Bellver Blue Tech Zone: tecnología, sostenibilidad y eventos exclusivos en Castellón
Conversamos con Chema Nebot sobre el proyecto que quiere transformar los eventos corporativos desde Castellón: un ecosistema donde innovación, naturaleza, hospitalidad y bienestar conviven en un mismo espacio
Hay proyectos que nacen de una idea y otros que surgen de una trayectoria. Bellver Blue Tech Zone pertenece a esta segunda categoría: la suma de años de experiencia en servicios, tecnología, sostenibilidad, hospitalidad y gestión convertidos en una nueva manera de entender los encuentros profesionales.
Frente al modelo convencional, sus impulsores plantean un espacio donde naturaleza, innovación y bienestar conviven con naturalidad. Desde Castellón -y con vocación internacional-, Bellver quiere demostrar que también en los negocios hay lugar para emocionar, conectar y dejar huella.
Bellver Blue Tech Zone reúne tecnología, naturaleza, hospitalidad y gastronomía. Hablamos con Chema Nebot, director de negocios y Estrategia. ¿En qué momento visteis claro que esa combinación podía convertirse en una propuesta realmente diferencial? ¿Cómo surgió la idea de ponerlo en marcha?
El origen es difícil de ubicar en un momento concreto. Este proyecto se enmarca dentro de un grupo empresarial, Fomento Urbano de Castellón (Fucsa), con una trayectoria muy contrastada. Más que cerrar un círculo, diría que abre un nuevo capítulo dentro del grupo, aunque está muy conectado con todo lo que hemos hecho hasta ahora.
Venimos de distintos ámbitos. Por un lado, de la prestación de servicios al ciudadano, a través de empresas como Global Omnium, que opera en Valencia, su área metropolitana y centenares de municipios en toda España. Eso nos ha enseñado muy bien lo que significa dar servicio al cliente.
También gestionamos el Oceanogràfic, así que sabemos de sostenibilidad, medioambiente, animales y de generar ese «efecto wow» en el visitante. Y, además, contamos con otras líneas de negocio vinculadas a la tecnología. Hemos sido capaces de digitalizar el ciclo integral del agua y de desarrollar soluciones que se han comercializado a nivel internacional.

Origen del grupo
A eso se suma el origen del grupo, muy vinculado también a la hostelería y al real estate. Por tanto, no es que un día dijéramos «se nos ha ocurrido esta idea«, sino que, después de 30 años aprendiendo sobre servicios, hospitalidad, gastronomía, tecnología y sostenibilidad, nos dimos cuenta de que al unir todos esos elementos podíamos ofrecer un producto innovador, disruptivo y, además, muy demandado hoy.
Hay una frase que define muy bien al grupo: «Vemos el futuro y lo hacemos realidad«. Y Bellver Blue Tech Zone responde precisamente a eso: hemos visualizado un modelo distinto de eventos corporativos y sociales, y tenemos la capacidad de integrarlo todo en un único espacio. Además, estamos en un lugar excepcional, junto a la playa de la Renegà, el Mediterráneo, el bosque, la Torre Bellver, la Vía Verde y con vistas incluso a la sierra de Irta y, en días despejados, a les Illes Columbretes. El entorno es espectacular e idóneo para combinar todo lo que sabemos hacer.
En este grupo siempre hay muchas ideas. Eso nos hace muy dinámicos. Pero, además de la creatividad, hay una valentía basada en la experiencia.
– Para toda esta parte de eventos y congresos, ¿qué perfil de cliente es el que buscáis?
Buscamos un cliente comprometido con el medioambiente, que ponga en valor lo que significa celebrar un evento en un lugar del Mediterráneo, en un entorno de conservación natural y que, además, tenga sensibilidad hacia la tecnología.
Ese sería el perfil ideal, aunque, en realidad, hoy muchísimas empresas ya trabajan en esa línea. Todas quieren demostrar que cumplen con los objetivos de la Agenda 2030, que son sostenibles, que reducen su huella de carbono o que incorporan criterios ambientales reales. Y, al mismo tiempo, todas quieren proyectarse como empresas modernas, punteras e innovadoras. Ahí es donde encajamos muy bien.
– ¿Tenéis también foco internacional?
Sí, de hecho ese es uno de nuestros grandes objetivos. Una de las cosas que hemos aprendido a lo largo de nuestra trayectoria es precisamente a internacionalizarnos. Lo hicimos con soluciones tecnológicas vinculadas al agua y queremos hacerlo también con este proyecto.
Entendemos que un producto como este es muy difícil de encontrar, no solo a nivel nacional, sino incluso europeo. Es complicado encontrar un lugar que concentre tantas posibilidades en un único enclave. Por eso nuestro objetivo siempre va a ser también el cliente internacional.
– Cuando una empresa o una marca llega aquí por primera vez, ¿qué os interesa que entienda desde el primer momento?
Sobre todo, que aquí existe la posibilidad de integrar distintas disciplinas en un único lugar, y que esas disciplinas están en armonía. Puedes encontrar otros espacios con distintas áreas, pero no siempre están realmente conectadas entre sí.
