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Jabones Beltrán pionera en lanzar productos de limpieza ecológicos

Casi un siglo después de su constitución, Jabones Beltrán se mantiene fiel a su origen y sigue apostando por la elaboración artesanal de sus productos. Es su seña de identidad en un mercado cada vez más globalizado y uniforme. Mantener las fórmulas originales hace que esta jabonera sea, posiblemente una excepción en el sector, al ser la única que conserva las mismas recetas que usaba en 1922 cuando la crearon en Xert (Castellón) los hermanos Beltrán.

Sin embargo, preservar las tradiciones no ha impedido a esta pyme evolucionar y adaptarse a las demandas del mercado. Así, puso en marcha la primera línea española de jabón ecológico y ha generado productos específicos para la agricultura y las personas con sensibilidad química. Apuestas que contribuyen a reforzar su compromiso, no solo medioambiental, sino social, lo que la ha convertido en una empresa pionera en Castellón, al contar con el sello de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), logrado tras un estudio realizado por la Universidad Jaume I (UJI).

Iris Beltrán representa a la cuarta generación familiar y ha seguido los pasos de su familia en la empresa, donde ejerce como directora de administración, aunque, como apunta, la empresa es una pequeña familia con 17 trabajadores y todos están implicados en el proyecto.

Conocedora de la evolución de esta empresa jabonera, Iris Beltrán recuerda que desde 1922 cuando se fundó en Xert, la adaptación a las demandas de la sociedad centraron la política empresarial. Así “en un principio tan solo fabricábamos jabones en pastilla para el lavado de ropa a mano y un jabón blando a base de potasa, típico de la zona norte de Castellón y sur de Cataluña que es muy efectivo para las manchas más difíciles”.

Fue la llegada de la lavadora, la que motivó un nuevo proceso de adaptación de Jabones Beltrán, porque “tuvimos que adaptar nuestros productos para poder utilizarse en estas, primero virutando, secando y moliendo las barras de jabón para obtener jabón en polvo y más tarde, ya en los ochenta, disolviendo en nuestra caldera jabón en pastillas a base de aceite de coco para obtener así un jabón líquido que se podía utilizar tanto para lavar a mano como para la máquina”.

Cambios que no desviaron a la empresa de su apuesta por lo natural y ecológico. Apuesta que, con el tiempo, les ha permitido diferenciar sus productos de los de la competencia.

En esa línea, recuerda Iris Beltrán, “a principios de este siglo quisimos dar un paso más en la diferenciación de nuestra gama de productos en cuanto a la naturalidad y calidad, lo que nos llevó a ser la primera empresa española en fabricar productos de limpieza con certificación ecológica Ecocert. Además de productos de limpieza de ropa y hogar, a lo largo de tantos años hemos desarrollado otras líneas de productos basados en la jabonería tradicional como jabones cosméticos artesanales, y jabones con aplicaciones para agricultura ecológica”.

La “filosofía de la empresa”, apunta, les ha llevado a apostar por productos ecológicos y respetuosos con el entorno. Una filosofía que hizo que “cuando aparecieron los tensioactivos petroquímicos con los que se empezaron a fabricar detergentes como sustitutos del jabón tradicional para la limpieza de la ropa y la piel, prácticamente todos los fabricantes de jabón se pasaron a la detergencia, cambiando las fórmulas, los procesos… Las ventajas que ofrecían estos eran múltiples, había una gran oferta de materia prima, el precio era muy barato, los procesos de fabricación mucho más simples y, por tanto, más económicos en comparación con el del jabón tradicional. Pero nosotros mantuvimos nuestra apuesta por el jabón porque sus ingredientes eran mucho más naturales, no procedían del petróleo y considerábamos que estos nuevos ingredientes no podrían igualar la calidad del jabón tradicional. En 2000 quisimos dar un paso más y mejorar la composición de nuestras fórmulas eliminando los pocos ingredientes sintéticos que contenían, caso de los perfumes y algún conservante, lo que nos valió la certificación Ecocert para productos de limpieza, siendo la primera empresa española en fabricar productos de limpieza bajo dicha norma. Para una pequeña empresa familiar como la nuestra fue un gran orgullo y nos produjo una gran satisfacción”.

