La IA ya está en las empresas, ahora toca hacerla funcionar
La integración de datos, automatización y agentes de IA abre un nuevo mercado mientras las empresas afrontan el reto de conectar sus herramientas digitales
Las empresas españolas han dejado atrás la pregunta de si necesitan inteligencia artificial. CRM, ERP, plataformas de marketing, herramientas de analítica, automatizaciones y soluciones de IA generativa forman ya parte del ecosistema tecnológico de muchas compañías. El problema es que, en demasiados casos, estas herramientas funcionan como piezas aisladas.
El reto que empieza a ganar peso no está tanto en incorporar una nueva tecnología como en conseguir que las que ya existen trabajen juntas. Y detrás de esta necesidad está creciendo un nuevo mercado para consultoras tecnológicas, integradores, especialistas en automatización, gestión de datos y desarrollo de agentes de inteligencia artificial.
Los datos del Estudio sobre Salud Digital en Europa 2026 presentado en Valencia reflejan esta dificultad. Entre las principales barreras que encuentran las empresas para avanzar en la adopción tecnológica aparece, en primer lugar, el esfuerzo necesario para implantar las herramientas, señalado por el 30% de las compañías. A continuación se sitúa conseguir que los empleados utilicen estas soluciones, con un 28%, mientras que un 27% apunta a la necesidad de recurrir a ayuda externa para lograr que las diferentes herramientas funcionen conjuntamente.
El problema ya no es comprar tecnología
La proliferación de soluciones digitales ha cambiado el problema al que se enfrentan las compañías. Durante los últimos años, buena parte de la inversión tecnológica se ha dirigido a incorporar nuevas plataformas capaces de mejorar procesos concretos.
Un CRM permite gestionar la relación con los clientes. Un ERP centraliza la información financiera y operativa. Las herramientas de marketing permiten automatizar campañas. La analítica transforma los datos en indicadores y la IA generativa facilita tareas relacionadas con contenidos, atención al cliente o productividad.
Pero cada nueva incorporación añade también una capa de complejidad cuando no está conectada con el resto del sistema.
Una empresa puede disponer de información sobre un cliente en el CRM, datos de facturación en el ERP, interacciones en diferentes plataformas de marketing y documentación en herramientas independientes. Si estos sistemas no comparten información, parte del potencial de la digitalización se pierde.
Por eso, la siguiente fase del mercado tecnológico puede estar menos relacionada con vender una herramienta aislada y más con conseguir que todo el ecosistema digital funcione como uno solo.
De las herramientas a la integración
Esta situación abre espacio para compañías capaces de conectar sistemas, ordenar datos y automatizar procesos. El negocio se desplaza así desde la venta de software hacia los servicios que permiten sacar rendimiento de las inversiones tecnológicas ya realizadas.
Los integradores tienen aquí un papel central. Su función consiste en conectar aplicaciones y sistemas que originalmente no estaban diseñados para trabajar conjuntamente, establecer flujos de información y automatizar tareas que hasta ahora requerían intervención manual.
A este mercado se suman las consultoras especializadas en transformación digital, los desarrolladores de automatizaciones y las empresas que trabajan en la implantación de agentes de IA.
La oportunidad no está necesariamente en desarrollar el próximo gran modelo de inteligencia artificial. Puede estar en conseguir que una empresa pueda utilizar los modelos y herramientas que ya tiene para resolver problemas concretos de su actividad.
La IA necesita datos y contexto
La inteligencia artificial también está modificando esta ecuación. Incorporar un modelo generativo a una compañía no garantiza por sí mismo una mejora de la productividad.
Para que una IA pueda responder sobre un negocio necesita acceder a información relevante, estructurada y actualizada. También debe poder interactuar con los sistemas de la empresa cuando el objetivo no es únicamente generar una respuesta, sino ejecutar una tarea.
Es ahí donde entran los agentes de IA. A diferencia de una herramienta que simplemente responde a una consulta, un agente puede diseñarse para completar procesos siguiendo determinadas instrucciones y utilizando diferentes aplicaciones. Para que esto funcione, necesita conectarse con las fuentes de información y con las herramientas que utiliza la compañía.
La integración se convierte así en una pieza fundamental de la propia estrategia de inteligencia artificial.
Un mercado alrededor del ‘caos digital’
La acumulación de herramientas está creando un problema empresarial que hasta hace pocos años tenía una dimensión mucho menor: gestionar la complejidad tecnológica.
No se trata necesariamente de que las empresas tengan demasiada tecnología, sino de que parte de ella permanece desconectada. Cada plataforma puede resolver correctamente su función y, sin embargo, el conjunto puede generar duplicidades, procesos manuales y silos de información.
La consecuencia es que aparece una nueva necesidad: ordenar el ecosistema digital antes de seguir añadiendo capas.
Este escenario puede beneficiar a un amplio abanico de proveedores tecnológicos. Desde grandes consultoras hasta empresas especializadas en una determinada plataforma, compañías de automatización, expertos en datos o firmas que desarrollan soluciones de IA a medida.
Su propuesta de valor deja de ser únicamente «te vendemos inteligencia artificial» para pasar a ser «hacemos que la tecnología que ya tienes funcione».
El siguiente paso: menos herramientas, más conexión
La evolución de la digitalización empresarial puede llevar a un cambio en la forma de medir el retorno de las inversiones tecnológicas. La cuestión ya no será únicamente cuántas herramientas utiliza una compañía o cuánto ha invertido en IA, sino cuánto consigue automatizar y qué capacidad tiene para aprovechar conjuntamente sus datos y sistemas.
Los porcentajes recogidos en el estudio presentado en Valencia apuntan precisamente a ese cambio de problema. Si un 30% de las empresas identifica el esfuerzo de implantación como una barrera, un 28% señala la dificultad de conseguir que los empleados utilicen las herramientas y un 27% necesita apoyo externo para integrarlas, la oportunidad empresarial se encuentra también en acompañar a las compañías después de la compra.
La próxima batalla de la transformación digital puede librarse, por tanto, menos en la adquisición de nuevas aplicaciones y más en las conexiones que permiten que las existentes trabajen juntas.
El verdadero negocio de la IA puede estar empezando a desplazarse desde la tecnología que las empresas compran hacia la infraestructura, los datos y los servicios que consiguen que esa tecnología sea realmente útil.
Rafa DasíGraduado en Periodismo por la Universidad CEU Cardenal Herrera, con especialización en información económica y financiera del tejido empresarial valenciano. Encargado del contenido diario y de la gestión de las distintas plataformas de Economía 3, así como presentador del pódcast Las 5 claves.