Para nosotros es muy importante que todo responda a una misma lógica: si haces un coffee break, un almuerzo o cualquier otra pausa dentro del evento, todo tiene que estar alineado con el espíritu mediterráneo, con la sostenibilidad, con el bienestar emocional y físico, y también con la tecnología, pero entendida de una manera no invasiva.
Lo que queremos transmitir es que esa armonía entre disciplinas es posible y que nosotros la entendemos y la vivimos. Y también queremos que el cliente perciba que comprendemos su negocio y que somos nosotros quienes adaptamos nuestras instalaciones a su evento, no al revés. Esa visión bidireccional es muy importante para nosotros.
– ¿Qué puede ofrecer Bellver Blue Tech Zone a una empresa que no pueda encontrar fácilmente en un hotel o en un centro de congresos convencional?
Principalmente, esa capacidad de armonizar distintas disciplinas necesarias para un evento en un solo entorno y en un radio muy reducido. Aquí puedes hacerlo todo sin dispersarte. Imagina una empresa que quiere celebrar un evento con componente de RSC, incorporar un team building, organizar workshops, sesiones de trabajo, momentos de networking, experiencias gastronómicas y actividades para aprovechar la estancia de sus equipos. Poder ofrecer esa amplitud de posibilidades en dos o tres días, y hacerlo además dentro de un mismo ecosistema, es algo muy singular.
Ese mismo edificio, en el centro de una gran ciudad, sería otra cosa. Aquí el entorno forma parte de la experiencia y eso cambia completamente la propuesta.
– Hablábamos antes del “efecto wow”. ¿Qué tiene que pasar para que un evento no sea solo correcto, sino realmente memorable?
Una parte importante tiene que ver con la tecnología. Hay experiencias que aquí se viven de una forma inmersiva muy difícil de replicar. Esa capacidad de sorprender y de generar impacto visual y emocional es clave.
Pero no solo es eso. También influye mucho la arquitectura, la gastronomía y la propia climatología, algo que nuestros clientes internacionales valoran muchísimo.
Y añadiría algo más: el equipo humano. Cuando se organiza un evento siempre hay nervios, imprevistos, cambios de última hora y tener la tranquilidad de saber que detrás hay un equipo que te acompaña y te da soporte en todo momento es clave. Eso, en la práctica, también convierte una experiencia en memorable. No solo lo que pasa en escena, sino cómo se sostiene todo lo que ocurre detrás.
– Entiendo que la gastronomía también tiene un papel muy destacado dentro de este universo.
Sin duda. Al final, a todos nos gusta disfrutar de la parte gastronómica, y en nuestros eventos no es un complemento, sino una parte importante de la experiencia.
Además, si algo caracteriza a esta zona del Mediterráneo es precisamente su cultura gastronómica. Eso es algo que valora tanto el cliente local como el internacional.
Trabajamos mucho la calidad del producto, la materia prima local y también toda la puesta en escena, porque hoy la experiencia entra también por los ojos. El estándar del cliente ha subido mucho y eso nos exige cuidar todos los detalles.
– ¿Notáis que el sector ha cambiado en los últimos años?
Hay una tendencia muy marcada a demandar mayor calidad. Las empresas ya no quieren simplemente reunir a sus clientes; quieren que la experiencia sea memorable, que lo que presenten se perciba como distinto. Además, con el auge de la inteligencia artificial y las nuevas herramientas digitales hay cosas que antes generaban un gran impacto y que hoy parecen más accesibles.
Eso hace que el “efecto wow” ya no dependa solo de una buena puesta en escena, sino de muchos otros elementos. También se está valorando muchísimo el bienestar. Durante mucho tiempo, los eventos estaban asociados a agendas muy apretadas, mucha presión y poco espacio para conversar con calma.
Ahora se busca todo lo contrario: poder tener un café con un compañero, reconectar, conversar sin prisas. Los eventos son espacios donde también se toca a las personas, y esa dimensión humana se está demandando cada vez más.

Masía Bellver
Masía Bellver
– ¿Qué representa Masía Bellver dentro del universo del proyecto?
Masía Bellver es muy simbólica. De hecho, todo nace ahí. Incluso el propio nombre tiene un valor histórico. Según la tradición, hace referencia a una antigua denominación vinculada a la idea de «bella vista«, lo que ya da una pista de la relación del lugar con el paisaje.
Esta zona se conoce como Torre Bellver por la torre de piedra que tiene la masía. Y, más allá de su valor arquitectónico, ha sido históricamente un lugar de reunión: un espacio donde las familias de la zona se juntaban para celebrar verbenas, fiestas y encuentros sociales. En cierto modo, hoy vuelve a cumplir una función parecida. Seguimos reuniéndonos allí, aunque con motivos diferentes.
Por eso es un espacio tan emblemático. Desde ahí nace todo: los viñedos, los olivos, la prensa de cereales… Se ha respetado mucho esa dimensión tradicional. Se han conservado el molino antiguo, el horno, las caballerizas. Todo eso forma parte del relato del proyecto.
– ¿Y cómo se equilibra esa parte más tradicional con la parte más innovadora y tecnológica?
