De la tortilla al asado: la previa más sabrosa de la final del mundial España-Argentina
Paella contra asado, tortilla contra empanadas y miguelitos contra alfajores: así se juega la otra final del mundial entre España y Argentina, la de la mesa.
Este domingo, España y Argentina se juegan la final del Mundial, bautizada como la finalísima. Pero mucho antes de que existieran los estadios, las dos ya competían en un terreno donde ninguna ha perdido jamás: el de la cocina.
Mientras medio planeta discute estos días sobre alineaciones, jugadas y estrellas, nosotros proponemos la previa que de verdad sacia el hambre: un once gastronómico por bando, tres duelos y un resultado casero.
Primera parte: paella contra asado, duelo de capitanes de mesa
Los dos capitanes se parecen más de lo que sus aficiones admitirían. Ninguno de los dos es exactamente una receta: son liturgias de fuego, aire libre y domingo familiar. La paella nació en la Albufera de València como respuesta al hambre de campesinos y huertanos, con el arroz que los árabes empezaron a cultivar en el levante como ingrediente estrella. El boom turístico de los sesenta la convirtió en una marca española y valencia que perdura a día de hoy.
Desde 2021 es, oficialmente, Bien de Interés Cultural Inmaterial con un nombre que es una declaración de intenciones: el arte de unir y compartir.
¿Dónde vivirla hoy? En su propia cuna: en El Palmar, en pleno corazón de la Albufera, L’Establiment fue fundado en 1982 por la familia Giner Doñate. Este restaurante cocina sus paellas a leña frente a los arrozales que vieron nacer el plato. Un lugar y plato estrella que no se resiste a ningún duelo.
Rival que da la talla
Su rival no le va a ceder espacios. El asado argentino tiene hasta jerarquía propia —la del maestro parrillero, un título que no se estudia: se gana con experiencia y con el ritual del aplauso al asador— y un canon estricto que incluye: chorizos, morcillas, achuras como chinchulines y mollejas, tira de asado, vacío o matambre.
El orden de salida al fuego es innegociable: primero los chorizos, porque un choripán calma la espera; luego las vísceras; al final, las carnes, siempre atemperadas para que no pierdan sus jugos. El carbón, dicen los parrilleros, se ve rojo de noche y blanco de día, nunca negro. Y no hay dónde esconderse: sin salsas ni sobrecocción, la materia prima juega sola.
Si la paella valenciana presume de que todos comen del mismo recipiente, el asado tiene su versión más pura en los asados de vereda: una reja sobre dos ladrillos en plena acera, las brasas y la vida alrededor. Duelo de titanes que acaba, como debe ser, en tablas: dos maneras de decir lo mismo con fuego. Y para matar la morriña sin cruzar el Atlántico, Madrid tiene embajada del fuego criollo: Piantao, la parrilla vista del chef Javier Brichetto frente al Matadero.
Segundo tiempo: tortilla de patata contra empanadas, la garra de la cantera
Si los capitanes ponen la épica, estos dos platos ponen el fondo de armario. La tortilla de patata es el centrocampista total de la cocina española: nacida en el siglo XIX como plato humilde en tiempos de escasez, cuando la patata se convirtió en alimento clave, ha acabado siendo el emblema que une generaciones en casas, tabernas y celebraciones.
Tiene hasta su VAR particular, el eterno debate de la cebolla, que divide familias y barras de bar y hasta día nacional propio, el 24 de abril. La recomendación no podía ser otra que en el madrileño Mercado de la Paz, habitual de los podios a la mejor tortilla de España.
Enfrente, la empanada argentina llega en plena racha: sus locales proliferan por las ciudades españolas y su relleno más clásico —carne con cebolla pochada, aceitunas, pasas y huevo duro, perfumado con comino y pimentón— es de esos que fichan aficionados al primer bocado. Cada provincia argentina defiende su versión con orgullo de escudo. Otro empate, este de mérito: dos bocados de pueblo capaces de llenar igual una fiesta que una fiambrera. En España, además, la empanada juega ya de local: Malvón, nacida en Moncloa (Madrid) en 2017, ha llevado la empanada porteña a 84 locales repartidos por nueve comunidades autónomas.
