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Mercado laboral en un entorno digitalizado

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Profesora Grados de Dirección de Empresas y Marketing
Universidad CEU Cardenal Herrera
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pymesLas últimas semanas hemos podido presenciar un interesante debate público sobre la potencial pérdida de puestos de trabajo por el incremento de la robotización. La llamada “cuarta revolución industrial”, que incluye campos como la inteligencia artificial, la robótica, la nanotecnología, la biotecnología, etc., cambiarán no solo los tipos de negocios existentes, sino el tipo de trabajos a desempeñar durante los próximos diez años.

El ritmo del cambio tecnológico se ha acelerado mucho los últimos años y en reiteradas ocasiones se comenta que el trabajo del futuro no va a tener nada que ver con el del pasado. Recordemos cómo en los años 80, hace tan sólo 30 años, ningún español tenía ordenador en su hogar.

Si algún visionario decía que en unos años los ordenadores serían como las lavadoras, que cada hogar tendría uno, no se le tomaba muy en serio. Hoy en día, cada hogar tiene una lavadora y varios ordenadores. El cambio tecnológico existe desde hace un siglo y ha ido acelerándose vertiginosamente durante los últimos diez años.

La OCDE, dentro de su iniciativa “Future of Work”, investiga cómo el cambio demográfico, la globalización y el progreso tecnológico están afectando, tanto a la cantidad, como a la calidad del trabajo. Dentro de esta línea de investigación, el pasado mes de marzo publicó su informe “Putting faces to the Jobs at risk of automation”. Según este informe, un 14 % de los trabajos de los 32 países estudiados tienen una alta probabilidad de automatizarse, y un 32 % cambiarán sustancialmente debido a esa automatización.

Previsiones de futuro
La robotización afectará principalmente al sector manufacturero y agrícola, como ya lo hizo años antes, pero también hay trabajos del sector servicios que se verán afectados. Los trabajadores de baja cualificación y los jóvenes están entre los grupos más vulnerables, aunque el informe exceptúa los trabajos relacionados con la asistencia o el cuidado de terceras personas.

Entre los sectores más afectados destaca la minería, construcción, manufactura y transporte. En el otro extremo, como menos vulnerables, tendríamos trabajos que requieren alta cualificación y en los que destaca la enseñanza, directivos y profesionales de la salud.

El informe se muestra bastante optimista, ya que considera que desaparecerán empleos cuyos protagonistas ya se encuentran en una situación más desfavorecida, porque son los peor remunerados y los que tienen tasas de desempleos más elevados. Sin embargo, se crearán puestos de trabajo nuevos y complementarios de los ya existentes, que requerirán personal más cualificado. En definitiva, concluye que se aumentará la cantidad de trabajo y los nuevos puestos de trabajo serán de mayor calidad.

Casi al mismo tiempo, el informe publicado por la empresa PwCWill robots really steal our Jobs?”, coincide en los puntos principales, especialmente en que se verán más afectados los trabajadores de baja cualificación. Este informe añade que la robotización se desarrollará durante tres fases.

Una primera fase, que llama algorítmica, sería hasta principios de la década que empezará en 2020. En esa fase, los sectores más afectados serían los de manejos de datos, como el sector financiero. La segunda fase, de intensificación o aumento, hasta finales de dicha década, estaría más relacionada con la utilización de robots en logística, como en almacenes. La última fase, la autónoma, hasta mediados de la década que se iniciará en 2030, afectará más a los sectores de transporte y construcción.

Durante la primera fase, las pérdidas de puestos de trabajo afectarán más a mujeres y a personal más cualificado. Sin embargo, estiman que esas pérdidas no llegarían al 5% de los empleos existentes. Durante la última fase, los puestos más susceptibles de ser automatizados afectan más al personal masculino y de baja cualificación, y rondarían el 35% del empleo ocupado.

Adaptar los planes educativos
En definitiva, según la OCDE, uno de cada 7 trabajos desaparecerá. Sin embargo, se crearán nuevos puestos laborales. De hecho, muchos jóvenes que están ahora estudiando trabajarán en tareas y ámbitos que hoy no existen. Por eso, el debate no se debería centrar en si se van a destruir puestos de trabajo, sino en cómo adaptar los planes educativos a este nuevo futuro cambiante.

Un buen empresario tiene que saber identificar los desafíos y convertirlos en oportunidades. De la misma forma, los educadores tienen que trabajar en ese sentido, identificando los retos a los que se van a enfrentar los futuros profesionales. En un contexto de continuo cambio e incertidumbre, la educación debe ser una carrera abierta, tanto a nivel personal como institucional.

A nivel personal, los profesionales tienen que ver la necesidad de seguir aprendiendo, de ir reinventándose, no sentirse cómodos en su zona de confort, para poder adaptarse a un mundo cambiante.

A nivel institucional, hay que desarrollar un aprendizaje que permita “aprender a aprender”. Los alumnos tienen que desarrollar una mentalidad de saber buscar información y soluciones. Los profesores deben inspirar, ofreciendo la oportunidad de trabajar en grupo y de buscar conocimiento, no de resolver un problema o plantear una tarea.

El reto está en cambiar el enfoque en la educación sin perder de vista la adquisición de conocimientos técnicos. Los profesionales del futuro, además de esos conocimientos, que serán imprescindibles para poder plantearse cuáles son las necesidades y la información que necesitan, tienen que ser capaces de ir adaptándose a un nuevo entorno digitalizado y en continuo cambio.

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