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Entrevista

Ana Penyas: “Había un vacío sobre el relato de unas mujeres que nos son muy cercanas”

Pepita Lumier inauguró ayer una exposición individual de la joven autora valenciana, Premio Nacional del Cómic 2018 por su novela gráfica "Estamos todas bien"

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Ilustración de la exposición individual de Ana Penyas en Pepita Lumier. | Ana Penyas

Ana Penyas (València, 1987) publicó en 2017 su primera novela gráfica, Estamos todas bien (Salamandra Graphic), basada en las vidas de sus abuelas, que se convirtió en un homenaje a una generación de mujeres que vivieron como amas de casa, dedicadas a servir a los demás, envueltas en el silencio que atravesó las décadas de plomo del franquismo. A ellas casi nadie les dio ni las gracias. Pero cuando la obra de Ana Penyas las sacó de la oscuridad, el efecto fue inmediato.

El mismo año de su publicación, Estamos todas bien obtuvo el X Premio Internacional de Novela Gráfica Fnac-Salamandra Graphic. En 2018, Premio a Mejor Autora Revelación en la 36ª Edición del Salón Internacional del Cómic de Barcelona. Y el pasado mes de octubre, fue reconocida con el Premio Nacional del Cómic 2018. La galería Pepita Lumier inauguró ayer una selección de dibujos originales, tanto de su exitoso debut como de su segunda obra,  En Transición (Barlin, 2017), además de otros trabajos de la joven autora, que se podrá visitar hasta el 15 de junio.

-La crítica alaba la nueva perspectiva que has abierto para analizar los años del franquismo y la Transición. ¿Es algo instintivo, o habías observado que faltaba algo respecto a esas épocas y querías darles una vuelta?

-No ha sido instintivo, claro. En mi casa ha estado muy presente la Historia, mis padres pertenecieron a distintos partidos comunistas clandestinos, y se hablaba mucho de política. Tanto del franquismo, como la guerra y la Transición. Siempre lo he vivido con naturalidad. Pero me di cuenta de que fuera de mi casa, esa naturalidad no era lo normal. Lo normal era el silencio. Cuando fui consciente de esto, y estudiando Bellas Artes tuve que elegir un tema para desarrollar en el área de ilustración, pensé que era algo a lo que podía recurrir, porque me motivaba mucho el hecho de que no se hubieran tocado estas cuestiones.

-Naciste en 1987, en un momento en que la democracia estaba consolidada, por lo que no puedes tener recuerdos de tu familia hablando de política en ambientes clandestinos. Entonces, ¿tu visión proviene de la tradición oral, de que ellos te hayan contado cómo vivieron esos años?

-Yo siempre fui muy curiosa, preguntaba mucho cómo habían sido sus vidas, especialmente a mis abuelas. Ya desde niña tenía mucha curiosidad por la Historia.

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Ana Penyas. | Foto: Biel Aliño

-Durante tus estudios de Bellas Artes, ¿contemplabas dedicarte al cómic?

-No, no. Esto vino al final. De hecho, todavía me asusta la parte del guion. No creía que lo pudiera hacer bien. Me veía más resuelta en temas como trabajar un texto, que me plantearan ilustrar un artículo y jugar con sus conceptos. Pero generar una historia larga me daba mucho susto.

-¿Y se te ha pasado?

-No, ¡sigo con el susto! (ríe).

-Bueno, dicen que en realidad a nadie se le pasa nunca, ni a los más consagrados, pero a ti te ha salido de forma inmejorable a la primera.

-Claro, pero esta historia es la vida de mis abuelas, siento que he hecho un documental. Hay ficción pero tenía donde anclarme. Ahora estoy con un nuevo trabajo y me da mucha inseguridad, es nuevo para mí. Y siento que tengo que aprender.

-Aun viniendo de una familia políticamente implicada, Estamos todas bien trata sobre el silencio. Suena contradictorio.

-Quienes estaban metidos en política eran mis padres o mis tíos. Y el silencio era el de mis abuelas. Convivieron con el hecho de que sus hijos se metieran en política, pero para ellas era algo ajeno. Les daba miedo, no estaban de acuerdo o ni siquiera lo entendían. Entonces, el contraste entre la superpolitización de mis padres y la nula politización de mis abuelas hacía aún más obvio el silencio.

-¿Eres capaz de imaginarte eligiendo ese tipo de existencia silenciosa a la que obligaba el contexto histórico?

