Repsol y Naturgy piden a Europa equilibrar energía, industria y clima
Brufau y Reynés advierten en el Cercle d’Economia de que Europa no puede construir su autonomía estratégica con una energía más cara que la de Estados Unidos y China
Carmina Ganyet (Cercle d’Economia), Antonio Brufau (Repsol) y Francisco Reynés (Naturgy)
La energía se ha convertido en uno de los grandes campos de batalla de la competitividad europea. La transición hacia un modelo más descarbonizado avanza, pero lo hace en un contexto de fuerte tensión geopolítica, dependencia exterior, encarecimiento de costes y pérdida de peso industrial frente a Estados Unidos y China. Ese fue el eje de la mesa redonda «Seguridad energética, competitividad y soberanía: ¿qué modelo necesita Europa?», celebrada en el marco de la Reunión del Cercle d’Economia 2026, con la participación de Antonio Brufau, presidente de Repsol, y Francisco Reynés, presidente de Naturgy.
La cita forma parte de la 41ª Reunión del Cercle d’Economia, que se celebra en Barcelona bajo el lema «Autonomía estratégica de Europa: ¿mito o realidad?». El programa sitúa la geopolítica, la industria, la inteligencia artificial, la energía y la defensa en el centro del debate sobre el futuro económico europeo.
Durante el debate, Brufau y Reynés han coincidido en reclamar una política energética europea más realista, capaz de compatibilizar la descarbonización con la seguridad de suministro y la competitividad industrial. Ambos advirtieron de que Europa no puede mantener un modelo productivo fuerte si paga la energía más cara que sus principales competidores y, al mismo tiempo, impone mayores costes regulatorios a sus empresas.
Ormuz como recordatorio de la fragilidad energética
La tensión en Oriente Medio y el estrecho de Ormuz sirvieron como punto de partida para el análisis. Brufau señaló que este enclave, de apenas 34 kilómetros en su punto más estrecho, ha vuelto a poner sobre la mesa la dependencia mundial de los combustibles fósiles. A su juicio, el debate energético europeo no puede construirse ignorando que petróleo, gas y carbón siguen representando la mayor parte del consumo energético global.
«El estrecho de Ormuz pone de manifiesto la importancia de los combustibles fósiles», ha defendido el presidente de Repsol, que ha recordado que el consumo de energía se ha multiplicado en las últimas décadas y que los combustibles fósiles continúan teniendo un peso dominante en la matriz energética mundial. En su opinión, Europa ha confiado en exceso en la electrificación como solución única, cuando el sistema energético real sigue dependiendo de múltiples fuentes.
Brufau ha advertido, además, de que una escalada del conflicto podría traducirse en incrementos de precios, presión sobre el capital, problemas logísticos e incluso tensiones alimentarias. Para el presidente de Repsol, el riesgo actual no es solo de precio, sino también de suministro físico.
Reynés: España está protegida, pero no aislada
Francisco Reynés ha centrado parte de su intervención en el gas. El presidente de Naturgy ha subrayado que España cuenta con una posición relativamente más sólida que otros países europeos gracias a su diversificación de proveedores y a su capacidad de regasificación. España dispone de siete plantas de regasificación, lo que le otorga una ventaja relevante en el corto plazo ante posibles tensiones de suministro.
No obstante, Reynés ha matizado que esa protección no equivale a aislamiento. «España no se escapa porque Europa está relativamente interconectada», ha señalado, al recordar que los mercados energéticos son globales y que cualquier reordenación de flujos internacionales acaba teniendo impacto sobre los precios y la disponibilidad de suministro.
El presidente de Naturgy ha defendido que el gas sigue siendo una fuente esencial tanto para usos térmicos residenciales e industriales como para respaldar el sistema eléctrico a través de los ciclos combinados. En un sistema con una creciente presencia renovable, ha afirmado, la seguridad de suministro exige tecnologías capaces de aportar respaldo cuando no hay suficiente generación solar o eólica.
Europa paga más energía que sus competidores
Uno de los puntos centrales del debate ha sido la pérdida de competitividad europea. Brufau ha sostenido que Europa ha diseñado su estrategia energética al margen de la estrategia industrial, priorizando la sostenibilidad sin integrar suficientemente el coste para las empresas. Según ha explicado, esta orientación ha contribuido a elevar los precios energéticos y a desplazar parte de la actividad industrial hacia otras regiones.