Ambas cosas están más conectadas de lo que parece. Estamos yendo hacia un modelo en el que se habla mucho de longevidad, bienestar y salud, y es verdad que parte de eso se apoya en avances científicos y tecnológicos. Pero también se está redescubriendo que una parte esencial del bienestar tiene que ver con el estilo de vida.
Aquí eso se vive. Puedes hacer yoga mirando al mar, pilates, rutas a pie o en bicicleta. En el fondo, la conexión entre naturaleza y tecnología pasa por entender que para estar bien necesitamos también volver a ciertos orígenes.
Hemos vivido una época de fascinación absoluta por la tecnología, pero ahora vemos que también necesitamos espacios de interioridad, de pausa, de conexión humana. No queremos convertirnos en pequeños robots; queremos seguir siendo humanos. Ahí es donde se unen ambas dimensiones.
Bosque Masía Bellver
– ¿Y Bosque Masía Bellver? ¿Qué papel juega dentro de la propuesta global?
El Bosque es un espacio extraordinario. Poder contar con 25.000 metros cuadrados de naturaleza viva aporta muchísimo valor al proyecto. Allí hay especies autóctonas, tanto vegetales como animales.
Además, todo se ha desarrollado en armonía con el entorno. Las pasarelas, por ejemplo, están perfectamente integradas desde el punto de vista medioambiental y de conservación.
Eso permite vivir otro tipo de experiencias: que un equipo directivo pueda hacer una sesión de trabajo y, por la mañana, practicar yoga entre pinares; o que se organice allí una actividad de bienestar, una formación o incluso una celebración gastronómica. También hay un restaurante. Es un espacio que conecta directamente con la naturaleza autóctona y con el estilo de vida que queremos transmitir.
– ¿Crees que espacios como el Bosque responden a una demanda del mercado o también están ayudando a cambiar la forma de reunirnos?
Diría que ambas cosas. Existe una demanda clara de volver a la naturaleza, de desconectar, de hacer retiros, escapadas y experiencias más vinculadas al entorno. Ya no se buscan solo hoteles urbanos o fórmulas convencionales, sino también lugares de altas prestaciones integrados en espacios naturales.
Eso no se limita al evento corporativo. Forma parte también de cómo vivimos y de lo que buscamos a nivel personal. Por tanto, no es tanto que creemos una necesidad nueva, sino que respondemos a una dinámica que ya está ahí y que cada vez es más fuerte.
Cliente internacional
– España tiene una posición muy fuerte en turismo y en eventos. ¿Qué oportunidades veis para que destinos como este ganen peso en el mapa internacional del MICE?
España tiene un atractivo turístico enorme. Eso nadie lo discute. Pero también creemos que es importante seguir dando visibilidad a destinos como Castellón.
Castellón está creciendo por encima de la media nacional en distintos indicadores.
Hay una tendencia clara que indica que está ganando relevancia también a escala internacional. Además, hay un factor diferencial importante: la ausencia de masificación.
Cuando un cliente internacional quiere organizar un evento, muchas veces busca algo distinto de las grandes ciudades habituales, de Madrid o Barcelona, de lugares que ya conoce. Ahí nosotros jugamos con una ventaja. Somos todavía un gran desconocido y eso puede convertirse en un activo para crear experiencias nuevas y memorables.
El mercado no necesita que se le invente una necesidad. Las empresas, grandes y pequeñas, siguen teniendo encuentros a lo largo del año, y cada vez es más difícil encontrar espacios diferentes. En ese sentido, creemos que Bellver Blue Tech Zone tiene mucho recorrido.
Mirando al futuro
– ¿Cómo os gustaría que evolucionara el proyecto en los próximos años?
Este es un proyecto con recorrido a largo plazo. Nos lo imaginamos como un referente en eventos corporativos, pero no solo en eso. También como un referente en estilo de vida. Nos gustaría que, cuando alguien piense dónde puede reconectar, pasar un tiempo, vivir o incluso retirarse, Bellver aparezca como una opción.
Imaginamos un lugar muy dinámico, con personas que viven aquí, otras que vienen a celebrar eventos, otras que desarrollan proyectos de investigación en ámbitos como la salud o la tecnología.
Nos imaginamos Bellver como un polo capaz de generar dinamismo para la zona, para el país y también con proyección internacional. Un lugar profundamente alineado con la sostenibilidad y con una idea muy clara: nosotros tenemos que adaptarnos a las necesidades de quienes vienen, no al revés.
Lo primero que queremos es escuchar: entender cuál es el objetivo del evento y qué experiencia desean crear. A partir de ahí, diseñamos una propuesta a medida. Y, muchas veces, cuando el cliente ve los espacios, la idea inicial evoluciona todavía más.
Nuestra principal diferencia está ahí: en la flexibilidad, en la personalización y en la cantidad de posibilidades reales que ofrece este lugar.
Rafa DasíGraduado en Periodismo por la Universidad CEU Cardenal Herrera con máster en Marketing y Comunicación Corporativa. Especializado en redacción y gestión de redes sociales.





