Tecnología

Nuria Lloret, AECTA: «La tecnología debe ser una herramienta y no un fin”

Durante décadas han surgido en la sociedad todo tipo de dudas acerca de hasta qué punto y en qué marco debía desarrollarse la tecnología, así como los peligros que un desarrollo excesivamente acelerado podían suponer. Hemos llegado, sin embargo, a un punto en el que la tecnología ha avanzado tan deprisa que ciertas cuestiones son ya impostergables.

El próximo día 4 de noviembre tendrá lugar la V edición del Congreso de Tecnologías Emergentes para Ecosistemas 4.0. En el encuentro se analizarán temas como la importancia de poner la tecnología al servicio de las personas, cómo deben permanecer seguras las grandes redes de suministro para garantizar los derechos de los ciudadanos o la forma de auditar la IA para que sea ética

El congreso estará organizado por la Asociación de Empresas de Tecnología, Consultoría e Innovación de la Comunitat Valenciana (AECTA). Charlamos con su presidente, Nuria Lloret, acerca de aquellas tecnologías que ya son el presente.

Tecnología ética

-¿En qué se traduce materialmente poner la tecnología al servicio de las personas?

En tener claro que la tecnología debe ser una herramienta y no un fin en sí mismo. Más importante que desarrollar tecnología, es saber para qué y cómo. Si no ponemos el foco en las personas corremos el riesgo de acabar con el ecosistema, hacernos la vida más complicada. Esto no es sostenible.

Es importante tener en mente y retomar que cualquier cosa que el ser humano inventa es con la finalidad de vivir mejor, no de empeorar su calidad de vida.

Las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) deben enfocarse en que cualquiera pueda acceder a ellas y les sea fácil. En la actualidad no es así y muchos avances acaban complicándole la vida a mucha gente diversa. La diversidad es importante, hay gente que tiene falta de cultura tecnológica, otros viven en entornos sin disponibilidad y otros se quedan atrás. Todo esto debemos tenerlo claro para que nuestro trabajo mejore la vida de las personas.

-¿Qué puede suponer no hacerlo? ¿Qué riesgos corremos por esa falta de ética?

Es como lo que está pasando con la sostenibilidad. Si no ponemos en el centro a las personas acabaremos teniendo mucha tecnología que no servirá a nada y que será insostenible. Esto es muy peligroso.

Si no pensamos en las personas como los principales usuarios de la tecnología, esto no tendrá ningún sentido.

Un desafío para las empresas

-¿Deben ser las grandes compañías tecnológica completamente libres a la hora de desarrollar sus innovaciones o deben estas estar auditadas por organismos públicos?

Yo creo en el libre mercado y en la competitividad. Creo que las empresas tienen cada vez más claro que vivimos en un mundo global donde hay que ofrecer soluciones globales y que atiendan a unos estándares determinados.

El propio mercado y la sociedad saca fuera a quien no ofrece soluciones adecuadas a las necesidades. No creo que sea necesario auditar la tecnología, sino que hay que formar a la gente, a los desarrolladores y a la empresa, para que tengan esa mentalidad humanista en la tecnología.

¿Deben los robots cotizar?

-Hay quien sostiene que la tecnología ya permite, no sólo sustituir los puestos de trabajo de bajo valor añadido, sino también los de alto. ¿Es esto posible, podemos ver periodistas robots?

La tecnología tiene un desarrollo exponencial, así que nunca me atrevería a decir lo que nunca veré. Si el periodista da valor añadido, investiga la información, trabaja las fuentes, da contenidos originales…sustituir eso cuesta mucho. No se eliminarán las personas de los puestos con mucho valor añadido.

Lo que está claro es que los puestos que no tengan valor añadido, incluso para el propio trabajador, tiene más sentido que esas personas puedan dedicarse a cosas más valorables e interesantes para la propia personas.

Estamos en la cuarta revolución industrial y en todos estos periodos se han eliminado algunos puestos que existían hasta la fecha. Los avances harán que se pierdan muchos trabajos que claramente serán eliminados.

-¿En ese caso, sería factible ver un futuro en el que empresas enteras estuvieran compuestas de robots? ¿Deberían cotizar?

Probablemente, claro. Todas aquellas funciones más básicas serán sustituidas por robots. Sin embargo, el diseño de cómo se actúa, cómo se hacen las cosas, es más complicado que se sustituya. Ya veremos, porque la tecnología nos sorprende día a día, pero de momento no.

Una de las cosas de las que se está hablando es precisamente si los robots deberían cotizar. A medida que se eliminan puestos de trabajo es lógico pensar que quienes los sustituyen tengan que cotizar si queremos mantener el funcionamiento de nuestros sociedades. ¿Por qué no?

Tendremos que pensar en ese punto disruptivo en el que cambiar los impuestos y la forma de entender las prestaciones. Es posible que vayamos a un mundo en el que se trabajan menos horas pero son más productivas y nos da más tiempo para vivir de forma sostenible con el planeta.

Tecnología a dos velocidades

-¿Cómo valoráis los procesos de adaptación a las nuevas tecnologías que están haciendo las empresas españolas?

Depende de sectores. Por supuesto a las pymes les cuesta mucho más que a las grandes y medianas empresas. Lo que pasa es que tenemos un país eminentemente de pymes, así que debemos ayudarlas a que esto funcione y tengan capacidad de integrar estas nuevas tecnologías.

En un mundo en el que las tecnologías te hacen más competitivo y tú no eres capaz de adaptar esas tecnologías, corren el riesgo de quedarse atrás.

-¿Existe cierta falta de sintonía entre el momento que vive la sociedad y el desarrollo que ha alcanzado la tecnología?

Es una cuestión de percepción. La tecnología está muy integrada en la sociedad, ya nadie puede estar sin el smartphone en la mano. Cada vez que actualizamos el móvil estamos cambiando la tecnología. Muchas veces pensamos que son necesarios dar grandes pasos pero muchas veces son cosas cotidianas. Todos pagamos con tarjeta, con el móvil, el smartwatch…

La velocidad de la tecnología está, en general, se encuentra acompasada con la sociedad. Pero existen ciertos sectores en la sociedad a los que no se ha ayudado a que se incorporen. Los más mayores, la gente que vive en zonas rurales sin acceso a esa tecnología… eso es lo que hay que fomentar, que llegue a todos por igual.

-Nos encontramos en un momento de cambios tecnológicos hiper acelerados. Pero parece que vamos a dos ritmos, avanzamos mucho tecnológicamente, pero parece que no logramos asegurar nuestras cadenas de suministros. ¿Corremos el riesgo de que una excesiva dependencia de las tecnologías en caso de algún cisne negro o acción deliberada?

Lo que no debemos es depender de otros. Si la tecnología nos la vende un tercero, igual que las materias primas y la energía, pues estamos fastidiados. Nuestro país es muy emprendedor y muy rico en creatividad, no debemos dejar que todo lo que requerimos venga de fuera.

Es necesario fomentar las empresas que están en nuestro país, atraer nuevas empresas extranjeras a que vengan y trabajar para no tener una dependencia externa excesiva, que puede acabar por perjudicarnos.

Al final la tecnología no es ni buena ni mala, es como la energía nuclear, todo depende del uso que se haga de ella. Las cosas no son buenas o malas, depende de para qué las utilicemos.

 

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