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Entrevista a Joaquín Maudos, director adjunto de Investigación del Ivie

Maudos: “Hay que combatir el germen del problema que es la creciente desigualdad”

El catedrático de la UV apunta que el aumento de la desigualdad está detrás del auge de los populismos y los movimientos antieuropeos

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Joaquín Maudos, director adjunto de Investigación del Ivie.

La desaceleración de las economías europeas, la crisis del sector de la automoción, el avance de los movimientos antieuropeístas… hablamos de los asuntos clave que marcan la campaña para las elecciones europeas del 26 de mayo con Joaquín Maudos, licenciado  y doctor (Premio Extraordinario) en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universitat de València, es catedrático de Análisis Económico en dicha universidad, director adjunto de Investigación del Ivie y colaborador del CUNEF.

-¿Qué problemas está viviendo la Unión Europea?

-Me preocupa la revisión a la baja de las tasas de crecimiento. Está haciendo daño la incertidumbre en la política comercial por la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Eso está impactando ya, en mi opinión, a la eurozona. Sobre todo a algún país. Alemania evidentemente está en clara ralentización. La industria está sufriendo y las exportaciones también.

Italia no es que esté sufriendo es que está en recesión. Por tanto, dos de las grandes economías europeas tienen importantes problemas que afectan por extensión a España ya que exportamos sobre todo a la eurozona.

También está, aunque ya no soy capaz de ver que porcentaje de la ralentización es debido a este efecto, la incertidumbre del brexit. Lleva ya mucho tiempo en el aire, pero es verdad que está ahí. De hecho, las estimaciones más recientes del FMI revisaron a la baja el crecimiento mundial en una décima. También lo rebajo en la eurozona precisamente por los riesgos que hay geopolíticos y uno de ellos siempre es la incertidumbre del brexit.

-La desaceleración que afecta a las economías europeas, ¿puede derivar en crisis?

-No confundamos ralentización del crecimiento con crisis. Yo no utilizo la palabra crisis porque la economía mundial sigue creciendo y la economía europea también. Está creciendo la economía, a menor ritmo, pero sigue creciendo. No hablaría de crisis.

Lo que preocupa en Europa ahora mismo es que en ese contexto de menor crecimiento económico, hacen falta dos armas: o tienes el arma de la política fiscal o tienes el arma de la política monetaria. Son las grandes políticas de demanda.

¿Qué problema tenemos? La política fiscal en muchos países no se puede utilizar, por ejemplo, Italia o España, porque ya son sectores públicos muy endeudados. Y la política monetaria ya no tiene más recorrido.

-En este sentido, ¿debería el Banco Central Europeo iniciar una subida de los tipos de interés?

-No, por dos motivos. Uno porque el crecimiento de la eurozona es bajo y dos porque la tasa de inflación sigue sin alcanzar el nivel objetivo del 2%. Por tanto, yo no defiendo una subida del tipo de interés ahora. Pero lo que sí que defiendo es la retirada de los tipos de interés negativos.

Yo mantengo que siga ese tipo de interés del cero por ciento, que es el tipo al cual el BCE presta a los bancos para que los bancos presten al sector privado pero que no penalice a los bancos con ese tipo negativo. Lleva desde el 2016 penalizando a la banca con el 0,4% por exceso de liquidez.

-Ha comentado el brexit, ¿cuál será el desenlace del conflicto y qué repercusión tendrá?

-Hay tantos escenarios y tantas estimaciones que yo ya no sé que creerme. Hace poco el Banco de España ha hecho una estimación para el caso español. Las cifras son preocupantes en un escenario de brexit duro, que creo personalmente que nunca llegaremos a ese escenario.

La cuerda se tensa porque cada bloque que negocia quiere lo mejor para él, pero a nadie le interesa que se rompa la cuerda. Yo confío que no haya un brexit sin acuerdo, porque insisto, las consecuencias serían nefastas. Creo que más para el Reino Unido que para Europa, pero todos saldríamos perdiendo.

-También preguntar por el sector del automóvil, que sufre un periodo complicado, ¿puede la crisis del automóvil dañar a la economía europea?

-Lo que me preocupa es que es uno de los sectores más afectados por los cambios tecnológicos, por la automatización, por la digitalización y por los cambios en los gustos de los consumidores. Eso es lo que hay ahora mismo, hay mucha incertidumbre.

En este tema de automatizar la conducción, el tema del coche eléctrico… hay tal cambio tecnológico que no es fácil de asimilar por parte de la oferta a corto plazo. Está muy afectado por un shock tecnológico que a veces tiene consecuencias negativas.

-¿Se debería instaurar un impuesto a las empresas tecnológicas en Europa?

-Me convence eso más que que se haga en un país como ha propuesto ahora España. Yo soy defensor de una unión fiscal, que ahora mismo es una utopía en Europa. Ojalá hubiera una armonización en los sistemas fiscales de los países y un Tesoro único.

Lo que me preocupa es que cuando pones impuestos diferenciales por países eso afecta a la deslocalización de la actividad económica y el sector tecnológico es muy importante, por tanto, me preocuparía que penalicemos a un sector que puede decidir cambiar su sede social.

-Por último preguntarle por cómo afecta el avance de los movimientos antieuropeístas.

-Es un hecho preocupante y es un hecho real. No hay más que ver el auge del populismo y de algunos partidos políticos que han ganado en algunos países europeos. Lo que me preocupa es que en la ideología de algunos de esos movimientos hay una idea antieuropea.

Yo, poniéndome en la piel de un español, a Europa tenemos mucho que agradecerle. La renta per cápita de un español ha aumentado mucho desde que España se incorporó en la Unión económica y monetaria. Por tanto, soy acérrimo defensor de la eurozona.

Lo que creo que está ocurriendo es que la creciente desigualdad económica está justificando los movimientos populistas y antieuropeos. Por tanto, hay que combatir el germen del problema que es la creciente desigualdad.

La gente de abajo del estrato de renta se aleja del estrato de arriba. Los ricos cada vez son más ricos y los pobres no despegan. El ascensor social no funciona. Esto implica que cuando una persona nace en una familia pobre es muy difícil que salga de ese estrato social lo que acentúa la desigualdad y los sentimientos populistas.

Por tanto, lo que hay que combatir es la desigualdad. Hace falta un crecimiento, lo que se conoce como un crecimiento más incluyente. Eso es en lo que mi opinión está detrás del auge de los populismos y de los movimientos antieuropeos, la desigualdad.

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