Ordenadores viejos, metales valiosos: quién gana con la basura electrónica
Ese cajón de cables guarda valor, pero el negocio no es igual para todas las empresas: unas ganan dinero reparando y recuperando metales, y otras pierden.
Ese cajón de cables, ordenadores y dispositivos que ya han quedado viejos guarda más valor del que parece. Pero cuando miramos las cuentas de alguna de las empresas del sector, vemos que el negocio no es igual para todas: unas ganan dinero y otras pierden.
Seguro que tienes uno en casa. Un móvil que ya no enciende, una impresora que dejó de funcionar o una caja llena de cargadores que no sabes a qué aparato pertenecen. Lo guardamos porque da pena tirarlo y porque parece que no sirve para nada.
Sirve, y mucho. Pero también hay que ver quién se lleva ese valor.
Un informe de 2025 sobre materiales críticos calcula que los residuos electrónicos europeos contienen unas 1 millón de toneladas de estos materiales. Según ese estudio, menos de la mitad se recupera con éxito, y el 46 % se pierde porque los aparatos no se recogen bien. Los datos son de 2022 y el informe todavía no ha pasado revisión por pares.
Un cajón que vale más de lo que parece
Dentro de un aparato electrónico hay cobre, oro, plata y otros materiales que cuestan dinero. El problema es que se pierden con facilidad. Según Eurostat, se recogieron en la Unión Europea unos 5,2 millones de toneladas de aparatos eléctricos y electrónicos al final de su vida útil. La tasa de recogida fue del 37,5 %. Lo que no llega a los circuitos adecuados también es dinero que se escapa.
Una empresa con beneficios sólidos
E-Waste Canarias, con sede en Santa Cruz de Tenerife, facturó unos 7,6 millones de euros en 2024. Es casi lo mismo que el año anterior, con una bajada del 0,9 %. Su EBITDA fue de unos 1,57 millones, cerca de un 21 % de sus ventas. Su resultado de explotación, de unos 920.000 euros, también es positivo.
Hay otro dato que llama la atención: la deuda total bajó más de un 50 %, hasta unos 774.000 euros, mientras su patrimonio neto creció un 3,6 %. Dicho de otra forma, la empresa gana dinero y, además, paga deudas.
La otra cara del negocio
Reciclaje Aragonés de Aparatos Eléctricos y Electrónicos, con sede en Zaragoza, tuvo un año más difícil. Sus ingresos fueron de unos 4,3 millones de euros en 2024, un 7,3 % menos que en 2023. Su EBITDA, de unos 66.000 euros, bajó casi un 30 %.
Pero el dato que más preocupa es el resultado de explotación: pierde unos 220.000 euros, algo más de un 5 % de sus ventas. Entre el EBITDA y ese resultado hay unos 286.000 euros de diferencia, que probablemente corresponden a amortizaciones y otros gastos. Esa diferencia habría que explicarla con las cuentas delante.
Crecer no siempre es buen negocio
Las cuentas de Revertia, en Pontevedra, son de 2019 y 2020. En 2020, sus ingresos crecieron casi un 28 % y su EBITDA alcanzó un 10,4 % de las ventas. Pero la deuda total pasó de unos 8.400 euros a unos 84.000. Es un salto grande que merece una explicación, y no podemos saber aún si se ha mantenido.
Crecer en ventas no siempre significa ganar más. Hay que mirar la deuda, la caja y lo que queda después de pagar a proveedores y a la plantilla.
Lo que todavía no sabemos
Recuperar metales y reparar equipos puede dar dinero, pero estar en el sector no garantiza nada. E-Waste Canarias mantiene beneficios operativos y reduce su deuda a la mitad. Reciclaje Aragonés, en cambio, pierde dinero en su actividad y ve caer sus ventas. Dentro del mismo negocio, los resultados dependen de cómo se gestiona cada empresa.
El punto de partida, según los datos oficiales, es la recogida. Solo el 37,5 % de los aparatos llega a los circuitos de recogida, y el informe de 2025 atribuye a esa falta de recogida una buena parte de los materiales críticos que se pierden. Las empresas que trabajan con esos materiales dependen de que el cajón de cables llegue hasta ellas.
Ana SánchezRedactora licenciada en Periodismo por la Universidad CEU Cardenal Herrera con más de tres años de experiencia en diferentes áreas y medios de comunicación de la Comunidad Valenciana.