En un mundo empresarial que se rige por la lógica de la rentabilidad, surge la duda de si es rentable mantener la producción artesanal de los jabones. En el caso de Jabones Beltrán “los procesos de producción artesanales nos permiten obtener productos de gran calidad y de un alto grado de personalización. Nuestros casi 100 años de experiencia acumulada con esta forma de producción nos ha permitido optimizar mucho los procesos y llegar a una capacidad productiva de 25.000 pastillas de jabón a la semana. A diferencia de la fabricación más industrial, mecanizada y automatizada, nuestra metodología artesanal es compatible con pedidos de gran volumen pero también es flexible para pedidos menores. Damos respuesta a un perfil muy amplio de clientes, desde el pequeño comercio hasta suministros a marcas internacionales con gran demanda. Siendo artesanales 100 % ofrecemos productos completamente personalizados con una calidad altísima a precios muy competitivos”.

Su apuesta por mantener la elaboración tradicional de sus jabones y de atender a públicos que apuestan por productos ecológicos, supone conocer muy bien al cliente. Por ello, cabe preguntarse, ¿cuál es el perfil de ese cliente? “Nuestros clientes son consumidores que buscan productos de mucha calidad, prestando mucha atención sobre todo al origen de las materias primas con las que están fabricados, exigiendo que sean lo más naturales, biodegradables y sin ingredientes tóxicos y, por otro lado, valoran muy positivamente los procesos de producción artesanales y respetuosos con las personas y el medioambiente”. Un cliente que “nos ha permitido ir evolucionando para adaptarnos a sus necesidades. Por ello, siempre que esté en nuestras manos haremos lo posible para dar respuesta a sus demandas. La cercanía al cliente y la calidad de los productos son  dos de los valores que recogemos en nuestro código ético”.

En esa línea de escuchar y responder a las demandas del cliente, apunta Iris, se enmarca la línea de productos Beltrán Vital. “Esta se desarrolló gracias a una llamada realizada por una asociación de afectados por sensibilidad química de Valencia. Conocían nuestros productos y sabían que eran muy naturales en comparación con la detergencia convencional pero estaban perfumados y ellas no podían utilizar este tipo de productos. Así que decidimos iniciar pruebas y desarrollar unas fórmulas junto con esta asociación para hacer una línea apta para ellas. Al principio solo servíamos a esta asociación, poco a poco se fue corriendo la voz y nos pedían productos sin perfumes de todas las provincias. Esta línea de productos no ha dejado de creer desde que salió al mercado”.

Si la salvaguarda de la tradición ha sido emblema de esta jabonera surgida en Xert, que migró a Castellón en los años 50 y se ha asentado definitivamente en Almassora en el tramo final de los años 90 del siglo XX, la apuesta por ser una empresa responsable, con el sello RSC, es otro elemento diferenciado que da valor a la firma. “Más que una apuesta la RSC para nosotros es una convicción, consideramos que la única manera de mantener nuestra empresa en el tiempo de una manera sostenible es actuando de manera responsable con nuestros empleados, clientes, proveedores con nuestro entorno por supuesto y con la sociedad de la que formamos parte. A la RSC llegamos tras un trabajo con un grupo de expertos de la Jaume I que nos ayudaron en el proceso que culminó con la redacción de nuestro primer código ético”.

Beltrán considera que “una pequeña empresa tiene que ser responsable, porque además es rentable. La RSC es positiva y no cuesta ni tiempo ni dinero. Solo reflexionar qué tienes y cómo son tus relaciones con tus trabajadores, con los proveedores y los clientes. Eso te proporcionará mayores flujos de caja, reputación y marca”.

