Navarro Reverter, el valenciano de cabeza prodigiosa, que se ocupó de la Hacienda Pública española en cuatro gobiernos

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Juan Navarro Reverter

Llegar a ser ministro de Hacienda de España es un honor relevante. Pero serlo durante la Guerra de Cuba puede ser una verdadera pesadilla. Juan Navarro Reverter lo fue durante el conflicto hasta que su partido, el Conservador, cayó del poder tras el asesinato del presidente Cánovas en un balneario. Con todo, este valenciano, que empezó su carrera como administrador del Marqués de Campo, todavía fue ministro de Hacienda tres veces más, ahora con el Partido Liberal. Y además, ministro de Asuntos Exteriores, presidente del Consejo de Estado y académico de la Lengua. Cuando murió a los 80 años, en 1924, su silla en la institución, la “P”, la ocupó otro ilustre vecino de esta tierra, José Martínez Ruiz, Azorín.

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Una excepcional cabeza, un número uno”. Si reuniéramos testimonios dispersos sobre la personalidad de Juan Navarro Reverter, encontraríamos muchas coincidencias en torno a un hombre serio, seguro, inteligente, gran organizador y dotado de una cabeza privilegiada; “muy bien amueblada”, decimos ahora.

Su estampa personal –calvo, con un poblado bigote–, nos habla de un hombre de elegante trato que, a buen seguro, despertaba confianza y seguridad, la clave para la organización de equipos humanos.

Nació en una Valencia todavía amurallada en 1844, y estudió en el colegio de los Padres Escolapios de la calle de Carniceros. Pasó por el instituto único de su época, el de la calle de Xàtiva, y se preparó en la Escuela de Artesanos para estudiar en Madrid algo reservado para los muy ricos o los muy inteligentes: Ingeniería de Montes.

Sin especial esfuerzo, Juan Navarro Reverter se limitó a hacer lo que sabía: sacar siempre el número 1, ser el primero de su promoción, desde el ingreso al final de la carrera. Por esa razón, con solo 22 años, ya era profesor de Geodesia, Mecánica y Química en la propia Escuela.

Y por eso, la Real Sociedad Económica de Amigos del País –que entre otras cosas servía de “head hunter” en la Valencia de entonces–, se fijó en él de inmediato. El Marqués de Campo, del que nos ocupamos el mes pasado, lo fichó para dirigir sus múltiples negocios.

En 1873, durante la primera República, España buscaba estabilidad entre los altibajos de la política.  Es el momento en que Teodoro Llorente, propietario de Las Provincias, se percató de los valores del muchacho que, junto con la buena disposición para los negocios, escribía muy bien y tenía evidentes inquietudes literarias.

Del Turia al Danubio

El muchacho en cuestión, que con 29 años había sido designado por el Gobierno miembro del jurado español en la Exposición Universal de Viena, era el más adecuado para enviar crónicas del viaje a los lectores del diario conservador.

Nació así un libro interesante, titulado “Del Turia al Danubio”, donde al mismo tiempo podemos disfrutar de un relato de viajes escrito con buen gusto y de una reflexión informada sobre los cambios que el mundo moderno está experimentando.

Es una recopilación de las crónicas enviadas a Valencia por un joven que estaba en primera fila de la organización, dentro de un soberbio certamen internacional de novedades, observando la fascinante transformación que, después del vapor, traía la electricidad, el telégrafo y el teléfono. Las nuevas tecnologías en el corazón del imperio austro-húngaro.

2015-mayo-Historia-Navarro-Reverter-joven“Era un ingeniero-poeta”, escribió en Las Provincias en 1924 Teodoro Llorente Falcó, al comentar la noticia de su fallecimiento. Para describir al personaje utilizó estos términos: “Enamorado de la ciencia, le pedía la transformación del mundo en beneficio de la Humanidad. Para esta obra ideal trabajó cuanto pudo en la realidad práctica”.

Por entonces, Juan Navarro Reverter ya trabajaba junto con uno de los mayores financieros de España, el Marqués de Campo, el hombre que había introducido en Valencia el gas y el agua potable, el millonario que había traído el ferrocarril y se disputaba concesiones y capital con el Marqués de Salamanca. En Valencia, Navarro Reverter fue director de la fábrica de gas, ubicada en lo que hoy es Grabador Esteve, y administrador de la compañía de tranvías de caballos.

