Alberto Calles, socio responsable de la Unidad de Regulación Financiera y Riesgos de PwC

Calles (PwC): “Los problemas a la banca llegarán con retardo, por la morosidad”

La banca tendrá un respiro en los requerimientos sobre el colchón anticrisis, el fin es que las entidades continúen prestando apoyo financiero a empresas y hogares

Alberto Calles, socio responsable de la Unidad de Regulación Financiera y Riesgos

La banca española, al igual que la del resto de Europa, tendrá un cierto respiro, pero siempre dentro de la normativa, en los requerimientos sobre el colchón anticrisis que les exigen las autoridades de resolución, teniendo en cuenta la situación actual generada por la pandemia.

Las entidades deben ir atesorando desde hace años sus propios fondos para evitar un rescate público. Sin embargo, en estos momentos se busca que las exigencias en el corto plazo de los requerimientos de fondos propios y pasivos admisibles (MREL, en inglés) no impidan que las entidades proporcionen financiación a las empresas y los hogares.

El Banco de España ha informado esta semana en un comunicado que aplicará “la discrecionalidad y la flexibilidad” otorgada por el ordenamiento jurídico para el cumplimiento de estas obligaciones, como ha hecho ya la Junta Única de Resolución.

Economía 3 charla con Alberto Calles, socio responsable de la Unidad de Regulación Financiera y Riesgos de PwC sobre el posicionamiento del sector bancario en esta crisis:

– ¿Es cierto que las entidades financieras parten de una situación más favorable que en la anterior crisis?

– En los últimos años, la presión regulatoria sobre los bancos europeos, y por ende también sobre los españoles, ha aumentado sus niveles de capital -y, por tanto, su solvencia-, hasta cifras históricas. Desde 2005, la tasa de capital CET1, el más representativo de las entidades el de máxima solvencia, ha pasado del 11,3% al 14,4% (en el caso de español al 12,6% a cierre de 2019). Y, si contamos desde el inicio de la crisis, el colchón de solvencia se ha multiplicado por tres.

– ¿Qué otras diferencias podemos encontrar ahora con respecto a la anterior crisis?

– Esta crisis no es tanto una crisis bancaria como lo fue la otra, los problemas a la banca le vendrán con retardo, porque ahora han llegado a muchos sectores económicos que han sido impactados de lleno: la hostelería, el turismo…. Pero sin duda los problemas llegarán porque se espera que la morosidad en la banca repunte, quizá se pueda duplicar como ocurrió en la anterior crisis (del 4,8% a cierre de 2019) y es que la profundidad de esta ya está siendo mucho mayor que la de la anterior, cuando el PIB bajó un 3,6% y ahora se habla de una caída de incluso dos dígitos.

– ¿En este contexto se piensa en una necesaria flexibilidad normativa, en qué sentido ha orientado el BCE las medidas?

– Por una parte, la Comisión Europea propuso una importante relajación de las normas de ayuda estatal, al permitir las garantías del Estado sobre los préstamos bancarios, hablamos de los conocidos avales ICO.

Pero también, el regulador previendo la morosidad y sabiendo que la banca está muy tocada en su modelo de negocio (ya que los tipos están en negativo) ha apostado por el relajo en las exigencias de capital.

También en la contabilidad y en el cálculo de las provisiones se está apostando por el relajo. El BCE será flexible a la hora de clasificar a los deudores “en riesgo de impago”. De este modo se le dice a la banca: todos aquellos créditos que des a empresas que antes de la COVID-19 no había dudas de que estaban bien y no tenía problemas estructurales, van a tener unas normas un poco más relajadas de contabilidad y algo más de tiempo por si esos créditos evolucionan mal, para que no te ahoguen en un momento en el que necesitamos que el crédito fluya.

Si bien, los supervisores están muy atentos, no quieren que los bancos “hagan trampas” e incluyan créditos que ya tenían problemas de impago antes.

Respecto a la política monetaria,el BCE está preparado para aumentar el tamaño del nuevo programa de compra de activos y ajustar su composición, en la medida requerida y durante el tiempo necesario.

– ¿Estos relajos están contribuyendo a que la banca pueda seguir ofreciendo crédito?

– Exacto esa es la prioridad, y cuanto más crece el crédito más necesidades de provisiones y capital se requiere, pero con este relajo, si el colchón que se exige es menor, es posible, en la práctica, con el mismo capital, seguir apoyando en mayor medida a la economía real.

– En cualquier caso, ¿está previsto que, a finales de junio o julio, el regulador comunique a cada entidad en concreto sus exigencias de capital?

– Sí en esas fechas se produciría ese llamado diálogo entre el supervisor y la entidad, que, una vez al año, fija las exigencias concretas de capital según el riesgo de cada entidad, y aunque se hable de flexibilidad esto no afecta por ejemplo al % de capital de máxima solvencia CET1 que se requiere a las entidades, es decir, no se va a modificar que algo que no computaba como máxima solvencia ahora lo haga.

– Por otro lado que el BCE ponga a disposición toda la liquidez necesaria para seguir facilitando la financiación que la economía precisa es buena noticia…

– Sí a diferencia de la crisis anterior España tiene acceso a liquidez y no está al límite, mientras entonces, como estábamos muy apalancados, nos cerraron el grifo. Es cierto, que la banca española aun sin tener problemas de liquidez también está acudiendo al BCE porque consigue liquidez barata, pero los problemas de liquidez de la anterior crisis no se están dando ahora.

– Que el BCE acepte ahora activos calificados como bonos basura como colateral (garantía) en las operaciones de liquidez no deja de ser cuanto menos reseñable…

– Sí, los países peor posicionados tendrán más posibilidad de buscar liquidez en el BCE al rebajar el listón de la calidad de los activos que pueden presentar como garantía, se les dará más margen. Es otra de las facilidades que habrá que seguir de cerca de cara al futuro.

Si bien, el vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, salió al paso de las dudas de la corte alemana sobre la proporcionalidad de sus compras de bonos asegurando que la institución evalúa “continuamente” la proporcionalidad de sus decisiones, teniendo en cuenta sus posibles “efectos secundarios” y su interacción con otras políticas.

coronito

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