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Revista Economía 3

El impacto económico de la cancelación de macrofestivales

Más de 100 millones de impacto se esfumaron cuando la distancia social se impuso y la provincia de Castellón se quedó huérfana de fans

Foto: Efe/Domenech Castelló

La pandemia sanitaria supondrá un punto de inflexión en los eventos musicales en directo. Organizadores, marcas patrocinadoras y consumidores asisten preocupados a la progresiva cancelación de los 890 festivales que marcan el verano-otoño español y que reúnen a 1,6 millones de espectadores, según OBS Busisness School.

El sector es uno de los más golpeados por la pandemia, toda vez que la Administración ha impuesto unas medidas de distanciamiento social que impiden concentraciones multitudinarias, la base del éxito de estos eventos. Eventos que en la provincia de Castellón tienen una importante repercusión económica, de más de 100 millones de euros.

La suspensión en cascada de macrofestivales musicales ha condicionado y dañado seriamente la economía de municipios del litoral castellonense como Benicàssim y Burriana. Los sucesivos anuncios de cancelación del Festival Internacional de Música de Benicàssim (FIB), el Arenal Sound y el Rototom Sunsplash gripan uno de los motores económicos de la provincia.

“Castellón, Tierra de Festivales”, la marca turística con la que la Diputación de Castellón agrupa estos macroeventos sufre los efectos de la pandemia. Dos de sus referentes con mayor “gancho” faltarán a su cita este año y dejarán un impacto económico negativo de más de 100 millones de euros. El castillo de naipes que sustenta y alimenta la economía provincial durante el verano se ha caído víctima de la pandemia de la COVID-19. Lo imprevisible de la situación generada merece una reflexión por parte de las administraciones y empresarios turísticos que fían el relanzamiento económico de municipios y provincia a la celebración de estos festivales.


Cien millones, más de 2.200 empleos directos y 730.000 visitantes son los efectos sobre la economía de Castellón

El FIB, el evento más veterano y el más consolidado internacionalmente, ya ha dejado en blanco esta edición y se prepara para la del 2021, unas fases por las que, con unas semanas de diferencia, ha transitado el Arenal Sound, evento que también organizan los hermanos David y Antonio Sánchez, a través de su empresa The Music Republic.

Para ellos no ha podido ir peor 2020, porque suponía su primer año al frente del FIB y han tenido que cancelar la cita y ponerse manos a la obra para la del año que viene. Ambas cancelaciones, no por esperadas, ahondarán más en la herida que provocará la crisis sociosanitaria en uno de los pilares de la economía provincial: el turismo. Por eso la Generalitat Valenciana anuncia una línea de ayudas por un millón de euros a las empresas agrupadas en la Mediterranew Musix/Fest.

Pero no todo se queda ahí, ya que hace apenas unas semanas se despejó la incógnita sobre la celebración en agosto del Rototon Sunsplash, el festival de música reggae que genera más de 500 empleos directos y unos 10.000 indirectos a lo largo del año, con un impacto sobre la economía de la localidad y de la provincia de 30 millones de euros.

La organización, en un comunicado, en el que lamentaba no poder acudir a su cita por primera vez en décadas, anunciaba su deseo de recuperar el terreno perdido en 2020, una vez superada la pandemia y las medidas de distanciamiento. Y es que, como apunta en su comunicado el director del evento, Filippo Giunta, “un Rototom Sunsplash sin abrazos no sería Rototom. Perdería su esencia, y la queremos intacta”. Por eso, afirma por hacer una pausa en “la edición 2020, pero no en nuestro empeño y ganas de seguir adelante”. Reconoce que, como a los industriales hosteleros benicesnes, “nos espera un año difícil. Tras meses de trabajo por parte de un gran equipo para organizar el festival este verano, toca reactivar la maquinaria para preparar la próxima edición”.

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Decenas de jóvenes disfrutan de la piscina en el segundo día de la fiestas de bienvenida del festival Arenal Sound. | Foto: Archivo Efe/Domenech Castelló

Ante la nueva situación generada por los anuncios de suspensión de los macroconciertos, ayuntamientos, administración provincial y autonómica empiezan a replantearse las consecuencias de un año sin festivales. Un año en el que Benicàssim perderá también cerca de los 100.000 visitantes, algo que repercutirá en las cuentas de explotación de los comercios, hoteles y restaurantes, que ya en 2019 se quejaron del descenso de asistentes al FIB, pasando de los 177.000 de 2018 a los poco más de 120.000 en 2019, con un descenso del 60 % de la recaudación, lo que hizo que desde la Asociación de Empresarios de Hostelería de Benicàssim (EHOSBE) se pidiera a ayuntamiento y organizadores un revulsivo al festival para recuperar a los fibbers con mayor poder adquisitivo, como los ingleses.

