La internacionalización de la pyme valenciana

2015-nov-OPI-CEU-maria-pilar-garcia-alcoberProfesora de Economía. Universidad CEU Cardenal Herrera

Desde la época de los fenicios, el valenciano ha sido un pueblo emprendedor y orientado al comercio exterior, aspectos ambos que han sido favorecidos por su ubicación costera. Un reciente ejemplo de ello es la apertura de una nueva tienda de Porcelanosa en la prestigiosa Quinta Avenida de Nueva York. Como en el caso de Lladró y otras muchas empresas menos conocidas, constituye un claro ejemplo más del potencial de las empresas valencianas a escala internacional.

La internacionalización de las empresas es un proceso inevitable en un mundo globalizado. A finales de los 80, los procesos de deslocalización supusieron una amenaza para nuestra industria y como tal fueron percibidos por la inmensa mayoría de los trabajadores.

Sin embargo, no puede obviarse el hecho de que la economía española siempre se ha beneficiado de la apertura al exterior. Las principales etapas de crecimiento económico en España han coincidido con los momentos de internacionalización y mayor apertura al exterior de nuestra economía. Repárese, por ejemplo, en el punto de inflexión que supuso la etapa de finales de los años 60 y principios de los 70 cuando la economía española –tras abandonar un periodo de autarquía–, alcanzó cuotas de crecimiento económico desconocidas hasta la fecha.

Desde ese momento, nuestro país ha ido desarrollándose económicamente hasta situarse al nivel de otros países europeos. Como consecuencia de ese proceso de desarrollo económico y apertura al exterior podemos presumir en la actualidad de contar con grandes empresas de implantación internacional en los sectores financiero y energético.

Así pues, la internacionalización no debe verse como un riesgo sino como una oportunidad. Quién podría decir hace unos años que una empresa del sector textil, el grupo Inditex, sería la gran triunfadora de la globalización, convirtiendo a Amancio Ortega el hombre más rico del planeta según ha hecho público hace unos días la revista Forbes.

Nuestra comunidad autónoma, como indicaba al principio, no ha sido ajena a ese proceso de globalización. Si analizamos la estructura de nuestras exportaciones podemos observar que la mayor parte se dirigen al mercado europeo.

Según los datos de un reciente informe publicado en octubre por el Instituto Valenciano de Competitividad Empresarial, el 33 % de las exportaciones de la Comunidad Valenciana se dirigen a Francia, Alemania y Reino Unido. Respecto a los productos que se exportan, un 23 % son automóviles, un 10 % frutas y un 9 % productos cerámicos. Estas cifras son una clara muestra de la importancia de la factoría de Ford en nuestra industria.

Ahora bien, nuestro tejido empresarial está formado fundamentalmente por pymes. La pregunta pertinente, por tanto, es: ¿qué ocurre con las pymes? ¿Cuál es su situación al respecto?

Si en otros periodos, la apertura al exterior ha sido la clave del crecimiento económico, durante la crisis económica las exportaciones han sido lo que ha salvado a muchas empresas de la quiebra. La fuerte caída de la demanda interna se ha visto compensada a menudo por la demanda externa. Es de suponer que muchas pymes valencianas se habrán preguntado por qué no desarrollaron más la fase exportadora cuando el ciclo económico aún era favorable. Las reformas estructurales, en este caso, la salida al exterior, deben realizarse con ciclos económicos expansivos, pues cuando llegan las dificultades económicas, aunque se percibe con más claridad la necesidad de abrir nuevas vías para incrementar el negocio, no hay margen de maniobra y, por tanto, es mucho más complicado acometer nuevos proyectos.

A determinadas empresas del sector servicios –aunque su tamaño sea reducido–, el proceso de internacionalización les resulta relativamente sencillo. Son empresas con alta productividad como, por ejemplo, empresas de desarrollo de software, empresas de consulting o despachos de arquitectura. Estas empresas no requieren grandes estructuras. Cuentan con personal cualificado y, por tanto, no arriesgan tanto cuando salen al exterior.

Pero, en general, las pymes españolas y, por ende, las valencianas, se siguen enfrentando a las dificultades que conlleva la apertura al exterior. Para hacer negocios en terceros países hay que conocer muy bien las fortalezas, debilidades e incluso las diferencias culturales. Ni siquiera grandes multinacionales, como el Grupo Inditex, están exentas de riesgos por falta de conocimiento del mercado. Recordemos, por ejemplo, cómo hace nueve años la empresa Zara tuvo que disculparse en Israel ante los judíos ortodoxos por mezclar algodón con lino –mezcla prohibida por el judaísmo– en algunas de sus prendas.

Las pymes, al ser empresas de tamaño reducido, tienen mayor dificultad de acceso al crédito. La falta de financiación para dar a conocer y promocionar sus productos en mercados potenciales, así como el escaso conocimiento de idiomas por parte de los trabajadores, dificulta la obtención de información de mercados exteriores y la identificación de oportunidades de negocio. A su vez, la falta de experiencia y cualificación de sus directivos es la causa de que en ocasiones se incurra en riesgos a la hora de negociar los pagos.

Muchas empresas no tienen capacidad para analizar la fiabilidad de sus clientes o desconocen que hay compañías que aseguran el cobro de las exportaciones. Esta circunstancia genera impagos y problemas financieros que, en ocasiones, son irreversibles y condicionan la viabilidad de las pymes que han arriesgado demasiado en su salida al exterior.

Por todo ello, es fundamental diseñar estrategias de apertura al exterior en periodos de crecimiento económico y contar con profesionales cualificados y con experiencia. No son pocas las empresas valencianas que ya lo han hecho y han obtenido resultados satisfactorios.

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