China dice «no» a Zuckerberg y desata una nueva batalla por el control de la IA
China ha vetado la venta de Manus a Meta por 2.000 millones de dólares y ha convertido a esta joven plataforma de IA en el nuevo símbolo de la rivalidad tecnológica entre Pekín y Washington.
La batalla por la inteligencia artificial ya no se libra solo en los laboratorios. Tampoco en los mercados bursátiles. Ni siquiera en los centros de datos. La nueva guerra tecnológica se decide ahora en los despachos. El último episodio tiene nombre propio: Manus.
Las autoridades chinas han vetado la operación por la que Meta -matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp– iba a adquirir la plataforma china de inteligencia artificial por 2.000 millones de dólares. La decisión abre una pregunta de fondo: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar Pekín para impedir que sus activos estratégicos terminen en manos estadounidenses?
Lo ocurrido con Manus va mucho más allá de una compraventa frustrada. Es una señal clara de que China considera la inteligencia artificial un asunto de soberanía nacional.
Manus, de promesa emergente a pieza geopolítica
Meta irrumpió en marzo de 2025 con una versión preliminar de su asistente de IA, accesible solo por invitación. El producto ganó notoriedad rápidamente en plena efervescencia del sector tras el fenómeno de DeepSeek.
Su propuesta era especialmente ambiciosa. Un agente capaz de ejecutar tareas complejas con menos instrucciones que los chatbots tradicionales. Es decir, no solo responder preguntas, sino actuar, organizar procesos y automatizar trabajo digital.
La mudanza a Singapur
En julio de 2025, la compañía trasladó a Singapur a su personal radicado en China. El movimiento seguía una estrategia ya utilizada por otras firmas con ambición internacional como Shein.
El objetivo era facilitar la expansión global, atraer capital extranjero, reducir exposición al conflicto regulatorio entre China y Estados Unidos y operar con una mayor flexibilidad jurídica.
Durante los últimos años, Singapur se ha consolidado como una especie de territorio neutral para muchas tecnológicas chinas que buscan crecer sin cargar con todo el peso geopolítico de su origen. Sin embargo, el caso de Manus demuestra que cambiar de sede no implica necesariamente escapar del control de Pekín.
Meta entra en escena
A finales de diciembre, Meta anunció la compra de Manus por 2.000 millones de dólares. La operación sorprendió al mercado por un motivo evidente. No es habitual que una gran tecnológica estadounidense adquiera una empresa china en pleno pulso estratégico entre ambas potencias.
Para Meta, la lógica era clara. El grupo necesita acelerar su posición en inteligencia artificial aplicada al consumidor y a la productividad. Mientras OpenAI, Google y Microsoft avanzan en asistentes avanzados, Manus ofrecía una vía rápida para incorporar tecnología ya desarrollada. No obstante, para China, la lectura fue otra. Pekín estaba viendo como una firma nacional con tecnología sensible pasaba a control extranjero.
El veto de Pekín
La Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma -principal órgano de planificación económica del país asiático- ha anunciado esta misma semana que prohibía la inversión extranjera en Manus y reclamaba a las partes cancelar la operación. El mensaje oficial fue escueto, pero contundente: la decisión se adopta conforme a las leyes y normativas del país.
Antes ya se había advertido que cualquier empresa implicada en exportación tecnológica, transferencia de datos, fusiones transfronterizas o inversión exterior estratégica debía someterse a los procedimientos legales chinos. En otras palabras, aunque Manus hubiese trasladado parte de su estructura a Singapur, China seguía considerando que mantenía vínculos suficientes como para intervenir.
Una operación difícil de deshacer
El problema ahora no es solo político, también práctico. Según distintas informaciones, la integración tecnológica ya había avanzado, parte del personal había sido reubicado y se habían producido pagos a inversores. Revertir completamente una operación así no es tan sencillo como anular un contrato.
Eso explica una de las grandes incógnitas del caso: si Pekín puede bloquear la venta jurídicamente, ¿puede realmente deshacerla operativamente?
El mensaje trasciende a Manus. También apunta a otras startups chinas con presencia exterior o tentación de venderse a grupos internacionales. Pekín parece querer dejar claro que mover la sede fuera del país no garantiza autonomía y captar capital extranjero tiene límites estratégicos. Además, deja claro que la IA será tratada como un sector sensible y que las salidas corporativas estarán sometidas a supervisión política.
Es una advertencia para empresas emergentes que confiaban en estructuras internacionales para ganar independencia.
El precedente Didi
No es la primera vez que China actúa con dureza frente a una operación corporativa relevante. En 2021, el «Uber chino» Didi salió a bolsa en Nueva York pese a la aparente oposición de Pekín. Poco después fue sometida a una investigación de ciberseguridad, dejó de captar nuevos usuarios durante meses y terminó abandonando Wall Street.
Aquel episodio terminó, no solo con la retirada de Didi del parqué, sino con la prohibición durante casi 18 meses de registrar nuevos usuarios y una multa milmillonaria por vulnerar las leyes de seguridad de datos, en el marco de una ofensiva regulatoria más amplia sobre el sector tecnológico chino, que también alcanzó a otros gigantes digitales como Alibaba.
La verdadera guerra: talento, datos y control
Durante años la rivalidad entre Washington y Pekín se centró en aranceles, semiconductores o cadenas de suministro. Ahora el foco ha cambiado. La nueva disputa gira en torno a modelos de IA, agentes autónomos, talento tecnológico, propiedad intelectual y control de datos globales.
La operación puede terminar cancelada, renegociada o judicializada. Pero el daño reputacional ya está hecho. Cualquier gran compra entre tecnológicas chinas y estadounidenses será ahora aún más compleja.
Para Meta, supone perder una vía rápida para ganar terreno en IA. Para China, es una demostración de fuerza regulatoria. Para el mercado es una certeza, que la inteligencia artificial ya no es solo innovación, también es geopolítica.
Sara MartíJefa de Redacción. Graduada en Periodismo por la Universidad Jaume I, estoy especializada en contenido web y ediciones digitales por el Máster en Letras Digitales de la Universidad Complutense de Madrid. Mi experiencia en el mundo de la comunicación abarca desde el institucional hasta agencias y medios de comunicación. Al día de la actualidad empresarial y financiera en Economía 3 desde marzo de 2021.













