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Invertir en la era de Instagram: cómo detectar el fraude

En las redes sociales conviven perfiles que comparten contenidos divulgativos gratuitos, con formación y criterio, junto a otros que utilizan el altavoz digital para engañar o vender soluciones fáciles e irreales sobre cómo gestionar o multiplicar el dinero.

Invertir en la era de Instagram: cómo detectar el fraude
Publicado a 19/01/2026 18:21

Las redes sociales han desdibujado las fronteras entre la publicidad y la recomendación personal. Lo que antes era un anuncio claramente identificable hoy se presenta, en muchos casos, como un consejo cercano de alguien que aparenta saber de lo que habla. Las fórmulas de comercialización han cambiado, pero ¿qué sucede cuando lo que se promociona no son zapatillas o suplementos alimenticios, sino productos financieros que afectan directamente al ahorro y al patrimonio?

El pasado mes de diciembre, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) aclaró los criterios para determinar en qué casos la actividad de los llamados ‘fininfluencers’influencers de finanzas– puede considerarse captación de clientes para empresas de inversión. El organismo publicó nuevos criterios relacionados con la supervisión de entidades y la protección del inversor, y recordó que la comercialización de servicios y actividades de inversión y la captación de clientes «sólo podrán realizarlas, profesionalmente, por sí mismas o a través de agentes, las entidades que estuvieran autorizadas a prestar tales servicios y actividades».

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Mientras tanto, en plataformas como Instagram, TikTok o YouTube llevan años multiplicándose mensajes del tipo «cómo hacerte millonario con un sueldo bajo», difundidos por supuestos expertos en finanzas y economía. Reclamos atractivos que, en muchos casos, simplifican en exceso la realidad o conducen directamente al engaño.

En este contexto conviven divulgadores financieros que ofrecen información general y contenidos educativos de forma gratuita y responsable, con otros perfiles que persiguen intereses comerciales poco transparentes y, en el peor de los casos, prácticas cercanas a la estafa.

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Distinguir entre unos y otros se ha convertido en una tarea para el pequeño inversor, cada vez más expuesto a mensajes seductores que prometen resultados rápidos y sin riesgo. Una cuestión que interpela tanto a los reguladores como a los propios usuarios.

¿Recomendación genuina o interesada?

El auge de los ‘fininfluencers’ no puede entenderse solo como una moda pasajera ligada a las redes sociales. Se trata de un cambio en la forma en la que muchas personas se informan y toman decisiones sobre su dinero. Ahora que la publicidad se mimetiza tanto con el contenido y la opinión personal se presenta como conocimiento experto, el primer reto para el usuario es identificar qué hay realmente detrás de cada recomendación.

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Para el cofundador y consejero delegado de Indexa Capital, François Derbaix, la clave está en analizar los incentivos. «Cuando alguien te recomienda algo, ya sea en redes sociales, un amigo o un banquero, lo primero es preguntarte qué gana esa persona recomendando esto», señala. No todas las recomendaciones parten del mismo lugar ni responden a los mismos intereses. «La recomendación de un amigo suele ser más genuina porque no está pagado. La de un influencer en redes sociales, la de un medio que cobra publicidad o la de un banquero que intenta venderte un producto es distinta», agrega.

Ese matiz es fundamental en redes sociales, donde la publicidad no siempre se percibe como tal. Aunque la normativa obliga a identificar los contenidos patrocinados, Derbaix advierte de que esa información no siempre es evidente: «A veces, se indica en la descripción del vídeo o en un texto más abajo. Hay que buscarlo». Por eso, considera prudente adoptar una postura crítica. «Es razonable asumir que, en general, los influencers están pagados, porque su negocio se financia principalmente con publicidad», asegura.

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Esta realidad no invalida, sin embargo, el papel divulgativo que muchos de ellos desempeñan. A su juicio, estos perfiles «están contribuyendo mucho a la divulgación financiera, aunque cobren por publicidad», siempre que el usuario sea consciente de ese incentivo.

Rentabilidad alta y bajo riesgo: una gran ‘red flag’

Pablo Gil, economista, experto en bolsa y formador, sostiene que la clave está en identificar las red flags –las señales de alerta– de quienes ofrecen consejos financieros en redes sociales, unas advertencias que, según señala, resultan relativamente fáciles de detectar para el usuario atento. «La señal de alarma más clara es siempre la misma: promesas de rentabilidad alta y rápida con riesgo minimizado», afirma.

«En los mercados financieros no existen atajos sostenibles. Y si existieran, no estarían en un vídeo de 30 segundos ni en un titular llamativo», añade. La experiencia, recuerda, demuestra que nadie puede garantizar resultados consistentes, algo que los supervisores llevan años reiterando.

Gil alerta también sobre la confusión entre imagen y conocimiento. La exhibición de coches de lujo, relojes caros o viajes exóticos, subraya, no dice absolutamente nada sobre la verdadera formación ni la capacidad financiera de quien los muestra.

