África y Europa compiten por los minerales críticos frente a China y EEUU
África busca industrializar sus minerales críticos y generar empleo. Expertos reclaman que la UE refuerce sus alianzas y las cadenas de valor
Los minerales críticos se han convertido en un activo estratégico en la competencia internacional por el liderazgo tecnológico, la transición energética y el desarrollo de la inteligencia artificial (IA). En este escenario, África ocupa una posición cada vez más relevante por sus recursos naturales, pero también por su capacidad para negociar nuevas condiciones con las potencias que buscan garantizarse el suministro de estas materias primas.
Esta ha sido una de las principales cuestiones abordadas en un debate sobre geopolítica y materias primas críticas en las relaciones entre África y Europa, con la participación de Romeo Gbaguidi, director del think tank LemAfriq y profesor universitario, y Luis García Blanch, ingeniero superior experto en África.
La sesión ha contado con la bienvenida de Andrea Chamorro, analista de la Fundación Alternativas.
Ambos expertos han coincidido en que la competencia internacional puede abrir una oportunidad para el continente africano, siempre que los países productores consigan avanzar desde la extracción y exportación de minerales sin procesar hacia actividades industriales que generen más valor añadido dentro de sus economías.
África quiere convertir sus minerales críticos en una palanca de industrialización
La creciente demanda de minerales como el cobalto, el litio, el cobre, el grafito y las tierras raras ha situado a África en el centro de las estrategias de China, Estados Unidos y la Unión Europea. Sin embargo, para Gbaguidi, esta rivalidad no debe interpretarse únicamente como una disputa entre grandes potencias.
«En vez de verlo como una competencia como tal, en los países africanos lo están viendo como una oportunidad», ha explicado el director de LemAfriq. A su juicio, los gobiernos del continente buscan transformar su riqueza mineral en una fuente de industrialización, empleo, ingresos públicos y mayor influencia geopolítica.
García Blanch ha compartido esta visión y apunta a dos factores que están acelerando la demanda mundial: el desarrollo de la inteligencia artificial y la transición hacia economías verdes.
«La oportunidad es única», ha señalado el experto, quien ha defendido que la relación entre Europa y África puede desempeñar un papel relevante en este proceso.
No obstante, disponer de recursos naturales no garantiza por sí solo el desarrollo industrial. La cuestión central es quién controla las fases de procesamiento, refinado y fabricación, y qué parte del valor económico generado permanece en los países productores.
El reto de pasar de exportar materias primas a fabricar baterías
Una de las principales aspiraciones de los países africanos es reducir su dependencia de la exportación de minerales sin procesar y participar en más etapas de la cadena de valor.
Gbaguidi ha explicado que los gobiernos están combinando políticas industriales, restricciones a determinadas exportaciones e inversiones en infraestructuras, aunque reconoció que los avances son desiguales entre países.
«El objetivo ya no es solo exportar más, es vender productos con mayor valor añadido, generar empleo industrial y desarrollar capacidades tecnológicas», ha afirmado.
El experto ha puesto como ejemplo a la República Democrática del Congo, que busca aprovechar su posición en el mercado del cobalto para desarrollar actividades de procesamiento local. También ha mencionado la estrategia nacional de minerales críticos de Zambia para el periodo 2024-2028.
La meta es avanzar progresivamente desde la extracción hacia el refinado, la producción de materiales industriales y, cuando existan las capacidades necesarias, la fabricación de baterías, componentes eléctricos y tecnologías vinculadas a la transición energética.
Para García Blanch, esta evolución resulta fundamental para que los países africanos puedan capturar una mayor proporción del valor generado por sus recursos.
«Cuanto más sofisticada es la etapa, mayor margen y mayor captura de valor relativa se puede conseguir», ha explicado. Por ello, ha defendido el desarrollo de industrias de procesamiento y refinado que permitan integrar los minerales en cadenas productivas más complejas.
La Unión Europea busca reforzar su posición frente a China y Estados Unidos
La competencia por los minerales críticos también plantea un desafío estratégico para la Unión Europea, que necesita diversificar sus fuentes de suministro en un contexto de creciente demanda tecnológica e industrial.
García Blanch considera que Bruselas debe analizar con realismo su posición frente a China y Estados Unidos, tanto en la explotación y manufactura de estos recursos como en el liderazgo de la inteligencia artificial y la transición energética.
«La UE debe hacer un ejercicio de reconocer la posición en la que se encuentra», defiende. En su opinión, Europa necesita comprender mejor los intereses de los países africanos y diseñar una estrategia de suministro que tenga en cuenta sus prioridades de desarrollo.
El experto también apunta a la necesidad de revisar los mecanismos de negociación y ejecución de los proyectos para hacerlos más ágiles. Según señala, los plazos y las condiciones de la cooperación europea pueden situarla en desventaja frente a otros socios, como China o Rusia, que en determinados casos ofrecen fórmulas de negociación diferentes.
Gbaguidi también identifica esta lentitud como una de las debilidades europeas. A su juicio, la UE cuenta con una posición favorable en sus relaciones con África, al ser percibida por numerosos países como un socio fiable, pero debe evitar que sus procedimientos dificulten el desarrollo de acuerdos.
