Entrevista al diseñador y director de arte Ibán Ramón

“Los llibrets son un elemento fundamental de las Fallas y hay que recuperar su dignidad”

Con una carrera de prestigio internacional, desde el año 2013 colabora con la falla Mosén Sorell-Corona, la más vanguardista y experimental de las fiestas

Llibret "Ser", diseñado por Ibán Ramón. | Foto: ibanramon.com

¿Es tópico afirmar que las Fallas son las fiestas de mayor creatividad plástica del mundo? ¿También lo es decir que algo tendrán que ver con que València sea la capital de la ilustración y del diseño? Lo que no es tópico es el talento del diseñador Ibán Ramón (València, 1969). Por resumir mucho, sólo en 2017 y 2018 ha sido reconocido con el Certificate of Typographic Excellence, del neoyorkino Type Directors Club; finalista de los European Design Awards; y ha acumulado cinco Laus Bronce, los premios más veteranos y prestigiosos del diseño español.

Parece inevitable que una mente de su potencia creativa se acabara enredando con las Fallas. En 2013 diseñó la de Mosén Sorell-Corona, la popular falla experimental del barrio del Carmen, y desde entonces mantiene un estrecho vínculo con esta comisión, que no deja de explorar nuevas vías de expresión en nuestras fiestas: “ayudo en la gestión de los proyectos o a sugerir quién puede hacerlos, diseño los llibrets, llevo la comunicación y les acompaño en todo el proceso”.

-La falla Mosén Sorell- Corona lleva por título Ser. Pocos títulos más ambiciosos se me ocurren…

-Este año es un proyecto de Miguel Hache. En nuestra falla, desde hace ya más de una década, llamamos a diseñadores o ilustradores para que planteen un proyecto que después realiza un artista fallero. Miguel Hache es diseñador, ilustrador y artista fallero; siempre ha hecho fallas infantiles y esta es la primera vez que va a hacer una falla grande. Consistirá en un modelo anatómico humano de gran tamaño al que se le van a ir añadiendo los órganos, del mismo modo que se hace con un modelo anatómico de los que utilizan los estudiantes de Medicina. Los diferentes órganos estarán repartidos por la plaza y se irán incorporando a lo largo de la semana fallera. El último día se colocará el corazón, poco tiempo antes de la cremà.

Es una metáfora que tiene que ver con el ejercicio fallero, con lo que hace una comisión durante todo un año: trabajar para llegar a la semana fallera, y acabar quemando su trabajo. Pero tiene múltiples lecturas: científicas, mitológicas, o religiosas, como la cuestión de las reliquias, que funcionan a modo de símbolos del santo al que pertenecieron. Hemos incluido este año unas urnas que contienen cenizas de los veinte últimos monumentos, a partir del año 2000, cuando la falla empezó con su carácter experimental. Esas cenizas que se conservaron funcionan ahora como reliquias; el valor no reside en el objeto, sino en lo que representa. De todo esto habla la falla, de una manera abierta, sin concretar, como ocurre también en el arte, en el diseño, en tantas otras disciplinas…

-…En busca de espectadores activos que establezcan sus propias lecturas.

-Claro, en los textos del llibret se habla de todos los aspectos que conviven en la falla y a cada uno le corresponde acabar de entenderlo de la forma más concreta que prefiera.

-Desde luego, al escucharte compruebo que la ambición de la falla se corresponde con el título…

-Sí, y es difícil de concretar por qué se titula Ser. El primer texto del llibret, del presidente Miguel Ángel Pérez, es muy aclaratorio: acaba diciendo que todo esto, en definitiva, significa ser fallero en esta comisión. Hay una especie de fe, de confianza y de creencia en lo que hacemos cada año, que es muy arriesgado formalmente y poco previsible. Cada año planteamos proyectos muy diferentes. Hay mucho riesgo.

llibrets

Ibán Ramón. | Foto: ibanramon.com

-Apareces en la web de la falla como diseñador editorial. ¿En qué consiste esa labor en el ámbito fallero?