«El mercado no paga por aparentar, paga por gestionar bien el riesgo, y eso no suele ser tan vistoso», apunta. A esta estética aspiracional se suma, según el experto, la opacidad. En este sentido, cualquier perfil en redes sociales que no aclare quién es, qué formación tiene, si está sujeto a algún tipo de regulación o qué intereses económicos hay detrás de su mensaje debería despertar desconfianza.

La clave: desconfiar de empresas no supervisadas

Derbaix comparte esa desconfianza frente a las promesas espectaculares, como la venta de cursos que aseguran enseñar a hacerse rico invirtiendo poco y asumiendo apenas riesgo, un tipo de mensaje que debería levantar sospechas de inmediato. «Nadie da duros a peseta. No existe rentabilidad sin riesgo, ni rentabilidades extraordinarias», admite. Mensajes del tipo «invierte 200 euros y gana miles», añade, «simplemente no existen en el mundo real».

Otro de los puntos importantes es la supervisión y comprobar quién está detrás del producto o servicio que se promociona. En este sentido, es recomendable buscar el aviso legal en la web del perfil o empresa en cuestión, identificar la denominación social y comprobar si la compañía está autorizada por la CNMV u otro supervisor. «Si no está supervisada, algo no encaja. En inversiones no se pueden ofrecer servicios sin estar bajo algún tipo de control», agrega el cofundador de Indexa Capital.

También la jurisdicción desde la que se ofrece el producto puede ser una pista relevante. «Si te lo ofrecen desde países que no tienen el mismo control que en España, como Panamá, eso es un indicador de riesgo», advierte Derbaix.

Pablo Gil profundiza en la frontera, a menudo difusa, entre divulgación y asesoramiento no regulado. Para el experto en bolsa, «la línea es clara: divulgar es explicar cómo funcionan los mercados, los productos y los riesgos; asesorar es decirle a una persona concreta qué debe hacer con su dinero», resume. Lo segundo, recuerda, exige regulación, formación acreditada y responsabilidad legal. «En redes sociales esa línea se cruza con mucha facilidad, porque se premian los mensajes simples, contundentes y emocionales, mientras que la inversión real exige contexto, matices y gestión del riesgo», señala.

Las prácticas engañosas suelen responder a patrones fácilmente identificables. Entre los más habituales están mostrar únicamente operaciones ganadoras y ocultar las pérdidas, minimizar o silenciar los riesgos reales de los productos, o recurrir a un estilo de vida ostentoso como supuesta prueba de éxito financiero. En muchos casos, indica Gil, se recurre a promesas implícitas, sin llegar a garantizarlas de forma expresa, que acaban generando expectativas irreales, sobre todo entre personas con poca experiencia.

La falta de educación financiera

Ambos expertos coinciden en señalar que el problema de fondo es la falta de formación financiera. Así lo reflejan los resultados de la Encuesta de Competencias Financieras de 2021 del Banco de España, que evidencian que una parte significativa de la población de entre 18 y 79 años no domina conceptos básicos como la inflación, los tipos de interés o la diversificación del riesgo. De hecho, solo el 19 % de los encuestados fue capaz de responder correctamente a preguntas sobre estas materias.

«Acabas la enseñanza obligatoria sin haber oído hablar de hipotecas, tipos de interés o inversiones. Es tremendo», critica Derbaix.

Gil comparte ese diagnóstico y cree que «la falta de educación financiera es uno de los grandes problemas estructurales y el caldo de cultivo perfecto para los abusos».

No se trata solo de invertir en bolsa, recuerda, sino de decisiones cotidianas: ahorrar, endeudarse, comprar una vivienda o financiar un gasto. «Todos somos inversores, aunque no lo sepamos», destaca.

La recomendación final de Derbaix pasa por combinar prudencia y pasar a la acción: «Interésate, intenta entender el producto, comprueba que esté supervisado y no te prometan rentabilidades irreales», aconseja. Y, una vez hecho eso, comenzar. «Es mejor empezar a invertir con poco pronto que esperar mucho tiempo. La experiencia también forma parte de la formación», agrega.

La figura del ‘fininfluencer’ obliga a replantear cómo se informa la ciudadanía sobre su dinero. La respuesta no pasa solo por más regulación, sino también por más criterio, más transparencia y una formación financiera que permita a los usuarios distinguir entre divulgación honesta y la simple venta de humo.

Firma
Fotografía de Laura SanfélixLaura SanfélixGraduada en Periodismo por la Universitat de València, con un máster en Periodismo Político Internacional y otro en Comunicación y Marketing Político. He desarrollado mi trayectoria profesional en medios como Europa Press, así como en el ámbito de las agencias de comunicación. En la actualidad, escribo sobre información económica y empresarial en la web y la revista de Economía 3.
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