Cuando hubo problemas para iluminar la Feria de Julio, él acudió; y cuando hubo que echar una mano tras el incendio de 156 barracas del Cabañal, él fue el brazo del mecenas de las grandes patillas.

Navarro Reverter llevó el gas a la industria alcoyana y valenciana; y estuvo dispuesto y disponible –en la trasera del escenario–, cuando, por iniciativa de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, se creó en Valencia (1878) un Monte de Piedad y Caja de Ahorros, el embrión de la Bancaixa que conocimos.

Otros dos notables valencianos, Cirilo Amorós y Eduardo Pérez Pujol, estuvieron con él en el parto de la institución. Cinco años después, en 1883, la primera Exposición Regional abría sus puertas después de las gestiones que él realizó por encargo de la Sociedad de Amigos del País.

En un tiempo, mucho menos exigente que el actual, simultanear la política con los negocios era tarea más sencilla. En el año 1886, con 42 años, Navarro Reverter dio el salto a la política y obtuvo el acta de diputado por el distrito de Segorbe.

La política y el dinero para la guerra

El diario La Época, cuando escribió su semblanza, explicó así los rasgos ideológicos de nuestro hombre: “Ostentaba entonces divisa fusionista, pero sin ideas económicas (Navarro Reverter era proteccionista); le indujeron a clasificarse entre los amigos de Antonio Cánovas”.

Estaba diciendo a sus lectores que viajó desde el liberalismo juvenil al conservadurismo y que en 1897, tras la muerte de Cánovas, descontento con Silvela, regresó al ámbito liberal de Romanones cuando reclamaron sus servicios desde el Gobierno. Las Provincias, a su muerte, escribió: “Si la política nos separó muchas veces, íntimo afecto personal y el amor a Valencia nos mantuvo unidos”.

El acta por Segorbe la obtuvo una y otra vez. Desde 1903 hasta su fallecimiento, en 1924, Navarro Reverter fue diputado por Castellón y senador vitalicio. “Su colaboración en los presupuestos y en las reformas arancelarias y aduaneras, le consolidaron en el prestigio de que ya venía rodeado su nombre desde los tiempos en los que laboró con el famoso Marqués de Campo en grandes empresas”, escribió el diario La Época.

Así las cosas, le veremos representando a España en la Exposición de París de 1889 y de director general de Contribuciones Indirectas al año siguiente. En 1891 fue subsecretario de Hacienda. Con todo, la gran prueba política fue la del Ministerio de Hacienda en un momento de tanta dificultad para España, de tanta prueba, como la Guerra de Cuba. Navarro Reverter fue titular de la cartera entre 1895 y 1897. Muerto Cánovas en atentado, le correspondió a su sucesor el amargo momento de la ruina nacional. Pero él tuvo que pechar con las dificultades en un momento de constante envío de hombres, barcos, armas, municiones y pertrechos a un conflicto en el que el conservadurismo en modo alguno quería ceder. Ni ante los rebeldes independentistas ni ante los yanquis.

“Jamás se ha encontrado el Tesoro español en situación tan equilibrada”, dijo Juan Navarro Reverter al corresponsal de Le Matin, cuando le preguntó, en 1896, por la inquietud de los mercados financieros con respecto a España. Imperturbable, Navarro hizo de tripas corazón a sabiendas de que el envío a Cuba, en 1895, de 117.795 soldados de refuerzo, reclamaba emisiones de deuda constantes.

“Nuestra Hacienda —dijo– está sólidamente afianzada; la Deuda total, nominal, es de 6.000 millones, una de las más pequeñas de Europa, si se considera el número de los habitantes de España, su riqueza y su incesante desarrollo”.

El conflicto de Cuba costó a España, al principio, unos 25 millones de pesetas al mes. Pero cuando la oposición clamó en el Congreso que íbamos hacia una guerra de “2.000 millones de pesetas y 20.000 muertos anuales”, el presidente Cánovas ató de pies y manos a sus ministros, principalmente a Navarro Reverter, proclamando que España resistiría “hasta la última peseta y hasta la última gota de sangre”.

“El  talento oratorio de Navarro Reverter merece mención especial” –dijo La Época en su semblanza–. “En una época de grandes oradores, el ilustre exministro acertó a alternar entre ellos, con mérito relevante. Su estilo era muy pulcro y entonado. Su argumentación, hábil y sólida”. Y bien podemos añadir que le sirvió, después de la guerra, para seguir dando explicaciones en torno a unas finanzas nacionales que, obviamente, estaban esquilmadas.  

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