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Exposición "La sociedad del rendimiento"

El IVAM Alcoi enfrenta los modelos sociales de positividad e hipervigilancia

Sandra Moros, comisaria: "La exposición no es un estudio desde una perspectiva de tesis, ni tampoco en torno al pensamiento de Byung-Chul Han"

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"Trepar a lo más alto sobre Louis Burgeous, Mona Hatoum y Anish Kapoor". Juan Sánchez, 2018. | E3

El filósofo Byung-Chul Han (Seúl, 1959) dio en 2012 un golpe filosófico, cuyos ecos empiezan a notarse en los presuntos tiempos post-crisis, con su obra La sociedad del cansancio, escrita en alemán ya que ha vivido en Berlín la mayor parte de su vida. Lo digo sólo porque no esto no va de sabidurías del Lejano Oriente. Byung-Chul Han deja temblando a coaches y motivadores de todo tipo al identificar la “positividad” como uno de los males de nuestro tiempo, la “enfermedad emblemática” de nuestra sociedad. A nivel esquemático, su teoría es que la dialéctica de la positividad permanente en realidad es una autovigilancia que se convierte en el paso previo a la depresión, el trastorno límite de la personalidad o el síndrome de desgaste ocupacional por el rechazo al fracaso que conlleva. La influencia de su obra es tan creciente que, para muchos, ha destronado a la sociedad hipervigilante del cumplimiento del deber, la del panopticismo que definió Michel Foucault (1926-1984) en Vigilar y castigar.

El IVAM Alcoi se ha atrevido a meterse de lleno en tan estimulante y polémico debate con la exposición colectiva La sociedad del rendimiento. En ella, los jóvenes artistas Manu Blázquez, Andrea Canepa, Nuria Fuster, Irene Grau, Lluc Mayol, Lorenzo Sandoval y Juan Sánchez plantean reflexiones sobre diferentes aspectos como la organización social derivada del mundo del trabajo, la educación, los conceptos de tensión y equilibrio, ideas sobre el fracaso y el éxito o los diferentes métodos de producción. De todo ello nos habla la conservadora del IVAM y comisaria de la exposición Sandra Moros.

-El título de la exposición, La sociedad del rendimiento, es uno de los conceptos acuñados por Byung-Chul Han.

-La exposición está basada en ese concepto, pero no es un estudio desde una perspectiva de tesis, ni tampoco en torno a su pensamiento. Yo ya estaba trabajando en ella cuando leí La sociedad del cansancio. Por un lado, me veo identificada con esa idea, pero también veo identificados con ella algunos de los trabajos de los artistas que tenía localizados para la exposición en ese momento. Me pareció interesante comenzar a articular una exposición en torno al paso de salir de la sociedad disciplinaria de Foucault a la sociedad del rendimiento de Byung-Chul Han, que es mucho más positiva, aunque en la que también uno se puede atascar mucho en las aristas que tiene esa positividad. También se sumó el factor de que los artistas seleccionados y yo pertenecemos a una generación muy similar. Somos de una franja de edad que corresponde a quienes crecimos, nos formamos y empezamos a trabajar en un momento muy vinculado con la crisis económica.

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La conservadora del IVAM y comisaria de la exposición, Sandra Moros, en la preparación de “La sociedad del rendimiento”. | E3

-La crisis, esa explosión cuya onda expansiva situó a muchos en sitios donde no preveían estar…¿Algo parecido a esto era la idea previa que tenías para la expo?