«Europa ha hecho su estrategia energética al margen de la estrategia industrial», ha corroborado Brufau, que ha comparado el enfoque europeo con el de Estados Unidos y China. En su opinión, Estados Unidos ha combinado reducción de emisiones, impulso industrial y una regulación más favorable a la inversión, mientras que China ha financiado durante años industrias clave para la economía verde y controla materias primas críticas para la transición energética.
Reynés ha coincidido en el diagnóstico. A su juicio, Europa parte de una desventaja estructural: consume energía, pero no dispone de los mismos recursos ni permite determinadas tecnologías que sí han desarrollado otros competidores. El riesgo, ha advertido, es que Europa reduzca sus emisiones por la vía de la desindustrialización, mientras la producción se traslada a países con mayores emisiones.
El debate conecta con una preocupación creciente entre empresas energéticas e industriales incidiendo en que la la necesidad de que la transición energética no erosione la base productiva europea. En los últimos meses, distintos directivos del sector han reclamado condiciones regulatorias más estables, mayor colaboración público-privada y una política energética que tenga en cuenta el coste para la industria.
«Más tecnología y menos ideología»
Los presidentes de Repsol y Naturgy también han reclamado un enfoque tecnológico más amplio. Brufau ha defendido que Europa debería permitir explorar y desarrollar todos los recursos disponibles, en lugar de prohibir o limitar determinadas opciones antes de contar con alternativas plenamente maduras.
«Más tecnología y menos ideología» ha sido una de las ideas que sobrevoló el debate. Para Brufau, Europa se ha convertido en líder de la descarbonización, pero «nadie le sigue» al mismo ritmo. El presidente de Repsol alertó de que el carbón sigue creciendo a escala global y de que la política europea pierde eficacia climática si la producción industrial se desplaza a países con matrices energéticas más intensivas en emisiones.
Reynés pidió realizar un balance entre demanda prevista, oferta disponible e inversiones realmente ejecutadas antes de tomar decisiones de política energética. También puso sobre la mesa el papel de la contestación social a las renovables, la necesidad de debatir el futuro de la nuclear y el potencial del biometano, una fuente que puede aprovechar infraestructuras gasistas ya existentes y contribuir a una descarbonización progresiva de determinados usos.
Industria, redes y seguridad de suministro
El presidente de Naturgy ha insistido en que la seguridad energética requiere planificación e inversión. Las infraestructuras de gas, las interconexiones, las redes eléctricas y las tecnologías de respaldo son piezas esenciales para sostener un sistema más renovable, pero también más complejo.
En este sentido, Reynés ha recordado la importancia de las interconexiones con Francia, una reivindicación recurrente del sector energético español. Aunque España tiene una posición favorable en gas natural licuado, su integración con el mercado europeo hace que los precios y tensiones continentales también afecten a la economía española.
Brufau, por su parte, ha manifestado que no puede hablarse de autonomía estratégica sin seguridad de suministro. «No hay autonomía estratégica si no hay seguridad de suministro de todo», ha afirmado, vinculando la energía con el acceso a materias primas, tecnología, industria y capacidad de producción propia.
Un mensaje a los reguladores europeos
Al final del debate, ambos directivos han pedido a Europa revisar sus prioridades. Brufau ha valorado algunas señales positivas recientes, como el reconocimiento de la importancia de la industria en la agenda europea, pero ha advertido de que el continente no puede permitirse seguir tomando decisiones que eleven sus costes frente a Estados Unidos y China.
El presidente de Repsol ha criticado especialmente el impacto de los derechos de emisión sobre una industria que ya soporta precios energéticos superiores a los de sus competidores. A su juicio, un sistema global de emisiones tendría sentido si se aplicara en todo el mundo, pero no si penaliza solo a las empresas europeas en mercados abiertos.
Reynés ha reclamado a los reguladores europeos que expliquen con claridad las consecuencias de sus decisiones. «Si queremos ir en una dirección que afecta poco al planeta y nos hace menos competitivos, y esto puede acarrear una economía menos industrial, hay que saberlo», ha planteado durante su intervención.
El mensaje compartido por Repsol y Naturgy fue claro: Europa necesita descarbonizar, pero no puede hacerlo al margen de la competitividad ni de la seguridad de suministro. La transición energética, defendieron, solo será sostenible si mantiene industria, inversión, empleo y autonomía estratégica.
Gemma JimenoLicenciada en CC de la Información por la Universidad del País Vasco, Gemma Jimeno se incorporó a ECO3 Multimedia, S.A., en 1998 como Redactora y ha participado activamente en el desarrollo de diferentes líneas de negocio. Desde hace años desempeña las funciones de Editora de los contenidos informativos, de los diferentes productos editoriales de E3 Media.







