Playas para la historia en Normandía

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No son unas playas cualesquiera. Pasaron a la historia el día D. Posiblemente, el día que más películas y reportajes ha generado en los últimos 60-70 años. Y ese día para la historia, tuvo un escenario perfectamente identificado, las playas de Normandía, que hoy podemos recorrer y disfrutar.

Normandía es un precioso territorio situado en el noreste de Francia, muy cerca de París, a tan solo 100 kms, y que permite una escapada fácil. Conocida por su rica campiña, sus playas interminables de arena, también acantilados, y por una gastronomía que vale la pena disfrutar. ¿Quién no conoce el camembert? Y es que sus quesos son mundialmente reconocidos. O su embutido, la sidra, etc. Es el territorio de Francia donde mayor cantidad de sidra se produce.

Mi selección para alojarme, Le Domaine d’Ablon, está situado en Ablon, a 5 minutos de Honfleur y a 15 kms de Deauville. Es un lugar idílico, atemporal, en un entorno precioso, que permite al viajero sumergirse en la arquitectura normanda, como si se tratara de un refugio exclusivo, construido y mantenido con mucha delicadeza.

Es la mejor forma de sumergirse en el entorno. Seguramente, al elegirlo quise marcar una diferencia entre el hoy y el motivo del viaje, lo que fue, porque este alojamiento facilita la evasión y desconectar del mundo. Tal vez permite llevar mejor las visitas que propongo en esta escapada.

 

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Cinco playas con nombre propio

Desde este lugar se puede recorrer hacia el oeste tranquilamente las cinco playas que seguramente cambiaron el rumbo de la historia: Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword. El 6 de junio de 1944 allí desembarcaron 132.000 soldados, pero hoy son unas playas tranquilas, incluso diría que solitarias, con amplias lenguas de arena.

Sin embargo, conservan muchos vestigios de lo que ocurrió, y eso es lo realmente impresionante. Para el desembarco se habilitaron muelles en el mar –y algunos de ellos están todavía en las playas–, como testigos mudos. Imaginar lo que debió ocurrir es estremecedor. Contrasta con la paz que las playas respiran en la actualidad.

Los lugares que han sido testigos de importantes momentos históricos tienen algo mágico cuando los visitas, porque sabes que estás viendo algo más que lo que tus ojos perciben en esos momentos, y ese es precisamente uno de los motivos de visitarlas.

Las cinco playas tienen muchos elementos que nos hacen recordar la historia: museos, búnkeres, armamento utilizado tanto en la defensa como en la invasión, etc. El Musée Mémorial de Omaha Beach, el Overlord Museum, impacta la visita al Cementerio Americano de Normandía, donde hay 9.387 soldados estadounidenses enterrados; un mar de cruces blancas sobre un manto verde.

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Junto a Pointe du Hoc y sus espectaculares acantilados, me encontré un pequeño museo que sobrecoge el espíritu, pues en sus alrededores se conserva todo el campo lleno de cráteres provocados por los bombardeos previos al desembarco del Día D.

En Gold Beach se encuentra el Museo del Desembarco de Arromanches y también es fácil observar los restos de uno de los puertos artificiales utilizados por los aliados para realizar el desembarco, restos de las baterías alemanas, el Museo-Memorial de la Batalla de Normandía y el Bayeux War Cementery (británico). Cada país que participó en el desembarco –americanos, canadienses británicos, etc.–, tiene su propio cementerio. Por ejemplo, en la playa Juno puede visitarse el Juno Beach Centre, un gran museo que nos recuerda la participación canadiense.

Impresionan las vistas de las playas desde lo alto –en muchas ocasiones, sobre acantilados que sobrecogen–, y el museo que hay instalado en la cima, con una pantalla circular que envuelve al visitante mientras ve las imágenes, los testimonios históricos filmados, que se proyectan en las  pantallas, rodeando de imagen y sonido al visitante, tratando de transmitir lo que debió sentir cada persona que llegó a aquellas playas el Día D.

Pueden ser dos o tres días intensos, donde la combinación del maravilloso paisaje normando, la belleza de sus playas y la calidad de su gastronomía, contrastan perfectamente con la vivencia personal de un hecho histórico, que todos hemos revivido cientos de veces. Es un viaje de contrastes, entre el recuerdo, el sentimiento, y la belleza. No hay que perdérselo.   

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