¿Cuántas veces habéis utilizado la expresión «la empresa y los trabajadores»?
En la negociación colectiva, en la presentación de resultados, incluso en las conversaciones informales del día a día. La mayor parte de las veces, estoy convencida, de manera inconsciente. Es un tema que desde hace tiempo quería abordar, y no se me ocurre mejor público que mis compañeras de Mujeres al Timón. Porque intuyo que esta reflexión os va a hacer pensar.
La expresión «la empresa y los trabajadores» es un síntoma cultural, no un simple giro lingüístico. Existe un «nosotros» y un «ellos» estructural. Y, desde mi punto de vista, eso entraña un riesgo.
El lenguaje, uno de nuestros bienes más preciados, construye la cultura de nuestras organizaciones. La misión, la visión y los valores son una parte del relato. Pero lo que los hace creíbles son los mensajes cotidianos y la forma en la que nos comportamos.
Pensadlo bien, ¿qué transmite a quien lo escucha que quien habla separe en su oratoria «empresa» y «trabajadores»?
Para empezar, que considera que hay dos partes. Y que los trabajadores no son empresa.
Y si esto es así, ¿por qué luego nos sorprendemos de la falta de compromiso e implicación de las personas?
Si algo he aprendido a lo largo de estos años, es que el compromiso no surge de manera espontánea, la comunicación tiene mucho que decir al respecto. Lo que decimos, lo que callamos y cómo nos expresamos. Es una reflexión que he sostenido durante mucho tiempo y, desde la dirección de recursos humanos he podido comprobar sus consecuencias a medio y largo plazo.
La pregunta que os hago es: ¿cómo nos sitúa esto como líderes? Para mi el liderazgo es una acción, no una posición. Y pedir compromiso mientras hablamos de separación, resulta, cuanto menos, incoherente.
Posiblemente, esta reflexión internamente resulte un algo incómodo, pero en la dirección, y especialmente en recursos humanos, no estamos para suavizar el lenguaje con argumentos. Por muy legítimos que sean.
Nuestra responsabilidad como líderes está en hacerlo consciente y en cuestionar expresiones normalizadas que ponen en jaque la coherencia cultural. El precio de no hacerlo, el precio de utilizar en la negociación colectiva la expresión «la empresa y los trabajadores», crea una barrera a la empatía, y como resultado, al entendimiento.
El precio de utilizarla entre los que nos consideramos «la empresa», puede generar, aunque no sea de forma intencionada, una sensación de distancia y superioridad que difícilmente potenciará el sentido de pertenencia. Porque es el sentimiento de pertenencia esa piedra angular que todos los empresarios ansiamos conseguir. De ella, emanan el compromiso, la motivación, el esfuerzo y la innovación.
Concluyo con una pregunta. Años atrás, antes de ocupar un puesto de responsabilidad, cuando escuchabas a tus jefes hablar de «la empresa» para referirse a ellos mismos, ¿te hacía sentir parte de? ¿O punto y aparte?
Al final, esta no es sólo una reflexión sobre el uso del lenguaje. Nuestra posición como líderes, incluso como referentes para nuevas generaciones de directivas y empresarias, implica un ejercicio de coherencia. El compromiso y el sentimiento de pertenencia, quizás, están tan solo a la vuelta de pequeños cambios conscientes en el lenguaje.












