«Trumpazo» a la Fed: fuego amigo en el aparato de la primera potencia mundial
La presión de Trump sobre la Reserva Federal convierte una disputa monetaria en un riesgo político con impacto global.
Jerome Powell, presidente del Sistema de la Reserva Federal.
De todas las tensiones que podía generar la economía estadounidense en este momento —inflación, deuda, desaceleración global, volatilidad financiera—, pocas personas habrían apostado porque una de las principales fuentes de inestabilidad iba a ser un conflicto interno entre la Casa Blanca y la Reserva Federal (Fed).
Y es que durante los últimos meses ha estallado una guerra abierta entre la Administración Trump y el presidente de su propio banco central, con amenazas veladas, investigaciones judiciales de fondo y una escena que, vista desde fuera, resulta sorprendente y difícil de explicar en términos puramente económicos.
Porque lo que está ocurriendo no es solo una disputa sobre tipos de interés. Es algo mucho más inverosímil: la primera potencia del mundo discutiendo consigo misma en mitad de un escenario internacional ya suficientemente cargado de incertidumbres.
De la política monetaria al espectáculo institucional
Todo empezó como empiezan muchas cosas en Washington, con un desacuerdo técnico que se convirtió en una pelea política. Donald Trump quería una bajada más agresiva de los tipos para estimular la economía; Jerome Powell defendía una postura más prudente. Hasta ahí, nada nuevo. Los gobiernos siempre quieren dinero barato y los bancos centrales siempre intentan pensar a más largo plazo.
Lo que sí es nuevo es que ese desacuerdo haya derivado en una escalada pública, con ataques personales, cuestionamientos sobre la competencia del presidente de la Fed y, finalmente, con la sombra de una investigación judicial flotando sobre el banco central que Powell denunciaba en un vídeo oficial.
Video message from Federal Reserve Chair Jerome H. Powell: https://t.co/5dfrkByGyX pic.twitter.com/O4ecNaYaGH
— Federal Reserve (@federalreserve) January 12, 2026
Para los mercados, el problema no es si Powell tiene razón o no en su política monetaria. El problema es que, por primera vez en mucho tiempo, la discusión parece haberse salido del terreno económico para entrar en el de la confrontación institucional.
Y ahí es donde la escena empieza a rozar lo surrealista: mientras EE. UU. intenta proyectar una imagen de poder sobre el mundo, su presidente y su banco central protagonizan un pulso que recuerda más a una crisis política interna que a un debate sobre inflación.
Cuando la mayor economía del mundo se convierte en su propio riesgo
En términos económicos, este episodio tiene algo de paradoja. Estados Unidos suele ser visto como el ancla del sistema financiero global, el lugar donde las reglas son previsibles y las instituciones funcionan con una lógica relativamente estable.
Ahora, sin embargo, el país empieza a generar un nuevo tipo de riesgo autoinfligido. No provocado por una burbuja inmobiliaria, ni por un colapso bancario, ni por una guerra comercial, sino por una disputa interna que nadie necesitaba y pocos entienden.
Los inversores no se preguntan solo qué hará la Fed con los tipos, sino que la duda reside en si la Fed podrá seguir tomando decisiones sin convertirse en un actor político más. Esa duda, por pequeña que parezca, pesa mucho en un mundo donde la confianza es la materia prima más valiosa.
Un conflicto difícil de explicar… ¿Qué ocurre en la Reserva Federal?
Hay algo especialmente llamativo en este choque: lo complicado que resulta explicarlo fuera de Estados Unidos. En Europa, en Asia o en América Latina cuesta entender por qué la Casa Blanca parece empeñada en debilitar la imagen de una de las instituciones que mejor ha funcionado en las últimas décadas.
Desde fuera, la escena es desconcertante. La Reserva Federal, que durante años fue presentada como ejemplo de independencia técnica, se convierte ahora en blanco de ataques políticos. Y el país que suele exigir estabilidad institucional a otros aparece sumido en una discusión que parece sacada más de un guion de serie política que de un manual de política económica.
El problema de fondo no es Jerome Powell. Ni siquiera es quién presidirá la Fed dentro de unos meses. El problema es el precedente.
Si hoy se normaliza que el presidente de Estados Unidos presione a su banco central con herramientas políticas y judiciales, mañana será más difícil convencer al resto del mundo de que la independencia monetaria sigue siendo una regla sagrada. Y eso tiene consecuencias que van mucho más allá de Washington.
Porque la Reserva Federal no solo fija tipos. Marca expectativas, ordena flujos financieros y, en muchos países, actúa casi como un banco central en la sombra. Si su credibilidad se resiente, el impacto no se queda en Wall Street, sino que se filtra en las monedas emergentes, en la deuda global y en la estabilidad de mercados que ya están bastante tensionados.
Una tormenta innecesaria en la Reserva Federal
Lo más llamativo de todo este episodio es que no hacía falta. La economía estadounidense tenía suficientes retos por delante como para añadir uno más fabricado desde dentro. En lugar de reforzar la imagen de solidez institucional en un contexto global frágil, el país se encuentra explicando por qué su presidente y su banco central están enfrentados como si fueran actores rivales.
Puede que el conflicto se diluya en las próximas semanas. Puede que todo quede en ruido político. Pero el simple hecho de que hoy se esté discutiendo seriamente si la Fed puede operar con plena independencia ya dice mucho del momento que atraviesa Estados Unidos.
En un mundo acostumbrado a mirar a Washington como referencia de estabilidad, el espectáculo resulta, cuanto menos, inverosímil: la mayor economía del planeta generando incertidumbre no por una crisis externa, sino por una guerra interna que nadie tenía en su hoja de ruta.
Borja RamírezGraduado en Periodismo por la Universidad de Valencia, está especializado en actualidad internacional y análisis geopolítico por la Universidad Complutense de Madrid. Ha desarrollado su carrera profesional en las ediciones web de cabeceras como Eldiario.es o El País. Desde junio de 2022 es redactor en la edición digital de Economía 3, donde compagina el análisis económico e internacional.