La cuestión, por tanto, no consiste únicamente en asegurar el acceso a los minerales, sino en construir relaciones capaces de combinar los intereses industriales europeos con las prioridades económicas africanas.
Las cadenas de valor regionales, clave para reducir la dependencia exterior
La diversificación de las cadenas de suministro fue otro de los puntos centrales del debate. Para los expertos, el reto no pasa solo por atraer inversiones a países concretos, sino por desarrollar un tejido industrial que permita transformar los recursos dentro del continente.
García Blanch defiende la necesidad de diversificar las actividades productivas y evitar que la relación comercial se limite a extraer y vender materias primas. El desarrollo de industrias de procesamiento, refinado y fabricación de baterías podría contribuir a crear capacidades empresariales y tecnológicas aprovechables también en otros sectores.
Gbaguidi, por su parte, ha insistido en que los minerales críticos deben abordarse desde una perspectiva regional.
«Hay que crear mercados regionales más grandes para justificar inversiones industriales más grandes», señala.
Esta cooperación permitiría conectar las capacidades productivas de distintos países y facilitar el desarrollo de cadenas industriales que resulten viables a una escala suficiente. También podría ayudar a reducir la vulnerabilidad frente a las alteraciones del comercio internacional.
La integración regional, sin embargo, requiere infraestructuras, coordinación política y marcos regulatorios capaces de facilitar el movimiento de materias primas y productos transformados entre los países africanos.
Europa y África necesitan acuerdos que generen valor en los países productores
La posibilidad de establecer relaciones comerciales más equilibradas exige, según los participantes, que la cooperación europea tenga en cuenta los efectos de la actividad minera sobre las economías y las comunidades locales.
García Blanch defiende una negociación que permita alinear los intereses de los gobiernos, las organizaciones regionales y las empresas privadas con las necesidades de los países africanos.
«Esto tiene que ser diplomacia con mayúsculas», afirma, al referirse a la capacidad de la Unión Europea para coordinar a los distintos actores implicados en los proyectos.
Por su parte, Gbaguidi recuerda que la inversión en infraestructuras y capacidades tecnológicas figura entre las prioridades africanas. En este contexto, cita la estrategia africana de minerales verdes presentada por la Unión Africana en marzo de 2025, orientada a vincular el desarrollo minero con las capacidades tecnológicas, las cadenas industriales y la gestión responsable de los recursos.
El reto consiste en que los acuerdos no se limiten a facilitar la extracción de materias primas, sino que contribuyan a desarrollar actividades industriales, empleo y conocimiento técnico en los países productores.
Este enfoque también exige prestar atención a los impactos medioambientales y a la gobernanza de los proyectos, dos factores que pueden condicionar la sostenibilidad de las inversiones a largo plazo.
Millones de empleos y crecimiento económico, entre las oportunidades
García Blanch destaca el potencial económico de una estrategia que permita a África participar en más fases de las cadenas de valor de los minerales críticos.
Durante el debate, ha estimado que esta actividad podría generar al menos tres millones de puestos de trabajo, impulsar aumentos del PIB de entre el 4% y el 6% y movilizar miles de millones de dólares. Estas cifras corresponden a las oportunidades señaladas por el experto y dependen de que los países consigan desarrollar las capacidades productivas necesarias.
El ingeniero también apunta que, según su intervención, los minerales críticos representan alrededor del 8% de los ingresos de los países africanos con actividad minera, mientras que el procesamiento y el refinado siguen teniendo una presencia limitada en muchos de ellos.
Para García Blanch, Europa también tiene una oportunidad de replantear su estrategia de cooperación y suministro a partir de las lecciones aprendidas en sus relaciones económicas con el continente durante las últimas décadas.
Gbaguidi, por su parte, ha advertido de que la industrialización no estará exenta de dificultades. Entre los principales obstáculos cita la concentración del procesamiento de minerales fuera de África, el elevado coste de las inversiones, las deficiencias energéticas y logísticas y la fragmentación regional.
A estos factores se suman los riesgos medioambientales y de gobernanza, que pueden afectar a la viabilidad de los proyectos y a la distribución de sus beneficios.
Los minerales críticos abren una nueva etapa en las relaciones entre África y Europa
La competencia internacional por el acceso a las materias primas críticas está modificando las relaciones entre los países productores y las principales potencias económicas. Para África, el desafío consiste en transformar la demanda mundial en inversión productiva, empleo y capacidades tecnológicas propias.
Para la Unión Europea, el reto es construir alianzas que aseguren el suministro de recursos estratégicos sin dejar de lado las prioridades de desarrollo de sus socios africanos.
Las intervenciones de Gbaguidi y García Blanch apuntan a una misma idea: la cooperación entre ambos continentes tendrá más posibilidades de consolidarse si trasciende la compraventa de minerales y facilita la creación de cadenas de valor industriales.
El resultado dependerá de la capacidad para movilizar inversiones, mejorar las infraestructuras, coordinar los mercados regionales y establecer acuerdos que repartan de forma más amplia los beneficios económicos de la explotación de los recursos.
Rafa DasíGraduado en Periodismo por la Universidad CEU Cardenal Herrera, con especialización en información económica y financiera del tejido empresarial valenciano. Encargado del contenido diario y de la gestión de las distintas plataformas de Economía 3, así como presentador del pódcast Las 5 claves.