Además, este año, la falta de demanda para la amplia oferta de servicios e infraestructuras será más visible a la hora de encontrar alojamientos en la temporada alta veraniega, julio-agosto. Así podrán encontrarse habitaciones a precios más bajos que años anteriores con el FIB en marcha. Y es que un julio normal y durante el festival, el precio medio del alquiler de una habitación turística rondaba los 128 euros por noche, lo que según el Instituto de Valoraciones, suponía un incremento del precio de un 17 % sobre el habitual.

La suspensión del FIB 2020 ha puesto sobre la mesa una realidad que algunos confiaban en que no se produjera y que se hizo visible cuando los promotores del SanSan Festival, que también se celebra en Benicàssim, aplazaron en Semana Santa la cita para este otoño a la espera de que las restricciones de distancia social que impongan las administraciones lo hacen posible.

Ante la pérdida, irrecuperable, de una temporada de festivales, los agentes sociales y las administraciones buscan fórmulas para compensar la falta de unos ingresos vitales para la supervivencia del sector turístico provincial y de la hostelería locales, pues a esos más de dos mil puestos de trabajo vinculados directamente a los festivales se mueven un buen número de empleos indirectos que contribuyen a dinamizar la economía provincial castellonense.

La alcaldesa de Benicàssim, Susana Marqués, afirma que la cancelación del FIB supone “un azote importante para la economía de empresarios de Benicàssim, pero debe primar la seguridad y la salud de las personas”. Reconoce que “las condiciones y protocolos de Sanidad y el estado en el que nos encontramos por la pandemia hace inviable que, hoy por hoy, se pueda celebrar el macroevento manteniendo las distancias entre personas y control de aforos que pide la normativa, siempre primando la seguridad y la salud”.

Las restricciones a la movilidad entre países hacen que los artistas y bandas que conforman los carteles de los festivales tengan problemas de desplazamiento y, en muchos casos, suspendan sus giras, algo que afecta a las organizaciones. Esas mismas restricciones son a las que se enfrentan un buen número de fibbers, dado que llegan de países como Reino Unido, Francia o Irlanda.


En 2019, el FIB creó 845 empleos directos además de los 2.500 generados por empresas colaboradoras, a los que hay que sumar los 620 encargados de la seguridad.

El FIB es una marca ligada a Benicàssim, un escaparate que promociona la ciudad como destino turístico, algo que valoran los empresarios y el equipo de gobierno. Un evento con el que el nombre del municipio se difunde por todo el mundo de la mano de los medios de comunicación acreditados y que en 2019 fueron 500 periodistas españoles, además de los llegados del Reino Unido, Irlanda Italia, Francia, Alemania o Portugal.

Este festival dinamiza el municipio y las poblaciones cercanas y llena los hoteles que albergan tanto a los visitantes como a los trabajadores que sostienen el evento, que en 2019 creó 845 empleos directos además de los 2.500 generados por empresas colaboradoras, a los que hay que sumar los 620 encargados de la seguridad. Un impulso económico al que también contribuye a finales de agosto el Rototom, que mantiene la tendencia a convertir la localidad en la “Babel” musical del estío. Algo que no será posible en 2020, por lo que organizadores, Administración y empresarios del sector turístico y hotelero han de enfocar sus esfuerzos a alternativas que permitan salvar el vacío que dejan los festivales.

A 25 Kilómetros de Benicàssim, en Burriana, se replantean un verano sin su Arenal Sound, que iba a celebrar su décimo aniversario en plena fase de consolidación. La incertidumbre vivida en los meses previos a que los organizadores anunciaran que los abrazos del reencuentro de los “sounders” debían esperar un año, la reflejaban las manifestaciones de la alcaldesa de Burriana, Maria Josep Safont, que indicaba que la celebración del Arenal este año “es muy complicada” por la gran concentración de personas que genera.
Safont resumía en cifras lo que el festival supone para la localidad. “Somos cerca de 35.000 habitantes pero en verano y durante la celebración del Arenal Sound triplicamos esa cifra”.

El impacto del festival sobre la economía y el mercado laboral, tanto de Burriana como de la provincia, es grande. No en vano genera más de 4.500 puestos de trabajo directos e indirectos y hace que la localidad vea aumentada exponencialmente su población durante la semana del festival con la llegada de más de 50.000 jóvenes procedentes de toda la geografía española, además de países vecinos como Portugal, Francia e Italia. A ello, hay que sumar el impacto económico en la ciudad y la provincia, que los organizadores del evento cifraron en la pasada edición en unos 40 millones de euros.

Sea como sea, lo que está claro es que la crisis sanitaria es una prueba de fuego para un segmento turístico que empezaba a consolidarse en la provincia, con el apoyo de las administraciones local, provincial y autonómica.

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