Cómo simultanear dos actividades tan distintas como la medicina y la moda

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Hija única, Dolores Font, actual gerente de la firma Dolores Cortés, heredó de sus padres la inquietud por aprender y la capacidad de trabajo. Recuerda su niñez como una sucesión de travesuras y aprendizaje, sabiamente dirigida por su madre que la encauzó primero a los estudios de bachillerato que no quería hacer; a realizar dos cursos en uno (en dos ocasiones) y a convencerla de que tenía capacidad más que suficiente para emprender los estudios de Medicina.

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Esos años de niña traviesa los recuerda Dolores Font con una chispa de picardía en los ojos y, al mismo tiempo, de satisfacción por saberse ganadora de los retos que de una forma sutil le iba presentando su madre.

Los estudios, sin embargo, nunca la alejaron de la actividad de la compañía, donde trabajaba en vacaciones y aprendió todas las operaciones necesarias para confeccionar un bañador: aprendió de tejidos, estampados, patronaje, cómo optimizar las telas, cortarlas y ensamblarlas; y cómo venderlas y crear una marca reconocida y prestigiosa: Dolores Cortés, la firma de la que es gerente desde hace 30 años.

Especializada en Medicina Interna, trabajó durante cuatro años en el Hospital Arnau de Vilanova, “hasta que lo dejé. Éramos por aquel entonces muy pocos y estabas casi siempre de guardia. Me pasé a la privada y allí mi jefe me convenció de que me especializara en medicina Física y Rehabilitación”.

Años más tarde abriría su propia clínica de rehabilitación que tuvo en funcionamiento durante 20 años, en la esquina de Cirilo Amorós con Hernán Cortés de la ciudad de Valencia. “Toda la entreplanta, 400 metros cuadrados. Allí trabajaba con varios fisioterapeutas y pasaba consulta, hasta que hace cuatro años hubo que realizar una rehabilitación integral de la estructura del edificio. Quedó todo destrozado y me dió mucha pereza volver a empezar”.

Hasta ese momento, Dolores Font había repartido su tiempo entre Vila-real y Valencia, simultaneado la consulta con la gestión de la parte creativa de la firma, a la que a partir de entonces se dedica en exclusiva.

Su marido, catedrático de Transporte en la UPV, ha sido un factor decisivo en la modernización de la compañía. Como ocurriera con sus padres, creatividad e innovación van de la mano. “Creo que fuimos la primera fábrica de bañadores que tuvo ordenador patronaje y corte por ordenador–rememora Dolores Font–. Los programas informáticos los hizo mi marido y ahora es mi hijo Óscar quien programa, desde que se incorporó a la empresa hace tres años”.

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