembes.

En cuanto a la clasificación, se debe analizar la capacidad de las plantas de selección para separar los diferentes materiales de envase en corrientes diferenciadas, ya que este es un requisito fundamental para su posterior reciclado. Por ejemplo, los envases de polietileno rígido estarían alineados con este requisito en España puesto que en las plantas de selección existe una etapa donde estos envases se separan del resto y posteriormente esta corriente de material se vende a recicladores, quienes lo procesan.

Por último, en cuanto a reciclado, es necesario demostrar que las tecnologías disponibles a nivel industrial permiten el procesado y por tanto reciclado de los envases estudiados para la obtención de nuevos productos. A modo de ejemplo, las botellas de PET cumplirían este requisito ya que pueden ser utilizadas para la obtención de nuevos productos reciclados e incluso para la fabricación de nuevas botellas en algunos casos.

Desde Itene estamos apoyando a las empresas al cumplimiento de estos nuevos requisitos de sostenibilidad de envases y en concreto de reutilización, reciclabilidad y compostabilidad. Este trabajo lo estructuramos en tres fases.

En la primera fase, analizamos si el envase en cuestión es susceptible de cumplir estos requisitos (diagnóstico). En el caso de que la respuesta sea afirmativa, pasamos a la fase 2, en la cual realizamos la demostración completa bajo norma (EN 13429:2004 para reutilización, EN 13430:2004 para reciclado y EN 13431:2004 para compostabilidad). La documentación generada en esta segunda fase permite a la empresa demostrar su cumplimiento, lo cual puede ser además utilizado como un argumento de marketing. Por último, si la respuesta es negativa, aplicamos la fase 3 en la que trabajamos con las empresas las medidas a implementar en el envase para convertirlo en reutilizable, reciclable o compostable, y por tanto alinearlo con los objetivos de 2030. Estos trabajos están siendo realizados tanto con fabricantes de envases como con envasadores y con la gran distribución.

En los estudios ya realizados estamos observando que podemos mejorar notablemente la sostenibilidad de los envases y por tanto su alineamiento con los objetivos de 2030 con medidas sencillas como, por ejemplo, cambiar estructuras multicapas por monocapas, evitar coloraciones oscuras en los envases, eliminar sleeves de otros materiales diferentes al cuerpo principal del envase, hacer compostables los plásticos de un solo uso como cubiertos o platos, utilizar bolsas recicladas o reciclables o utilizar envases reutilizables que puedan ser rellenados con recargas.

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