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Sri Lanka

Tomar el té en la lágrima de India

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Hoy Ceilán se llama Sri Lanka, desde la separación del Reino Unido en 1972; un país al sureste de la India, cuya forma geográfica recuerda una “lágrima” desprendida del grandioso país que tiene al lado.

Siempre me resulta un placer visitar Nuwara Eliya, colinas y plantaciones interminables de té, en las que gente encantadora y laboriosa desarrollan su actividad. Disfrutar de la oportunidad de visitar, no solo las plantaciones, sino algunas de las fabricas donde conocer y entender el proceso de elaboración del té, sus categorías y clases, etc., me ayuda a entender cosas.

Igual que aquí estamos habituados a hacerlo con el vino, visitando bodegas y viñedos, también he visitado plantaciones de café y de agave para hacer tequila y siempre aprendo mucho.

El cultivo en zonas tropicales o subtropicales mejora el producto y si se hace en altura, la calidad es excepcional; recuerdo que ocurría lo mismo con las plantaciones de café. La altura era un factor importante para la calidad. Precisamente, esta zona es y se llama “las tierras altas de Sri Lanka”. A esta villa, Nuwara Eliya, que transpira sabor inglés -colonial de hecho-, la suelen llamar “la pequeña Inglaterra”.

Un té excepcional
Es el lugar donde se cultiva un té excepcional. Aquí es posible recorrer las plantaciones, con explicaciones detalladas desde el principio, donde la recolección es laboriosa por la orografía y porque no todo vale. Hay que saber elegir, entre esa amalgama de arbustos, que hojas recolectar, algo para lo que las mujeres tamiles son realmente expertas y rápidas.

Llegar en tren desde Ella es una delicia; posiblemente uno de los recorridos más bonitos del mundo, pues el paisaje semeja una fotografía permanente, con el olor a verde, a naturaleza, a té, inundándolo todo.

Aunque para llegar a Nuwara Eliya hay que bajar en Nanu Oya, porque es la estación más cercana, no hay problema: los tuk tuk están en todas partes y facilitan las cosas. Son dos horas y media, que se pasan rápidas, por la avidez con que queremos disfrutar y sumergirnos en el paisaje.

El té es algo que impregna todos los locales, hoteles, etc., pero podemos acercarnos a los centros de producción, como Pedro Tea State, Bluefields o Mackwoods, para vivir una experiencia más completa; máxime cuando hemos decidido tomar un té en la “lágrima” de la India.

El viaje vale la pena
¿Vale la pena hacer un viaje a Sri Lanka para tomar un tren que hace uno de los recorridos más bonitos del mundo, llegar a las alturas de Eliya, con sabor inglés, rodeada de plantaciones, y disfrutar de un té espectacular, relajadamente, simplemente contemplando ese entorno único? Para mí, sí. Cada sensación especial puede ser un motivo de viaje, pero Sri Lanka es muchísimo más.

En Minneriya, su parque nacional, encontramos la concentración de elefantes más grande del mundo. El elefante es un animal casi sagrado para ellos y verlos por manadas en la naturaleza es una experiencia encantadora.

Lo mismo que visitar los templos del país; una delicia. El Templo de la Cueva de Dambulla, patrimonio de la humanidad, es un complejo con más de 80 cuevas, de las que cinco están repletas de pinturas y esculturas, cuyo origen se remonta a más de 2.000 años.

¿Qué decir de las playas? Las hay de todos los tipos, muchas de ellas salvajes, con kilómetros de naturaleza prácticamente vírgenes. Y no debemos abandonar el país sin peregrinar al pico de Adán para ver el amanecer, una tradición con más de 1.000 años en el lugar que se supone que Adán pisó la tierra por primera vez. Y tampoco podemos olvidarnos de ir a Kandy, en el Sri Dalada Maligawa, en la fiesta en honor al Diente de Buda que alberga su templo, con el desfile de elefantes, adornos y danzas más colorido y sugerente que he visto. Una experiencia única para los sentidos.

Sauna y baño ayurvédico
Sri Lanka es un país que invita a viajar tranquilo, relajadamente y a ello contribuye el carácter de su gente. Los nativos de la antigua Ceilán sufrieron una guerra civil y étnica desde 1983 a 2009. Yo estuve por primera vez en 1998 y recuerdo las calles de Colombo, la capital, con barricadas y controles permanentes. Afortunadamente, eso ha pasado a la historia.

Para venirnos con un sabor extraordinario del viaje, disfrutaremos de una sauna y baño ayurvédico, donde el vapor es la parte más importante de esta experiencia. Tumbados, totalmente relajados y descansado, el vapor nos impregna y nos permite “evacuar nuestras impurezas”.

Una práctica artesanal con más de 2.500 años de historia que, acompañado de plantas medicinales, especies, aceites y otros ungüentos, nos permite conseguir nuestro equilibrio de cuerpo, mente y espíritu. Al finalizar, otro buen motivo para tomar un té.

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