-Cuando me encargaron la exposición no había una idea previa, tuve libertad para poder trabajar sobre lo que yo quisiera. Pero sí es cierto que, obviamente, me siento también marcada por el hecho de acabar de estudiar una carrera, luego un máster, luego otro, un doctorado…Y a trabajar gratis. Esa precariedad en el ámbito de la cultura que existe en muchos casos. Los trabajos de los artistas seleccionados hablaban de eso, de una manera más o menos directa. Cada artista tiene su discurso y su práctica artística, pero se pueden articular entre sí a partir de diferentes ideas.
Otra cosa importante para trabajar sobre la idea de la sociedad del rendimiento, sobre sistemas de producción, de esfuerzo corporal, fue la influencia de que la muestra fuera para el IVAM de Alcoi. Es un lugar que da mucho pie para hablar de todo ello. Tres han hecho proyectos específicos, tomando cada uno la realidad de Alcoi desde una mirada diferente, trabajando sobre la memoria de las fábricas antiguas que había aquí, de la colectivización que se practicó durante la Guerra Civil, y del propio museo como generador de relatos que, a la vez, crean una memoria.

-A nivel general, ¿puedes elegir algunos ejes de la exposición que reflejen este nuevo concepto que acaba de estallar de la sociedad del rendimiento?

-Sí. Esta sala tiene forma de U, con dos entradas y dos salidas. Puede ser que entres justo por donde la exposición acaba, y a mí eso me preocupaba mucho. Así que decidí que diera igual por dónde se entrara. Entonces, los textos que están en cada entrada y salida marcan las líneas conceptuales. Uno está más centrado en el cuerpo del individuo, en las sensaciones internas que genera el trabajo, vinculadas con la sociedad del rendimiento: el fracaso, la depresión, la excitación…Cosas tanto positivas como negativas. Y en otra entrada, o salida, hay obras que permiten intercalar dos ideas: los sistemas de producción que han ido pasando a lo largo del tiempo, y de cómo se han ido adaptando vinculados al capitalismo, hacia un mayor beneficio económico para quien tenía el poder, pero también hacia lo colectivo, y sin olvidar la importancia de la economía sumergida. Creo que estas dos cosas son importantes: el cuerpo del individuo, y lo que genera en él el proceso de trabajo, y los sistemas de producción, por cómo construyen todo un modelo de sociedad. En definitiva, el recorrido es circular y está muy pensado, vinculado con el movimiento y el trabajo.

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Playing problems, 2015. Nuria Ferrer. | E3

-Es como el movimiento circular de la rutina, que no tiene escapatoria…

-Sí.

-Y si la tiene, normalmente es a peor…

-Ya (ríe). Pero lo importante es que no tiene la intención de ser un ensayo sobre Byung-Chul Han, sino una excusa para hablar de otras a cosas a partir de las obras de unos artistas en lo que creo mucho.

-Pero aunque sólo sea un excusa, ¿te gustaría que, por decirlo así, el espectador se lleve una especie de bofetada, parecida a la que ha dado él con su crítica de la positividad?

-No sé si sería una bofetada. Yo también disfruto de la sociedad del rendimiento. Soy totalmente adicta al trabajo. No tengo hijos, también he de decirlo, porque puede que influya un poco. Cuando decidí trabajar con esta idea, estaba leyendo el libro en un avión yéndome de vacaciones fuera de España 16 días, y lo tenía todo organizado y planificado, las galerías que quería visitar, exposiciones a las que ir…

-¡Estabas totalmente atrapada! ¿No dejabas nada para la improvisación?

-No, no…Bueno, igual, sí. Pero quiero decir que era como ir a trabajar. Cuando Byung-Chul Han comenta que los espacios hoy en día ya no son los espacios de Foucault, del mecanismo de las cárceles y los psiquiátricos llevados a las calles, y después vi los trabajos de los artistas…No sé si daré una bofetada. Mi vida me gusta. Soy parte de la sociedad del rendimiento, pero mi vida me gusta. Sabiendo que hay momentos en que hay que relajarse para que no te afecte a los nervios ni a la salud. Me apetece que la gente piense, que reflexione sobre nuestras circunstancias, las de la sociedad en la que vivimos…Para mí es peor la sociedad que describió Foucault. Lo que pasa es que no sé si la positividad es un engaño, ni si yo también vivo engañada.

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