-De lo que habla Estamos todas bien es, precisamente, de que son víctimas de su tiempo. Por eso eran mujeres amargadas, que no eran muy cariñosas…El entorno les generaba cosas negativas. Necesitaba entender por qué eran así y poder explicarlo a los demás. Ese fue mi intento. Y dudaba mucho que fuera a despertar interés. Son vidas que van en lentitud, confinadas en el espacio doméstico, no sabía si iban a enganchar a la gente esas vidas en cámara lenta.

-Entonces, ¿a qué achacas que hayan despertado tanto interés?

-Creo que a un vacío. Es decir, había un vacío sobre el relato de unas mujeres que en realidad nos son muy cercanas. Todos tenemos una madre, una abuela o una vecina que puede sentirse identificada con esta historia. Las mujeres amas de casa que han cuidado de los demás son casi una generación entera. Creo que había una carencia respecto a hablar sobre ellas, y ese ha sido el quid de la cuestión.

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Ilustración de Ana Penyas que sirvió de inspiración para el mural que realizó para el IVAM. Este original también se puede contemplar en Pepita Lumier. | Ana Penyas

-¿Cuáles son tus influencias estilísticas?

-Por un lado, tenía referentes pictóricos como George Grosz, por su deformación de la realidad y su crítica social. En cómic me fijaba mucho en Jorge González, –autor, entre otras obras, de Maldito Allende, una biografía cruzada del presidente chileno y el dictador Pinochet-. También me interesaba mucho el género documental, no como creadora, pero sí como espectadora. El docuficción y el documental histórico en cómic me encantaba. Todo lo que tuviera que ver con memoria histórica.

-¿En qué se basa tu visión crítica de la Transición?

-También se debe a mi familia, mi militancia en el 15M puede ser una cuestión de herencia. Se trata de hacer una revisión, o un cuestionamiento, del relato que nos contaron.

-¿Crees que en el futuro el relato de la Transición será muy distinto al vigente?

-El relato de la Transición ha sido muy hegemónico. Mucha gente seguirá con él, no creo que la crítica se imponga, pero sí que estará presente. Sé que durante la Transición estaba el miedo sobre las mesas de negociaciones. El 23F devolvió el miedo a volver a la vida anterior, y ahora, aunque sea diferente, en las elecciones la gente ha tenido miedo a que vuelva la extrema derecha al poder. Por eso hay una parte de la Transición que no cuestiono. Pero, por ejemplo, me meto más con todo el tema del año 92 y cómo afectó al sector cultural. He revisado El País Semanal, que en aquellos años era la Biblia y no cabía nada que no fuera lo que dijera el Grupo Prisa. La cultura se despolitizó, quien criticaba se quedaba al margen, no podía entrar en ese espacio cultural.

-Has publicado Mexique, el nombre del barco, sobre el exilio español. ¿Vas a seguir indagando en el pasado o te apetece cambiar de registro?

-En el próximo proyecto hablaré de un pasado más reciente. Quiero avanzar. Me apetece repasar la época de los 90, los 2000, la época que he vivido y me interesa explorar.

-Finalmente, no te puedo dejar de preguntar por la experiencia de que a tu primer cómic le hayan llovido semejante cantidad de premios, el Nacional incluido. Cuando en octubre salió la noticia “Ana Penyas, Premio Nacional del Cómic”, se subrayó mucho…

-Mujer.

-Exactamente. No sé yo cómo debe de sentar eso a una autora. Parece que importó más el género que la obra.

-Me intenté separar de esta polémica. Pensé “bueno, aunque la gente diga que yo, mujer, he ganado, para mí lo que ha ganado es un relato sobre mujeres de otras generaciones”. Me gustaría que la noticia hubiese ido por ahí. Porque tengo voz, estudios, y he podido llegar hasta aquí. Pero la noticia fue lo otro. Los dos aspectos podían convivir, pero la noticia se eclipsó por mí. Por eso me intenté separar de ella. No tengo twitter (ríe).

-¡Menos mal!

-Dije “paso de que me perturbe este tema porque no es el debate”.

-Pues eso haremos. En definitiva, ¿cómo se digiere ese aluvión de premios con una primera obra?

-Mucha felicidad, pero también vértigo. Como si fuera en un coche a 200 por hora y no pudiera poner el freno y manejarlo. Sé que frenará en algún momento, aunque no sé de qué manera. Me encantaría que fuera despacio para poder manejarlo yo. Pero ha sido así y no me voy a quejar. Sigo disfrutando mucho de poder dibujar.

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