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Gracias por todo, Pepita Lumier

Escritora, pintora e ilustradora
Premi Nou d'Octubre al Mérito Cultural 2018
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Los valencianos somos extremos. Cuando hay amor, el amor nos desborda. Cuando existe el odio, puede matarnos.

Llegué a València al cumplir los diecisiete para estudiar Bellas Artes y me establecí en Russafa. Me fui trece años más tarde: mi obra empezaba a ser reconocida pero mi ciudad me echaba. Me asenté en otra ciudad extremadamente cara y mucho más compleja que me abrazó de inmediato. Allí lo que yo hacía era lógico y no levantaba vendavales que intentasen acallarlo. Si llegaba un encargo desde València lo aceptaba aunque el pago -si es que existía- fuera insultante -lo habitual-, no fueran a pensar que se me había subido nosequé a la cabeza, no fueran a llegar más insultos. Durante aquellos años València me dolía y cuando la visitaba regresaba a casa enferma. Enferma sin metáfora.

Fueron Cristina Chumillas y Lucía Vilar las culpables de que hiciera las paces con la ciudad que tiene la luz más hermosa. El día que nos reunimos para hablar del proyecto vi cómo se les llenaba la boca con un antiguo taller mecánico y con la obra de Paco Roca o de Carla Fuentes. Supe que se dejarían la piel en poner al cómic y a la ilustración en el lugar que merece.

Lumier

Exposición “La Sed” de Paula Bonet en Pepita Lumier. | Paula Bonet

Han sido cuatro años de propuestas arriesgadas. De llenar la calle porque inauguraba Mariscal, Ana Penyas, o David de las Heras, o porque se presentaba un libro. Los momentos más felices de mis últimos años en València sucedieron allí. Presenté con los amigos de Drassana nuestra propuesta ilustrada del clásico valenciano Tirant lo Blanc y hablamos de sangre y de carne y brindamos por nuestro ilustre Martorell, tuve el honor de contar con la música de Miquel Àngel Landete mientras inauguraba La sed, me senté al lado de mi querido The New Raemon cuando presentamos nuestro Quema la memoria con la galería llena. Recuerdo abrumada la cola de firmas el día que se publicó Roedores. Cuerpo de embarazada sin embrión. Aitor Saraiba y yo inaugurábamos nuestro Por el olvido, un canto de amor a América Latina y a la literatura. Yo había aplazado la presentación de Roedores un mes para que los dos proyectos no se solaparan pero las valencianas y los valencianos se habían hecho con ejemplares y acabaron con los que teníamos en la galería.

Fue hermoso. Y complicado.

Un espacio no puede mantenerse únicamente con amor y con buenas intenciones.

Quizás València no entendió la importancia del proyecto de Cristina y Lucía. Quizás no supo comunicarse. Quizás no llegó el apoyo que tenía que llegar. Quizás todavía no se ha entendido que cuando hablamos de ilustración, ahora mismo, estamos hablando de muchas más cosas. Quizás lo que no funciona es el formato galería. No lo sé. Lo único que sé es que el próximo día 15 será un día triste. Siento que lo es para mi oficio y para la ciudad que abandoné y que ahora llevo en el corazón, que parece que siga sin entender cómo de importante es cuidar el arte que genera.

 

*Foto de Paula Bonet: Noemí Elías.

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