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El cultivo del melón y la sandía cae estrepitosamente en el campo valenciano

AVA-Asaja culpa del abandono a las ridículas cotizaciones que alcanzan estas frutas de verano

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El cultivo de la sandía y el melón en la Comunitat Valenciana, especialmente de la primera, ha caído en picado en los últimos años, como denuncia AVA-Asaja. La sandía, una de las frutas por excelencia del verano y cuyo cultivo gozó de gran implantación en tierras valencianas, se bate en retirada. Si en 2014 se dedicaban a su cultivo 2.312 hectáreas, el año pasado se redujo a 1.347, es decir, un 38% menos. En la actualidad, producimos el 11% del total nacional.

La causa que explica esa acusada tendencia regresiva no es otra, asegura la organización agraria, que la falta de rentabilidad que se traduce en un hundimiento de los precios hasta el punto de que los productores optan por tirar la toalla.

El año pasado se pagó entre 5 y 10 céntimos el kilo, cuando el coste de producción ronda los 20 céntimos, por lo que los productores se ven abocados a renunciar al cultivo, ya que resulta insostenible.

Las cotizaciones este año no son mejores. La sandía temprana andaluza se está pagando un 60% menos y, además, los mercados europeos se encuentran abastecidos de esta cucurbitácea procedente de Costa Rica, Brasil, Senegal y Marruecos.

La ya escasa producción valenciana entra en competencia directa, añade AVA-Asaja, con la cosecha de Castilla-La Mancha, donde estas plantaciones no han dejado de crecer y superan ya las 3.000 hectáreas.

Un caso parecido ocurre con el melón. La organización agraria recuerda que la Comunitat Valenciana llegó a ser una potencia productiva y hoy es un cultivo meramente testimonial: apenas 374 hectáreas frente a las 14.000 del conjunto nacional, lo que representa un 2,6% del total.

Para el presidente de AVA-Asaja, las expectativas en el caso de la sandía “son cada vez peores”. Cristóbal Aguado critica a los políticos que “nos hablan de leyes para la huerta y proyectan una imagen bucólica que está muy alejada de la cruda realidad que vivimos. Tenemos unas condiciones climáticas y de suelo idóneas, privilegiadas, tanto para el cultivo de la sandía, como de melones y de otros tantos productos, y, sin embargo, estamos permitiendo que se pierda todo ese patrimonio de un modo lamentable”.

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