La prórroga más dulce: miguelitos vs alfajores
Miguelitos de Albacete
Toda final que se precie se decide en la prórroga, y esta se juega con opciones dulces. Por España sale un especialista llegado de Albacete: el miguelito, hojaldre crujiente relleno de fina crema pastelera que nació a comienzos de los sesenta en el obrador del confitero Manuel Blanco y tomó el nombre de su amigo Miguel Ramírez, actor de la compañía de Margarita Xirgú, primer converso de la causa.
El original lleva un baño de almíbar que se deja escarchar —el del azúcar glas espolvoreado es el de gasolinera, apuntan los custodios de la receta—, mide nueve por seis centímetros, carga 40 gramos de crema sobre 20 de hojaldre y ha convertido a su pueblo en parada obligatoria de la A-31. La ruta es obligada: en el propio pueblo, confiterías como Collado, Fernández o La Moderna custodian la receta original, y junto a la autovía, Miguelitos Ruiz despacha dulces los 365 días del año.
Alfajores
Argentina responde con un fondo de armario dulce inagotable: la cultura del alfajor, con versión propia en cada región y una joya menos conocida a este lado del Atlántico, el alfajor: capas finísimas y crujientes, casi hojas, unidas por dulce de leche repostero y cubiertas por un glaseado blanco y brillante. Se deja secar hasta 24 horas antes de servirse y pide, como todo lo bueno en Argentina, un mate al lado. Miguelito y alfajor santafesino son, en el fondo, primos hermanos: hojaldre o masa fina, crema o dulce de leche, y ese glaseado que cruje como una grada al unísono. Y si la nostalgia aprieta antes del partido, Havanna, la casa alfajorera argentina por excelencia, tiene café y tienda en Madrid.
El brindis de la final del mundial
España juega esta ronda con el vino, inseparable de su gastronomía y de una forma de entender la mesa ligada a la conversación, la celebración y el territorio. La Comunitat Valenciana tiene mucho que decir en este terreno. Por un lado, Vicente Gandía, una bodega con una amplia trayectoria, un extenso catálogo y una marcada vocación internacional, que ha contribuido a llevar los vinos de la Comunitat Valenciana a mercados de todo el mundo.
Por otro, Bodegas Hispano+Suizas, que desde Requena apuesta por una elaboración cuidada, el viñedo propio y la personalidad de variedades como la bobal o la pinot noir, dando forma a vinos reconocibles y con identidad. Dos proyectos con personalidad propia que, desde enfoques distintos, comparten el objetivo de poner en valor la calidad y la diversidad del vino valenciano.
Argentina responde con fernet, licor amargo de hierbas y especias nacido en Italia pero convertido al otro lado del Atlántico en un auténtico símbolo nacional. Encontró en Córdoba (Argentina) su segunda patria y hoy es tan inseparable de fiestas, asados y reuniones como el mate. Vino o fernet: el desempate tampoco llega en la copa, pero sí una regla común: brindar —siempre con moderación— antes de que el balón eche a rodar.
El resultado final
El domingo, uno de los dos países levantará la copa, esperando que sean los de Luis de la Fuente los que nos la traigan a España. En cambio la otra selección deberá asumir la derrota. En la mesa, en cambio, el marcador lleva décadas clavado en un empate que nadie quiere deshacer: aquí la paella convive con las empanadas de moda y el dulce de leche se vende junto al turrón. Así que nuestra propuesta para la final es innegociable: se ve el partido con tortilla y empanadas en la mesa, se celebra —o se consuela— con miguelitos y alfajores, y el domingo siguiente, gane quien gane, paella o asado.
Porque si algo enseñan estos seis titulares es que españoles y argentinos jugamos al mismo juego: el de sentarse a la mesa, compartir el fuego y alargar la sobremesa hasta que alguien pida la repetición.
Ana SánchezRedactora licenciada en Periodismo por la Universidad CEU Cardenal Herrera con más de tres años de experiencia en diferentes áreas y medios de comunicación de la Comunidad Valenciana.






