Entrevista

J. Echanove: “Los actores retrocedemos a circunstancias que ni siquiera yo he vivido”

Ricardo Gómez: "El teatro está al margen de la digitalización, porque no lo vas a ver en Netflix nunca. El teatro grabado es inaguantable"

Ricardo Gómez (izq) y Juan Echanove (dcha) durante el diálogo celebrado ayer y moderado por el periodista de TVE Carlos del Amor. | E3

Juan Echanove es uno de nuestros clásicos de la escena, a pesar de su juventud, 58 años. Ricardo Gómez es un ilustre veterano de 25 años, que lleva en pantalla desde los 7. Ayer visitaron València para participar en el primer encuentro #DiálogosCañadaBlanch de la temporada, que tuvo lugar en el Centre Cultural La Nau.

La Fundación Cañada Blanch les invitó a reflexionar sobre el eterno misterio del choque intergeneracional en un diálogo bajo el título Dos miradas, dos generaciones. Ambos actores han trabajado juntos durante infinitas temporadas de la archipopular serie Cuéntame, y además han recorrido los escenarios del país los dos últimos años con la obra de teatro Rojo, del guionista y dramaturgo norteamericano John Logan y basada en la intensa figura del pintor Mark Rothko, a través de un cara a cara que ha obtenido críticas sobresalientes.

De todos estos temas, y hasta de amistad y lo que surja, pudimos hablar con ellos.

-El famoso diálogo intergeneracional, o choque entre generaciones, supongo que no lo vais a afrontar al estilo de que mis tiempos sí molaban y los tuyos no, porque ese es el discurso clásico.

-Juan Echanove: Es el discurso clásico porque es El Discurso. Pero tampoco hay que incidir ahí, yo creo que lo interesante es cómo tiene que acercarse uno hacia las cosas que vienen, no defender el tiempo pasado. Pero por otro lado, te encuentras con la disyuntiva de que sin mirar al pasado no entiendes muchas de las cosas que pasan ahora. En nuestra profesión, y no es exactamente lo que me gustaría a mí, a veces retrocedemos a circunstancias que ni siquiera yo he vivido. Por ejemplo, en teatro ahora hacemos seis funciones a la semana, incluso con tendencia a hacer cinco. Una gira de 80 bolos ya es un girón. Y yo he conocido esta profesión cuando se hacían diez funciones a la semana. Y un poco antes de empezar yo, se hacían hasta catorce. Sin días de descanso.

-Desde luego, eran otros tiempos.

J.E.: La gente joven tendría que saber que en el año 75 hubo una huelga que paralizó este país para que los actores pudiéramos descansar un día a la semana. Por eso uno no puede escapar nunca de ese formato de “los tiempos que hemos vivido”. Fue la primera huelga que paralizó el sector, y la desmontó el Sindicato Vertical.

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Los actores Ricardo Gómez y Juan Echanove, durante la entrevista para Economía 3. | Foto: A.J.

-Ricardo, cuando oyes historias como esta, de la que yo no tenía ni idea, ¿eres capaz de imaginarte en circunstancias así?

-Ricardo Gómez: Yo no pienso que haya un choque generacional, nunca lo he vivido así. Cuando escucho esto, pienso que es historia de mi profesión y parte de la historia de este país. Uno no puede pretender crecer profesionalmente sin mirar atrás, pero tampoco puede hacerlo si solamente mira atrás. No se trata de un choque, sino de una simbiosis generacional.

-Sí, pero sabéis que vivimos en el mundo de las nuevas tecnologías, de la digitalización, de que todo esto parece que se haya vuelto muy loco y no haya quien lo pare. A veces, ya no se habla de un simple relevo generacional, sino hasta de un cambio de civilización cuando nos referimos a los nacidos en los 90 o en los 2000. ¿Cuál es vuestro punto de vista?

J.E.: En el mundo de la tecnología, mañana ya es pasado. Con lo cual, si queremos atender la evolución del proceso tecnológico, estaremos desfasados antes de empezar. En lo que se refiere a los procesos creativos, tienen que ver con algo personal y de carácter irrepetible. Si no, es puro consumo, da igual que lo sitúes ahora o hace 20 años.