-Cuando nos llamaron para hacer la falla en 2013, a Dídac Ballester, mi socio de entonces, y a mí, pusimos la condición de que haríamos el monumento si también hacíamos el llibret. Para nosotros era fundamental. Una de las cosas que nos preocupaba entonces, aunque en los últimos años ha cambiado a mejor, es que los llibrets, desde el punto de vista de la calidad y del diseño eran muy deficientes. Las publicaciones falleras eran malas, directamente. Parte de nuestro interés en participar en la falla era aportar nuestro granito de arena para mejorar su calidad. Al fin y al cabo, no éramos falleros pero sí valencianos, por lo que también consideramos la fiesta como propia, y nos gustaría mejorarla en lo que fuera posible. Los llibrets los hacían los propios falleros o las imprentas directamente. Aún no es habitual que los hagan profesionales.

-Cuando se piensa en las fallas, los llibrets parecen, por decirlo así, un elemento casi residual, al menos en el imaginario colectivo de la fiesta.

-Claro, pero fíjate que, junto con la propia falla, es el elemento que está desde sus orígenes. Desde el principio había una falla y un llibret, de mayor o menor envergadura, que explicaba la falla. No puede haber falla sin llibret ni texto.

L’explicació de la falla de toda la vida…

-Efectivamente. Si lo pensamos, es un elemento fundamental en el desarrollo de la fiesta. Por eso hay que recuperar su dignidad. Además, gran parte de la producción editorial de València son llibrets de fallas; son un porcentaje muy importante de los libros que se editan al año.

-Es verdad, nunca se me había ocurrido verlo así.

-Y hacerlos mal significaría que gran parte de la producción editorial de València sería cutre y mala. Además, estoy convencido de que cuando las comisiones falleras prueban la diferencia entre hacerlo bien y mal ya no quieren volver atrás. Gran parte del gasto, el precio del llibret, ya lo hacen desde siempre. Diseñarlo bien es sólo un poquito más de coste, y la repercusión sobre el resultado es muy diferente.

También hay otra cosa: en muchas casas, aunque no abunden los libros, algún llibret sí que hay. Incluso es el primer contacto con un libro que tienen muchos niños: es el de su falla, en él aparece su nombre, salen fotografiados la fallera mayor infantil y el presidente de la falla infantil…Eso también demuestra la importancia de hacerlo bien, porque puede ser la primera referencia para mucha gente.

-Has mencionado que últimamente han mejorado. A nivel general, ¿en qué aspectos lo notas?

-Creo que de esa mejora general tenemos parte de culpa en la Falla Mosén Sorell-Corona. Para que las cosas mejoren tiene que haber referentes, y sin duda, desde 2013 este llibret lo es. Si no se ha visto nunca lo que se puede hacer con un llibret, puede que no se detecte que existe esa posibilidad. Mucha gente pensó que no se podían hacer de otra forma hasta que no vio que se podían hacer con rigor, con un cuidado de la tipografía, del contenido, de la calidad de la producción…No un ejercicio de aficionados sino un trabajo profesional.

llibrets

| Foto: ibanramon.com

-Una pregunta que me hago yo, y creo que mucha gente cuando pasea por el Carmen y ve vuestra falla, es cómo os lleváis con el entorno fallero general. ¿Os tratan de forma diferente?

-No, porque somos muy respetuosos con el resto de las fallas. Nuestra postura no es anti. Creemos que tienen que haber propuestas para todos los valencianos, que los hay de todo tipo. Nos gustan y disfrutamos los proyectos que hacen muchas fallas convencionales. Lo nuestro encaja perfectamente dentro del panorama general. Desde 2014 no participamos en el concurso de fallas experimentales porque consideramos que hacemos una falla normal y corriente, y que tiene cabida entre el resto. Es una cosa natural, las que se hacen ahora tampoco son exactamente iguales que las que se hacían hace diez o quince años. El modelado es diferente, las composiciones, también hay innovaciones tecnológicas que las han hecho distintas…Que hoy en día se trabaje con ordenadores y a partir de diseños 3D facilita que la evolución de las fallas sea más rápida.

El valor de las fallas de Corona reside en el concepto, en el pensamiento, no sólo en el aspecto estético o en el trabajo plástico. Las fallas en sí son una oportunidad estupenda de crear proyectos que provoquen una reflexión, generen interés, aporten información…Nuestras fallas, pese a ser muy novedosas en el aspecto estético, muchas personas procedentes de fallas convencionales las entienden y las reconocen como fallas. Procuramos que las nuestras tengan todos los ingredientes que hacen que una falla lo sea. Aunque evolucione la estética, si algo se mantiene es que haya un relato, que haya humor, crítica y elementos figurativos; fallas que no haya duda de que lo son.

Suscríbete a nuestra newsletter