La investigación para incorporar innovaciones que permitan poner en valor sus jabones, la generación de valor añadido a través de su compromiso medioambiental y su código ético, derivado de su opción como empresa responsable, forma parte de un ADN que no ha variado desde 1922 cuando se creó como empresa familiar. Ello ha facilitado la transición intergeneracional, convirtiendo el proceso en “bastante sencillo. No hemos tenido ninguna dificultad a la hora de traspasar la empresa de una generación a otra. Las nuevas generaciones nos íbamos incorporando y aprendiendo el funcionamiento de la empresa, los procesos y métodos de trabajo. Tratando con mucho esfuerzo de ir mejorando siempre. Ahora trabajamos mano a mano la tercera y cuarta generación de los Beltrán, consiguiendo una muy buena combinación de experiencia y conocimiento con innovación y nuevas tecnologías”.

Precisamente, la innovación la marcan detalles como el uso de las redes sociales para proyectarse al exterior, unido al cambio de imagen. “Eso ayuda a vender y a llegar más lejos. Mi hermana es experta en comunicación y publicidad y ayudó a la creación de nuestra web, a través de la que llegamos a un público determinado, a un mercado muy concreto”, apunta Iris Beltrán, quien añade que su principal mercado es el nacional y en perspectiva tiene el europeo, para lo cual “en febrero de 2019, nos planteamos asistir a Biofach, la feria europea más importante de ecología. Buscamos abrirnos a Europa y al mundo, para mostrarles nuestros productos”.

La apertura a Europa es parte de su proyecto inminente, puesto que a finales de año “vamos a dejar de producir jabón en polvo, por lo que tras el desmantelamiento de esa zona, ampliaremos y modernizaremos nuestra sala blanca lo que nos permitirá incrementar y producir pastillas de jabón artesano cosmético en un entorno determinado. Además introduciremos mejoras en la línea de producción de detergentes, con un nuevo tanque de 10.000 litros”, apunta Iris Beltrán.

Veinte mil pastillas semanales de jabón

Jabones Beltrán fabrica una medida de 20.000 pastillas de jabón a la semana, aunque también puede llegar a las 50.000 en fases de mayor demanda y lo hace en un proceso de elaboración artesanal que se alarga una semana. En este proceso se implican los 17 trabajadores, con una media de una incorporación anual desde el año 2012.

Jabones Beltrán cerró el año pasado con una facturación de 1,6 millones de euros y una tasa de crecimiento respecto a 2016 de 13 %, con un crecimiento acumulado del 86 % en los últimos cuatro años, apunta Iris Beltrán, quien explica que “nuestra principal materia prima a la hora de producir jabones en pastilla es el aceite de coco, ya que el jabón con este aceite presenta una inigualable espuma, elevada capacidad de limpieza y a la vez es muy respetuoso con las pieles más sensibles”.

Actualmente, añade, “utilizamos unas 80 toneladas al año. También empleamos otros aceites para fabricar jabones destinados a la agricultura, quitamanchas y otras aplicaciones como pueden ser oleína de aceite de oliva 20 toneladas al año y aceites vegetales recuperados de otros usos otras 40 toneladas anuales”.

Es importante, apunta Iris Beltrán, conocer las diferencias entre jabón y detergente, ya que hoy en día se utilizan como sinónimos cuando son productos completamente diferentes en cuanto a su composición y su forma de producción, aunque comparten funcionalidad ya que los dos sirven para limpiar. “Un jabón es el resultado de una reacción química que se denomina Saponificación, esta ocurre al mezclar un ácido graso (aceite o grasa) con una base (sosa o potasa) y agua. El resultado es un producto natural ya que sus ingredientes los podemos encontrar en la naturaleza”.

Los detergentes son fruto, añade, “de la mezcla de diferentes ingredientes, el principal sería un tensioactivo, un compuesto de síntesis química con capacidad de limpiar igual que un jabón tradicional. El resto de ingredientes son aditivos y correctores que se utilizan para hacer más atractivo el producto. Cuando hablamos de detergentes convencionales (marcas conocidas) el origen de sus ingredientes suele ser el petróleo. Esto se traduce en los altos requerimientos energéticos en su fabricación, una baja o nula biodegradabilidad, contaminan el medioambiente y en un riesgo para la salud de las personas al ser utilizados, ya que está demostrado que muchos de estos ingredientes provocan alergias, sensibilidad química y otros efectos nocivos para las personas”.

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