-Cuando hablas con alguien joven que va con su tablet, con su móvil, ¿no piensas, “caray, esto ha cambiado superrápido”?

J.E.: Yo es que soy el de la Tablet y el del teléfono. Hay que adaptarse. Cuando uno viaja tiene que tener un ordenador a mano, y a partir de ahí cada uno se complica su vida tecnológica como quiere. Yo hacía televisión cuando existían sólo dos canales, y cuando se hacía un trabajo en televisión lo veían veintitantos millones de personas. La adaptación a la tecnología hoy la hace todo el mundo. Lo que sufre es el cambio en el formato, porque los tiempos en lo que se han de contar las historias son más cortos.

-Exactamente, y supongo que esos nuevos formatos cambiarán la forma de encarar el oficio actoral.

 J.E.: Claro, imagínate. Hay series que duran 7-8 minutos.

-Y si el público se acostumbra a esos formatos, ¿cómo se llena una sala de teatro?

-R.G.: Desde mi punto de vista el teatro, por suerte, se queda al margen de este dilema de la digitalización del sector audiovisual.  Puede haber una gran batalla de salas de cine vs televisión, móvil…Pero el teatro no lo vas a ver en Netflix nunca, porque el teatro grabado es inaguantable. También pienso que es un error pensar que la tecnología es lo que separa a las generaciones, porque la tecnología es una forma nueva de entender el mundo, no nos han preparado para ello, y en un alto porcentaje se utiliza de una manera peligrosa. Eso le afecta a gente de 60 años y a niños de cinco. No separa generacionalmente, es un avance buenísimo para muchas cosas, pero no coge a una generación o a otra, sino a todo el mundo.

Echanove

| Foto: A.J.

-Vosotros lleváis trabajando juntos desde hace muchos años, y recientemente habéis estado mano a mano en los escenarios con la obra “Rojo”, bastante intensa y con un texto potente. ¿Cómo es la relación entre dos actores que tienen que defender una obra tan fuerte durante tanto tiempo? ¿Os veis sólo cuando estáis en el escenario pero fuera, lo más lejos posible?

J.E.: Debemos respetar nuestros tiempos de espera. Cuando volvemos de gira nos vamos a casa y, lógicamente, no quedamos al día siguiente para comer. Pero de gira, claro que hay que ir a comer y cenar en restaurantes, hasta desayunar en restaurantes, te das una vuelta por la ciudad…Todo eso es una preparación para la función, porque la concentración no se puede mantener durante todo el día para salir a un escenario a las ocho de la tarde. El proceso de concentración de verdad comienza una hora o una hora y media antes. No puedes pasarte de tiempo porque produce un cansancio brutal. Si viajas a Donosti, no vas a visitar Donosti, vas a trabajar a un teatro que está en Donosti.

-R.G.: Si me voy con un amigo, o con Juan, que es amigo mío pero no vamos allí para trabajar, seguramente pasaremos el 90% del tiempo juntos. Pero si vamos a trabajar, yo no sé si él viene de una semana muy complicada, o puede que yo necesite mejorar una cosa que en la última función no salió…Hay momentos en que no hace falta ni decirlo, se genera un respeto, y se sabe que hay que estar solo. Lo que pasa es que Juan y yo no hemos tenido esos momentos. Pero sí, el hecho de ser dos lo hace todo mucho más intenso, no hay un tercero con el que abrir banda.

J.E.: Todo esto se basa en estar satisfecho con el trabajo que haces en escena. Si no, se convierte todo en una guerra. Puedes entrar en el terreno de que ya no te guste lo que haces, o lo que hace tu compañero, o a tus compañeros no les gusta lo que tú haces…Si las cosas no salen, estás pidiendo la hora continuamente.

-Y cuando eso ocurre, ¿cómo os curáis?

J.E.: En teatro nunca me ha ocurrido. Pero he vivido situaciones en las que la única manera de que no me pasara eso era irme radicalmente, y hacer mi gira.

-R.G.: Afortunadamente, a mí tampoco. Nunca.

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