Deshacer la inversión y recoger beneficios, ¿cómo, cuándo?

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– ¿Cuál es el modo más habitual para un inversor de salir del proyecto? Y lo más importante, ¿se rentabiliza la inversión?

Tomás Guillén.– La salida de los primeros inversores suele hacerse cuando llega una ronda potente de nueva inversión. Las primeras rondas son para alimentar al proyecto, no para sacar a los inversores. Cuando el proyecto está ya avanzado y viene una ronda fuerte de inversión es cuando puede darse el caso de que los nuevos inversores compran las participaciones a los pequeños para coger el liderazgo de la compañía. Pero de esas operaciones no hay muchas. Nos falta ese estadio de desarrollo en los proyectos, que ayude a la salida de los pequeños.

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Pedro de Álava.- El 39% de las desinversiones del año pasado fueron venta a un tercero; el 20%, recompra del equipo directivo. Al final hay que buscar una vía de desinversión. En 2013 volvió el interés por comprar; la inversión subió un 12% y en lo que llevamos de 2014 ya se ha igualado la inversión del año pasado.

Álex González.– Nosotros nos planteamos que sea la propia sociedad la que compre nuestra participación. Pensamos que en unos años la sociedad habrá hecho suficiente caja como para comprar nuestra parte de capital. Nuestro foco es que el emprendedor se convierta en empresario. Queremos captar emprendedores con talento y convertirlo en empresario con una compañía propia.

Enrique Penichet.– Nuestra perspectiva es distinta. Lo que buscamos es la rentabilidad y aunque entramos en los proyectos en una fase muy temprana, tenemos que buscar la salida de la manera más temprana posible. Si tenemos que esperar a que el propio proyecto esté facturando y teniendo una caja suficiente como para obtener un apalancamiento, se dilata muchísimo en el tiempo. Nuestro modelo óptimo de salida es a mitad de camino, cuando la empresa no ha alcanzado el máximo potencial.

Dentro de los ‘players’ de capital-riesgo, el que entra después siempre intenta comprar más barato y, en cierta manera, aplastar a los que ya están. Conforme la venta se produce con la empresa más desarrollada y tu eres un inversor temprano, es más difícil defender tu posición. Si me espero a que la empresa esté arriba del todo, ya me habrán ido comiendo participación, me han diluido. Idealmente, debería salir en una segunda ronda de inversores y es algo que trabajamos dentro del pacto de socios.

Tomás Guillén.– Nosotros no tenemos ningún modelo definido como enfoque de salida. Hay proyectos en los que llevamos 16 años: funcionan, dan dividendos y es una buena rentabilidad; nos sentimos cómodos con el proyecto, el equipo y la evolución.

Otros proyectos no tienen tanto recorrido y su potencial es más bajo. En estos casos lo que hacemos es vender al propio equipo emprendedor. Llegamos con ellos a un acuerdo de calendario de pagos, dilatándolo en el tiempo porque no hay liquidez suficiente en la empresa como para hacer la compra, nos salimos y se queda el equipo emprendedor.

Cuando estamos con participaciones cómodas -entre el 10% y el 30%- no hay problema. Si estamos por debajo del 5% nos planteamos un trabajo menos activo con el equipo e incluso planteamos la salida si estamos muy al principio del proyecto.

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