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La inversión con criterios sostenibles pasa de 35.700 a 185.000 millones

Jornada sobre inversión sostenible en la Bolsa de València

La integración de criterios sostenibles -ambientales, sociales y de gobernanza o buen gobierno (ASG)- en la gestión y estrategia de las empresas se traducirá en una mayor rentabilidad, tanto en términos de negocio como de inversión, a medio y largo plazo. Así lo han constado los expertos que han participado en la ‘Semana de la ISR 2019’ de Spainsif, coorganizado por Ética y celebrado en la Bolsa de Valencia.

En un contexto de incertidumbre, el binomio entre rentabilidad y riesgo de la inversión socialmente responsable ha propiciado que los activos gestionados con criterios ASG en España hayan pasado de 35.700 millones de euros en 2009 a 185.600 millones en 2017, según los datos del último estudio de Spainsif, que detalló Joaquín Garralda, vicepresidente de esta organización, referente en materia de inversión sostenible y responsable en España. Sin embargo, esta modalidad sigue siendo aún minoritaria entre el inversor retail, y está muy concentrada en el segmento institucional.

“Los factores ASG tienen un impacto directo en la adaptabilidad de una organización y en los flujos de caja futuros. Cuestiones como la gestión de los riesgos ambientales y las acciones frente al cambio climático, las políticas de conciliación y de retención del talento, la trazabilidad de proveedores,… son claves ahora, pero lo son aún más de cara a evaluar dónde estará la empresa a medio y largo plazo. Es ahí donde el análisis ASG cobra mayor relevancia”, apuntó Juan Carlos Calderón, director ejecutivo ASG de MSCI.


Los inversores institucionales buscan información y transparencia, apoyar las iniciativas sostenibles, pero sin renunciar a la rentabilidad


“La introducción de criterios éticos y ASG en la selección de activos supone, para los inversores, un salto cuantitativo y cualitativo en información, transparencia y, con ello, en el control del nivel de riesgo que cada uno está dispuesto a asumir. Y todo ello, sin renunciar a la rentabilidad, como demuestra la evolución de los índices especializados”, subrayó Fernando Ibáñez, director general de Ética, en la apertura de la jornada ‘Inversión sostenible: rentabilidad con riesgo controlado’.

Una evolución que acompaña los cambios sociales, cada vez más profundos y a un ritmo más acelerado. “Hay que transformar las finanzas para financiar el cambio. Si de verdad queremos ser sostenibles, tenemos que apoyar las iniciativas sostenibles”, apuntó Cristina Martínez, gerente de Productos de Ahorro e Inversión de Triodos.

Manuel Illueca, director del IVF, subrayó que diferentes líneas de inversión del banco público valenciano se dirigen a apoyar proyectos de desarrollo sostenible.

“En la práctica en la inversión se está evolucionado desde un modelo de exclusión simple -no invertir en compañías con criterios negativos en aspectos sociales, ambientales o de buen gobierno- a estrategias más elaboradas, como el ‘best in class’”, explicó Paula Mercado, directora de Análisis en VDOS.


La inversión sostenible se fija en las empresas que saben adelantarse a los retos de futuro


María José Gálvez, directora de Sostenibilidad de Bankia, quiso poner en valor los avances en esta línea. “El inversor retail está cada vez más informado y hay un mayor escrutinio público. Cada vez hay más índices con criterios ASG. Como empresa, es un escaparate en la que todas queremos estar”, proclamó.

“La inversión sostenible supone elegir a las empresas que saben adelantarse a los retos del futuro. Invertir con criterios ASG significa tener valores de mejor calidad, con menos volatilidad, porque estamos menos expuestos a ciertos riesgos, y, por todo ello, mayor rentabilidad a medio y largo plazo“, concluyó Christian Dürr, socio director de Ética Patrimonios EAF.

Calderón y Mercado detallaron que, aunque los criterios medioambientales son objeto “de mayor énfasis, por el contexto de grandes retos, como el cambio climático, y compromisos internacionales, como el Acuerdo de París, la gobernanza es el marco básico para el resto de criterios, por el que tienen que pasar todas las organizaciones. En muchos casos nos encontramos con que los problemas o crisis que afronta una organización, en diferentes ámbitos, son consecuencia de un mal gobierno corporativo”.

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